Edición Año XVII N° 881, lunes 30 de setiembre de 2024
RADICALISMOS. Hace unos cuantos años cuando cursaba clases de ciencia política conocí a un filósofo y teórico político alemán, Carl Schmitt (1888-1985), quien casualmente por los tiempos que le tocó vivir, terminó dando su apoyo intelectual al régimen nazi implantado en Alemania de 1933 a 1945.
Schmitt, entre otros pensamientos, desarrolló la teoría “amigo-enemigo”, que en breves palabras, tal como las conocí de boca del docente a cargo de la cátedra en ese momento, establecía que “si no estás de acuerdo con mi posición, si no eres mi amigo en lo que sostengo, entonces serás mi enemigo”. Sin medias tintas.
Cuando escuché en 2001 el primer discurso que dio el presidente norteamericano George W. Bush tras el atentado a su país aquel 11 de setiembre, repitió más o menos las mismas palabras de Carl Schmitt, sobre que quien no sea amigo de Estados Unidos luego del ataque, será su enemigo. O blanco o negro, lo dejó claro. Algo parecido se vivió en el mundo de la guerra fría tras la Segunda Guerra Mundial.
Últimamente en esta campaña electoral que estamos teniendo en nuestro paisito volví a recordar a Schmitt con algunos planteos maniqueos de algunos dirigentes de poca monta, usados como voceros de otros dirigentes que no quieren hundirse en el fango que ellos mismos generan, tratando de “enredar la yegua”, como decía mi madre, y que salen sin enchastrarse mirando para otro lado como diciendo, yo no fui.
Esos radicalismos que están a la vista de quien quiera verlo, más parecen manotazos de ahogados que no quieren dejar su status quo. Pero como vivimos en democracia, la norma suele ser la renovación o la permanencia a través de las urnas. Quien no entienda lo que las urnas expresan, dejarán en claro que nunca entendieron qué era vivir en democracia.
FIESTA CÍVICA. Tenemos que comprender que las elecciones a las que se convocan constitucionalmente cada cinco años debemos disfrutarla como una verdadera fiesta cívica de renovación del compromiso de seguir viviendo en libertad y con el derecho a elegir a quien mejor nos represente, y que cumplido su mandato, luego de hacer un rápido balance, si no nos sentimos bien representados en el lugar que le tocó actuar, podemos cambiarlo por quien creamos que puede representar mejor nuestros intereses. O por el contrario, si entendemos que ha hecho bien su trabajo en nuestro nombre, pues simplemente renovarle el contrato por otros cinco años más.
De eso se trata, no se acaba el mundo pues luego de una elección siempre habrá un lunes. Quien pueda llegar a perder la changa debe entender que la política también es eso, si no se hace bien el trabajo, la gente puede poner a otro en su lugar.
Por eso es importante que los políticos que alcanzan cargos electos en las urnas se porten bien y trabajen por quienes somos sus verdaderos patrones que además colaboramos con su sueldo al pagar los impuestos regularmente, y que no se distraigan en los juegos palaciegos de su propio “House of Cards”.
Hasta la semana que viene… y tilo pa’la barra!