Así nos ven desde afuera…
Todavía resuenan, y es lógico que así sea, ecos de lo que fue la jornada del domingo 27, especialmente de los resultados, esos que algunos asumieron la misma noche de ese domingo y otros prefirieron esperar unas jornadas más.
Pero dejando a un lado los resultados puramente de partidos y candidatos, no fue una Elección Nacional más sino una muy especial, si consideramos que había no uno sino dos plebiscitos en juego: uno por los allanamientos nocturnos y el otro por la reforma de la seguridad social.
En cuanto al de los allanamientos nocturnos todo pareció siempre más sencillo que el otro, parece ser que en general la ciudadanía lo entendió mejor desde un principio, después, lo que eligió es otra cosa. Pero respecto a lo que se plebiscitaba sobre la seguridad social, estamos convencidos que para muchos era (y sigue siendo) muy confuso.
Desde hace algunos días, venimos leyendo diferentes artículos locales y nacionales sobre estos asuntos. Pero quisimos buscar uno que nos mostrara cómo nos ven desde afuera, es decir cómo nos ven desde otros países al haber votado como votamos. No fue fácil hallar un artículo con las características que pretendíamos, para ofrecer hoy a los lectores de EL PUEBLO. Hasta que por fin dimos con uno, que se publicó hace siete días, sin firma, en el diario chileno El Mercurio. Evidentemente, hay allí, información y opinión. Hay cosas con las que estamos de acuerdo y otras con las que no. Como seguramente le ocurra también a usted al leerlo, se lo dejamos aquí:
¿POR QUÉ LOS URUGUAYOS RECHAZARON UN DESPILFARRO GUBERNAMENTAL?
¿Le gustaría jubilarse cinco años antes de lo planeado y con una pensión más abultada? Los gobiernos no suelen plantear preguntas tan tentadoras a los votantes de manera directa, por temor a que elijan alegremente el beneficio inmediato, ignorando las catastróficas consecuencias fiscales a futuro.
Sin embargo, cuando los uruguayos acudieron a las urnas el 27 de octubre, se les hizo una versión de esta pregunta, impulsada por una campaña sindical. Fue uno de los dos referendos realizados junto con las elecciones presidenciales y parlamentarias. La Presidencia se definirá en segunda vuelta, el 24 de noviembre, entre Yamandú Orsi, del izquierdista Frente Amplio, y Álvaro Delgado, de la coalición de centro-derecha. El Congreso terminó dividido en partes iguales. Pero una amplia mayoría, demostrando una inusual moderación, rechazó la oferta de pensiones más generosas.
América Latina no es precisamente famosa por su disciplina fiscal. En Argentina, los gobiernos peronistas han gastado sin control durante años para ganar popularidad, generando el caos inflacionario que el Presidente Javier Milei intenta corregir. A mitad de su tercer mandato, Luiz Inácio Lula da Silva, mandatario de Brasil, no logra cumplir sus propias metas fiscales y preocupa a los inversionistas. Los mercados temían que los uruguayos optaran por el dinero y sacrificaran la disciplina fiscal; los inversionistas vendieron bonos gubernamentales a medida que se acercaba el referendo. ¿Cómo y por qué lograron los uruguayos resistirse? En primer lugar, comprenden el caos fiscal. Lo ven todos los días al otro lado del río de La Plata, en Argentina. También tienen experiencia directa del daño que puede provocar. En 2002, Uruguay, entonces económicamente frágil y muy dependiente de Argentina, sufrió una devastadora crisis bancaria causada en gran medida por el colapso económico de su vecino. Hoy, Uruguay depende menos de su vecino errático, pero las imprudencias fiscales de Argentina siguen causando problemas. Una recesión al otro lado del río, por ejemplo, significa que muchos argentinos, en busca de sol, evitan pasar sus vacaciones en las amplias playas uruguayas.
Pero la principal razón del fracaso del referendo fue probablemente el hecho de que todos los principales candidatos presidenciales se opusieron públicamente a él. El Presidente saliente de centro derecha, Luis Lacalle Pou, lo calificó de «peligroso y dañino». Incluso José Mujica, un popular expresidente izquierdista y exguerrillero marxista, afirmó que traería «caos».
Este tipo de unidad racional es difícil de imaginar en otros países de América Latina (y casi imposible en Argentina). Se basa en un fuerte consenso entre economistas de casi todos los sectores en favor de la prudencia y la estabilidad macroeconómica, explica Gabriel Oddone, quien será ministro de Hacienda si Orsi gana la segunda vuelta. «Todas las personas que han estado a cargo de la política económica en los últimos 20 a 25 años, y probablemente lo estarán en el futuro, comparten una formación, una visión del mundo y un entendimiento de las limitaciones de nuestra disciplina», afirma.
Esto es tan inusual que resulta casi extraño en una época en que la región y el mundo están atrapados en el populismo y la desconfianza hacia los expertos y las élites. En 13 de las últimas 16 elecciones presidenciales en América Latina, el partido ganador fue uno fundado hace menos de diez años, señala Andrés Malamud, de la Universidad de Lisboa. Las opiniones del establishment suelen ignorarse. Pero Uruguay es diferente. Los partidos políticos son fuertes, con raíces históricas profundas, y gozan de mayores niveles de confianza que en cualquier otro lugar de la región. Esto se reflejó en el resultado parlamentario. A pesar de un sistema de votación proporcional que abre la puerta a los insurgentes, los tres partidos principales obtuvieron el 87% de los votos, una proporción mayor que en la elección anterior.
Sin embargo, incluso con los niveles de inmunidad uruguayos a la ira antiestablishment, el contagio no es imposible. El partido Identidad Soberana, de Gustavo Salle, un foco de teorías conspirativas, obtuvo el 2,7% de los votos. Su líder, de 66 años, se enfurece contra la «cleptocorporatocracia» y la «élite perversa y pedófila». El día de las elecciones declaró que el Congreso era una «cueva de traidores». Es preocupante que la votación entre los dos grandes bloques estuviera tan dividida que su partido parece tener la llave del Poder Legislativo.
Aun así, los optimistas esperan que el lado sensato de Uruguay prevalezca aquí también. La segunda vuelta será reñida, pero una vez que se elija al nuevo presidente, la aversión a la furia conspirativa de Salle bien podría impulsar negociaciones reales entre las coaliciones de izquierda y derecha. Eso podría ayudar a resolver los problemas persistentes del país: una criminalidad persistentemente alta y una década de lento crecimiento económico.
