Entrevista a Carlos Ardaix
Carlos Ardaix es uno de los históricos comunicadores que tiene Salto, y que este año retornó junto a John Weston y José Díaz a la comunicación a través del programa televisivo «El VAR del Cuatro» que se emite los lunes a las 20 horas por Canal 4 de Cablevisión Uruguay y que tengo, en lo personal, el orgullo y honor de acompañar. Con el popular Bocha no solo hablamos de su retorno a la comunicación sino también de sus poesías y de la vida misma…

- ¿Cómo ha sido volver a la comunicación después de tantos años?
- En lo personal, está resultando una experiencia de gusto, de empatía, de algo que quizás ni yo mismo sabía que extrañaba, y es ese contacto, en este caso, con el televidente. Los comunicadores, cuando traen el bichito adentro, tienen una necesidad de transmitir, de contar, de decir, de relatar, y sobre todo, de sentir ese rebote que tarde o temprano se da en la comunicación. Bueno, pobre del que no se le dé, porque esa devolución que te hace el que te mira, el que te escucha o el que lee, es la vuelta total del comunicador y el receptor, uno emite, pero es buenísimo que la gente opine. Y este programa en particular, son personas que conocemos, que estimamos de hace bastante tiempo y estamos complacidos por compartir esto con los tres. Y segunda cosa, el conocernos nos da un margen de una serie de cosas, podemos discutir, podemos no estar de acuerdo, podemos tener diferencias, pero siempre vamos a salir con la mano tendida. No queda nada, y al siguiente programa, empezamos de nuevo, es un ciclo, y es eso, una experiencia fenomenal.
- Después de su programa de radio, estuvo alejado de la comunicación, y recién dijo que no se había dado cuenta lo que lo extrañaba. Si mira el camino que ya ha recorrido, se fija en sus comienzos y ve lo que es la comunicación hoy, ¿qué diferencias observa?
- Diferencias técnicas enormes, porque no es lo mismo trabajar en una radio con tres bandejas poniendo música, cada tema había que ubicarlo en el surco, siendo además en Radio Salto locutores y operadores. No es lo mismo hacer una nota con un grabador a cinta, que no se podía mover, estaba fijo, a tener hoy los medios que se tienen, y que para resumirlo alcanza con ver lo que es el teléfono hoy, donde un comunicador se da el lujo de tener todo, tiene la imagen, la voz, la distancia que ya no existe. En eso hay enormes diferencias. Pero no creo que haya diferencias con lo que pienso que es ser comunicador. Me da la impresión que más allá de la cátedra, que tampoco existía cuando hicimos todo nuestro tiempo en la comunicación, aún la cátedra no es suficiente para formar un comunicador potencialmente apto en la esencia, que necesita de eso que no sé si tiene nombre, pero que lleva cada uno en su interior que lo empuja, que lo complace, que a veces no le importa las horas, el tiempo, el trabajo que tuvo para lograr una nota o para conseguir un tema musical o para ubicar el tema que cree que es lo que él quiere poner al alcance de la gente.
- Un amigo, hablando de valores, siempre dice que no importa si sos un buen o mal periodista o comunicador, lo que importa por sobre todas las cosas es que seas una buena persona, ¿cómo estamos en ese tema en la comunicación?
- Primero, ser buena persona es fundamental en cualquier orden de la vida. Pienso que los comunicadores que no se avienen al concepto que tenemos de persona, cerca o lejos nos defraudan, porque se da de la mano, es clave la honestidad en el comunicador. Y tiene que ser honesto primero que nada con él mismo. Lo que estoy diciendo es lo que vi, lo que escuché, lo que comprobé. Luego, dormir tranquilo de que no embromó a nadie y que no dejó a nadie pensando por qué dije esto, por qué escribí esto, por qué mostré esto. Quiere decir que ahí hay dos cosas inseparables, la honestidad, la persona y todo lo demás.
