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escaramuza.com.uy apareció hace poco más de un mes el texto “Proliferaciones inauditas (que ya casi no ocurren)”, de la escritora salteña Rosario Lázaro Igoa. En otras ocasiones hemos compartido relatos de Rosario, quien si bien nació en nuestra ciudad vivió aquí pocos años y hoy, es una peregrina entre Montevideo y otras ciudades del mundo.
Antes de su texto, dice el redactor: “¿Qué pasó con ciertas especies, que no las vemos más? Rosario Lázaro escribe sobre el otro día, cuando un campo junto al mar se llenó de mariposas y recuerda la abundancia de la vida en tiempos no demasiado remotos. También relee a Patrik Svensson y a Richard Flanagan, por la senda del espanto frente a todo lo que ya fue”.

Proliferaciones inauditas (que ya casi no ocurren)
Diciembre terminó con una proliferación inaudita de mariposas blancas entre las acacias y los cardos, florecidos en violeta. La lluvia de la noche anterior magnificaba el verde salpicado de pintas aleteantes. De un día para otro, invadían el terreno junto al mar. Los gusanos devenidos en mariposas sorprendieron por la ligereza y la carrera frenética contra el ocaso, el propio o el común, ya ni se sabe.
Se podría hacer un catálogo de lo observado: anémonas color rubí, anhelantes entre las rocas, canguros pastando contra la línea de máxima creciente, delfines como en cardúmenes, hormigas asustadoramente robustas, lagartos soberbios, garrapatas que, según dijeron, caían incluso de los árboles. Solo las vi subiendo por el exterior de la carpa. Contra el tajamar, las víboras venenosas cruzaban el camino como dueñas de casa. Sanguijuelas diminutas en cada charco de agua. Cacatúas negras volando ruidosas entre las casuarinas. Humanos, pocos, los suficientes como para que estas cosas queden por escrito.
Este verano los incendios están en Uruguay. The Living Sea of Waking Dreams, del australiano Richard Flanagan, que Tomás Downey tradujo como El mar de los sueños en desvelo para Fiordo (2022), empieza con la isla ardiendo, tal vez 2019. Pero no cito la traducción de Downey, porque no la tengo a mano, y sí intento una desprolijidad en español:
Las vaquitas de San Antonio ya fueron los cantáridos y las aguavivas azules ya fueron los cortapicos que nunca viste ahora ya fueron los hermosos escarabajos de Navidad de colores brillantes cuyos vistosos caparazones metálicos coleccionaban de niños ya fueron enjambres de hormigas voladoras ya fueron cantos de rana en primavera zumbidos de cigarra en verano ya fueron ya fueron […]
Un martilleo este recordatorio.
Hay un cementerio cerca de casa, allá en la ciudad. El muro de piedra separa la calle serpenteante del interior, sereno. Con la luz de la tardecita llega a parecer una conjunción del paraíso y la oscuridad del deceso. En eso ayudan las lápidas de piedras, de varios colores: piedras calizas, algunos mármoles negros, otros blancos. El musgo grisáceo, a veces incluso de fuerte color mostaza, le da profundidad al plano más muerto.
Hay otros camposantos más gloriosos, como el que está a pocos kilómetros, colgado del mar y en pleno paseo marítimo. Este es más humilde, pero no por ello menos grave. Casi como un promontorio rocoso en plena ciudad.
Se divide en áreas por religiones, como hemos observado al caminar por ahí en invierno, cuando se agradece este sol que meses después es deslumbrante en demasía. Ahora no hay sombra, es un gran horno, pero es con el calor, la luz cae neta sobre las piedras, que la reciben con diferentes grados de amabilidad. No entra ni una lápida más. A un costado, las viviendas sociales, uniformes en ladrillos rojos de los setenta, huertas comunitarias y sillones desvencijados bajo los tamarices. Del otro, mansiones de cientos de metros cuadrados, colecciones absurdas de cuartos y salas de estar.
Cada explosión de una especie en particular recuerda que, tal vez, en algún momento, el mundo estuviera lleno de todas ellas al mismo tiempo. Masas ondulantes. Voraces.
El sueco Patrik Svensson no se contenta con que la anguila esté destinada a desaparecer. Ya sobre el final de El evangelio de las anguilas (Asteroide, 2019) se pregunta cómo…
¿Qué pasó con ciertas especies, que no las vemos más? Rosario Lázaro escribe sobre el otro día, cuando un campo junto al mar se llenó de mariposas y recuerda la abundancia de la vida en tiempos no demasiado remotos.
También relee a Patrik Svensson y a Richard Flanagan, por la senda del espanto frente a todo lo que ya fue.
Rosario Lázaro Igoa
