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Antonia Mirta Silva y aquellos 200 años de Belén

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Diario EL PUEBLO digital
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Su obra literaria y los recuerdos.

En los festejos de los 200 años de Pueblo Belén fueron varias las actividades que se realizaron. No fue una fiesta más para los belenceros, fue un momento que marcó al pueblo como pocas veces, ya que la masiva concurrencia de personas en esos días hizo que la localidad viviera una fiesta inolvidable. Fueron muchos los que volvieron a sus pagos en esa fecha, en ese recordado 14 de marzo del 2001.

El arribo del presidente de la República, el doctor Jorge Batlle en helicóptero fue todo un acontecimiento.

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Los eventos deportivos y sociales fueron realizados con mucho tiempo de anticipación. Las obras en ese 2001 muchas, quedaron hasta hoy.

En esta oportunidad nos detendremos en un concurso literario que tuvo lugar en esos festejos. Varios fueron los participantes y la ganadora de este certamen fue una belensera que, estuvo de paso para celebrar como muchos nacidos en ese lugar.

Actualmente Mirtha Silva vive en Villa Constitución, allí en esa localidad está a cargo de varios talleres que se dictan en el municipio. Mirtha es una vecina que durante 40 años diseñó cientos de vestidos de fiesta y novias para Belén y Constitución.

Actualmente en la ‘Villa’ en su domicilio tiene su taller de costura el que atiende la demanda de la zona.

Sus gustos por la pintura y las obras literarias sumados a las manualidades son su pasión, la que intenta transmitir a las vecinas de todas las edades.

Mirtha Silva en aquél marzo del 2001 se presentó en Belén para participar del concurso literario que tuvo un excelentísimo jurado. La inspiración de esta hija de Belén la llevo a lograr el primer premio, algo no menor en ese concurso debido al nivel que reunía; muchas personas incluso de Montevideo vinieron y participaron.

Uno de los premios fue publicarlo en la capital del país en uno de los medios escritos, más importantes; eso nos enteramos hace muy poco, justamente a raíz de esta entrevista.

Recuerdos

“Fue muy emotivo recibir el primer premio, muchas personas participaron, me encanta la lectura y me gusta mucho narrar, he participado de talleres literarios y eso ayuda a seguir haciendo estos trabajos que en algún momento los publicaré.

Me parece oportuno darle ‘vida’ a este material ya que fue muy lindo todo aquello que vivimos. Incluso la Intendencia imprimió varios ejemplares para obsequiar en la escuela y en el liceo.

Hoy Belén quedó atrás en el tiempo, ya no hay estos eventos y no hay motivación para realizar un concurso que te lleve a escribir. Pensando más que nada en despertar el interés en los apasionados por las letras. Sé que interés hay porque a diario me comunico “.

CONCURSO LITERARIO POR EL BICENTENARIO DE BELÈN.

Recuerdos de mi infancia.

Entre terrones rebeldes, se yergue inmaculada la imagen de esa mujer, intacta en mi recuerdo.

Vivía en la localidad de Belén, un pueblo ubicado al norte de Uruguay.

Tenía ojos azules, oceánicos de lejanía de su Italia que perdía…

Su casa eran dos ranchitos de terrón y paja.

Hacia tortas fritas, junto al precario fogón, de a una y lentamente…

Quedó viuda siendo muy joven, su esposo murió después de “cuerear” un novillo que habìa contraído “tifus”.

Ella era fuerte como el acero pero ese dìa sintiò que le flaqueaban las fuerzas…

Al correr de los días salió de su inercia, contemplando sus siete hijos que la interrogaban con la mirada.

Ella estaba preparada para tareas livianas; hacer puntillas y valencianas.

Contaba sólo con la tierra…la tierra…

Una mañana fresca, antes que el sol trazara su línea dorada en la colina;

Ella, en un firme impulso agarró el arado y la yunta de bueyes y se fue arar la tierra.

El ruedo de su falda (que pasaba el tobillo) lo sujetó a la pretina, para no entorpecer el paso y caer “maneada”.

Además estaba su orgullo “tano”…sería bochornoso caer el primer día de su labor y que algún vecino madrugador la viera en tales condiciones.

¡Cuánta satisfacción al ver reverdecer el campo con esa verde luz particular del maizal en su primera etapa!

¡Después, tanto follaje flameando al viento!

He vuelto a la chacra de la abuela después de tantos años, reina y tantos…

El viejo higuerón sigue de pie, como el carácter firme de la abuela Robustiana.

El ombú de nuestros juegos, retiene antiguos trinos y ha perpetuado risas bulliciosas de un tiempo color de rosa…

La esencia de esa gringa aún manipula el arado, que se esconde en matorrales, incompleto…abandonado…

En horas de insomnio y fantasía…vuelvo a su cama turca, entre sábanas muy blancas…a mi oído resonando antiguas canciones nanas…

Cada año voy a verla, llevando hermosas puntillas…sólo que éstas son compradas.

Sonrío acariciando una cruz de hojalata olvidada…elevando la mirada.

_ ¿Sabes abuela?…Me has dejado por herencia un poco de tu vigor, de tu fuerza…tu dulzura y tu paciencia…

Su voz resurge en el viento no olvidar nuestras raíces…

¡Nuestra tierra huele a historia, a leyenda victoriana, a fogones…a batallas, a gauchos con lanza en mano, peleando por nuestra raza!

También a mucha gente anónima…como mi abuela tana”.

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