- Igual se conoce gente embromada que igual duerme tranquila, que tiene otros parámetros de lo que es tener la conciencia limpia…
- Puede ser. La mejor medición de este tema, lo da la gente. A la corta o a la larga, la gente tiene un juicio formado del que comunica, de quien me informó. Y ahí radica, pienso, buena parte de lo que son, a la postre, el alcance del medio en la gente. No creo que ningún medio construya futuro con una pléyade de inconscientes, de gente que le da lo mismo blanco que negro. O sea que todos sabemos que en la vida, no es lo mismo una cosa que la otra.
- En otra faceta, hemos visto publicadas en EL PUEBLO algunas poesías de su autoría, eso ya ingresa en una faceta más artística del comunicador, ¿cómo surgió esa veta?
- Es una cosa de hace muchísimo tiempo. Los primeros versitos se los pude mostrar a Víctor Lima, y me dijo, a estos rompelos y tiralos (risas), y aparte, cada vez que no te conformen, no tengas miedo de usar la papelera, pero no dejes de escribir, vas a escribir cosas buenas y el tiempo las va a ir decantando. Y no juzgues un poema cuando lo termines de escribir, ni al otro día ni al otro mes, metelo en un cajón, dejalos que duerman, y allá, con el tiempo, los sacás frío, porque todos escribimos en caliente, mala cosa para tener una idea clara. Todo esto que te cuento es de Víctor. Que me gratificó con su amistad, con su don, fue una persona formidable. Te diría, al punto que se quedan cortos los que han dicho cosas de Víctor, de la persona de Víctor Lima, y por ser tan hondamente entrañable, sincero y apegado a cosas de la vida que él estimaba que tenía que ser así, creo que eso lo empujó a la Piedra Alta y terminó con su vida. Quiero decir además, que Salto no estuvo muy bien con Víctor Lima (hace una pausa, se emociona)… me da mucha bronca cuando escucho homenajes y gente que habla, porque Víctor Lima, y lo escribí en un verso, es «el poeta que mi gente dejó morir en el camino». Víctor era un hombre recuperable, y yo toqué muchas puertas, en ese tiempo era muy joven, pero no se abrió ninguna para darle una mano a Víctor Lima, ni guitarreros, ni artistas, ni personas con dinero, todos cerraron la puerta, y mirá cómo terminó el poeta.
- Se emocionó…
- Sí… sí, sí… ¿Viste la obra de Víctor? Es magnífica, así era él, la persona, el hombre, el ser humano. Bondad increíble y una manera de darse que es escasa de encontrar.
- Dice que Salto le debe a Víctor Lima, ¿no alcanza para usted el reconocimiento de tener su nombre en uno de los principales escenarios de la ciudad?
- No, porque eso es ir y mirar el nombre de Víctor Lima al frente del escenario. El monumento que está en la Costanera, con el que tengo discrepancias desde el punto de vista de la estética, es lo mismo. El homenaje y el reconocimiento a Víctor, es el mismo que se le ha hecho o que se le puede deber, en alguna medida, a Horacio Quiroga y a Amorim, la obra de Víctor. Entonces, enseñar la obra en las escuelas, que los niños crezcan aprendiendo con la poesía, conociendo, cantando las canciones de Víctor Lima, ese es el homenaje. Y eso es mantenerlo vivo.
- Le pregunté por su poesía y derivamos a Víctor Lima…
- Te diría que sigo escribiendo, ahora tengo más tiempo, y hay temas que se cruzan y te detienen, temas que pasan en la vida cotidiana. El otro día falleció una persona que tenía un rol lejano a nosotros, que conocimos ocasionalmente en AJUPENSAL, pero nos dimos cuenta de cuánto es el mal terrible que nos azota a todos ahora, el coronavirus, que se la llevó. Y por escribir esos versos a María Elena, tuve consciencia de cuánto la querían y cuánta gente. La gente tiene una cédula de identidad que nace en el corazón, esa clase de persona cuando te dan la mano, la conocés, la trataste un poquito y ya alcanzó.
