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miércoles, 2 de abril de 2025
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Camino equivocado

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Liliana Castro Automóviles
Diario EL PUEBLO digital
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Días atrás nos hacíamos eco de la premisa estampada por el Papa Francisco en su encíclica “todos hermanos”, en la que sostiene que a menudo se confunde como si más seguridad, significara más paz y tranquilidad.
Nos llamó poderosamente la atención la capacidad para plantear en pocas palabras con tanta claridad la diferencia entre una cosa y otra. Quienes están convencidos que más represión, mayores controles y penas más duras para castigar a los delitos es el camino adecuado para terminar con una situación insostenible, se equivocan.
Sencillamente mayor represión, significa ponerse del lado de la discriminación, de las injusticias y del despojo de bienes y servicios para mucha de la gente que hemos ido radiando de diversas maneras.
No estamos a favor de la delincuencia y esto lo hemos repetido muchas veces, pero si estamos a favor de la equidad y de la justicia social.
Mientras sigamos cerrando los ojos a lo que no queremos ver, mientras entendamos que “cuando la dictadura esto no pasaba”, estaremos equivocados.
Mantener el orden mediante la represión y la sanción es equivocado. Significa que el miedo deriva en un falso acatamiento de las normas, pero a poco se den las condiciones favorables, se verá que no existe paz, ni tranquilidad sin equidad.
Sabemos que se trata de un tema muy difícil y complejo, pero creemos que en la propia dictadura deben buscarse los motivos de esta falacia. Si nos retrotraemos a los comunicados oficiales y a la visión sesgada de una realidad, creeremos que todo el país estaba en paz y en orden y compartía la visión de que se trabajaba, se respetaba a los buenos vecinos y había pocos hurtos y desmanes.
Nada más equivocado y así lo demostró la realidad luego. Apenas pudo expresar su voluntad, el pueblo demostró que no compartía ese falso concepto en el que veía el enriquecimiento paulatino de unos pocos privilegiados del poder y el empobrecimiento cada vez mayor y más extendido de quienes trabajaban “cuidados” por el régimen.
Es que muchas veces lo que se ve no es lo que se siente en el cuero propio. Claro está que había pocos robos y pocos desmanes, pero también había injusticias y arbitrariedades. En una palabra, el pueblo estaba sometido, las voces acalladas a la fuerza y no necesariamente pacificadas y contentas.
Uruguay tiene un problema de seguridad, indudable. Quien delinque debe pagarlo ante la sociedad, pero si alguien cree que la solución está por este lado se equivoca, a lo sumo se conseguirá sometimiento, pero no justicia social y por lo tanto la situación será la misma.
A.R.D.

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