Edición Año XVII N° 884, lunes 21 de octubre de 2024
REWIND. Cuando existían los reproductores de cintas, ya fueran de audio o de video, había una tecla con la palabra en inglés “rewind”, que se usaba para retroceder y volver a escuchar o ver algo nuevamente. En mis tiempos de juventud, esa tecla se usaba para música o películas; hoy, ya adulto, la utilizo para audios digitales de entrevistas o discursos… y también para películas y series.
Recuerdo un tango que se usó mucho en una campaña electoral a fines de los 80. Su letra quedó grabada en mi memoria porque era parte de un spot publicitario que se repetía constantemente. En ese anuncio, se veía un tocadiscos con un vinilo rayado que repetía sin cesar el mismo estribillo: “la historia vuelve a repetirse”.
Hay otra frase famosa, visible en el ingreso al campo de exterminio nazi de Auschwitz: “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. La cita pertenece al filósofo español George Santayana, quien enseñó durante veinte años en la Universidad de Harvard. Parece una variación de lo que siglos antes expresó Marco Tulio Cicerón: “Quien olvida su historia está condenado a repetirla”.
En definitiva, el presente es un constante rewind de nuestra historia. Todo lo que hoy presenciamos ya ha ocurrido antes, con algunas sutiles diferencias que responden al contexto histórico y generacional. A menudo, esas pequeñas diferencias nos impiden ver el panorama completo: el árbol frente a nosotros no nos deja ver el bosque que se extiende detrás. Por eso, a veces es necesario adoptar otra perspectiva, una que permita tener una visión más amplia para comprender lo que sucede, no para justificarlo.
Estamos presenciando situaciones en plena campaña electoral que claramente no están bien. Sin embargo, aunque algunos aseguren que se trata de fenómenos inéditos, eso no es cierto. Lo que es novedoso es la forma en que suceden. En la década de los 50, por ejemplo, no existían las redes sociales ni el concepto de rewind, pero las repeticiones y manipulaciones ya estaban presentes, solo que en otros formatos. Si uno quería escuchar de nuevo una parte del disco de vinilo, tenía que retroceder manualmente el brazo del tocadiscos y colocar la púa en el surco deseado. En aquel entonces, lo que la gente consumía no eran redes sociales, sino radio y diarios, donde se reproducían discursos y campañas políticas de forma constante.
Un caso reciente que ilustra cómo estas prácticas se repiten ocurrió hace cinco años, cuando se habló de la virulencia de la campaña sucia del precandidato presidencial Juan Sartori contra su compañero de partido, quien hoy es el Presidente de la República. Esa campaña fue tan agresiva que Sartori quedó fuera de la fórmula presidencial, ya que Luis Lacalle Pou terminó eligiendo como compañera de fórmula a Beatriz Argimón.
Si retrocedemos 70 años, encontramos otro ejemplo en la figura del caudillo ruralista Benito Nardone, más conocido como Chicotazo. En alianza con el bisabuelo del actual Presidente, Nardone emprendió una campaña feroz contra el entonces Presidente Luis Batlle, utilizando términos durísimos e injuriosos. Aquella campaña determinó la derrota del Partido Colorado, que había gobernado el país durante casi 90 años.
Hoy, aparentemente, la víctima de una campaña sucia es un candidato colorado que denuncia estas prácticas como algo inédito. Sin embargo, casos como los mencionados —y muchas otras historias de nuestra política vernácula— demuestran que lo que estamos viendo no es nuevo. Solo hace falta leer un poco para entender que, como decía el tango de la campaña de Hugo Fernández Faingold contra Julio María Sanguinetti en 1989, “la historia vuelve a repetirse”.
¿Recuerdan esa campaña? Fue cuando, en medio de la disputa por la presidencia entre Julio María y Jorge Batlle, a este último le “cortaron el brazo” en sentido figurado.
Hasta la semana que viene… ¡y tilo pa’ la barra!