- ¿Falta más gente como María Elena?
- Una cosa buena que ha tenido esto es traer de vuelta a muchos de nosotros al tiempo de dar sin preguntar, sin mirar mucho, siento que necesitan y yo puedo, un poquito, una hoja, una semilla, que lo que tengo lo doy, y con eso le estoy diciendo a mucha gente que estamos junto a ellos. Y sobre todo, tiempo, para las personas mayores, a las que siempre la gente de nuestra sociedad a semi descuidado. Digo esto porque hay excepciones de familias que sí se han ocupado de los mayores y han tenido mucho cuidado en atenderlos. Hay mucha gente que, por trabajo, por la actividad, por lo que sea, no ha podido. Luego, hay otra gente que… bueno.
- Volviendo a sus poemas, los que hemos podido ver apenas algunos, pero sabemos que hay muchos más que descansan en el escritorio, ¿cuándo vamos a poder verlos?
- Quisiera recopilarlos en un libro, que ya tengo incluso el título, que es una frase de mi nieto, uno de ellos, tengo tres. Un día, yendo a mi casa, que es cerca de la Costanera, me dice, «vamos por el camino del agua Tata». Para él, la Costanera era decir el camino del agua. Y pensé, qué linda imagen tiene alguien tan joven. Entonces me dije que si agrupaba una serie de poemas le iba a poner «El camino del agua», pero a veces me pregunto, ¿la gente lee poesía? ¿Le interesa? Sinceramente, los que escribimos a veces tenemos la sensación que la gente está muy ocupada en mirar televisión, en otras cosas como leer un diario, el teléfono, o sea, el celular pasó a ser la vedette de la vida de cada uno. Sin embargo, ese poema de María Elena del que hablamos recién, mi señora y otra gente lo subió y lo puso, y permitió que mucha gente lo leyera y después yo recibía mensajes de esa gente. Quiere decir que todo se puede utilizar para un lado o para otro.
- En su larga vida le ha pasado de todo, ha vivido momentos felices y momentos duros que ojalá ningún padre tenga que vivir, sin embargo, pregunto, ¿es feliz?
- Creo que la felicidad se construye pese a las heridas, como cuando perdés a un hijo. Y esto se lo dije a una madre que perdió un hijo y me preguntó, «¿cómo hiciste?», y le dije, hay heridas que cicatrizan y dejan la marca, pero hay heridas que no van a cicatrizar, y tenés que aprender a vivir con ellas, recordando a tu hijo cuando sentís que la vida te ahoga por alguna razón, y en ese momento decís, peor que esto no me puede pasar nada, y seguís adelante. Lo otro que no podés, teniendo familia, teniendo gente a la que estimás y querés, en fin, teniendo las relaciones que tenemos los humanos, es cargarle a los demás con una carga tuya, y que tiene que ser solo tuya. Entonces, sí, soy feliz con mis nietos, con mis hijos, con mi señora. Tengo un mundo en el que me muevo y agradezco a Dios cada día, de mañana es lo primero que hago, y muchas veces cuando me acuesto, por todos ellos y por la vida que tengo.
PERFIL DE
CARLOS ARDAIX
Casado, «tenía 3 hijos, tengo 2». Es del signo de Aries. De chiquito quería ser jugador de fútbol. Es hincha de Peñarol.
¿Una asignatura pendiente?
Hice hasta 3° de Liceo, me hubiese gustado terminar Secundaria y haber hecho un par de años de Facultad en algo que me aproxime a la Literatura y a la Historia.
¿Una comida? El asado.
¿Un libro? «El general en su laberinto», de Gabriel García Márquez.
¿Una película? Lo que el viento se llevó, Ben Hur.
¿Un hobby? Pescar.
¿Qué música escucha? Clásica.
¿Qué le gusta de la gente? La espontaneidad y la sinceridad.
¿Qué no le gusta de la gente? La hipocresía.