Hoy con Federico Moreira
Federico Moreira es un buen vecino que tuvo 31 años de una historia gloriosa en el ciclismo uruguayo e internacional. Regaló a EL PUEBLO casi una hora de su tiempo contando anécdotas de su experiencia, de las buenas y de las otras, pero con una honestidad que solo la tranquilidad de espíritu de haber hecho las cosas de forma correcta le permiten.

El 8 de marzo cumplió 60 años, si mira el camino recorrido, ¿qué ve?
- Gran parte de mi vida fue encima de una bicicleta. Todo lo que conlleva una carrera deportiva no es solo el entrenamiento sino todo el entorno que uno tiene que tener, los preparativos en lo previo, los entrenamientos diarios. En mi caso particular, por estar en un país en el que muy pocos pueden vivir del deporte, también tuve que convivir con mi trabajo, tenía mi familia formada, que fue un poco lo que no dejó que me anime a irme a Europa. Y ni bien dejé de correr, seguí vinculado al ciclismo a través de la Federación. O sea que no pasó más de un año y ya estaba nuevamente vinculado al ciclismo. Todo eso me enriqueció y me sirvió para comprender montones de cosas que uno no las veía como ciclista y luego como dirigente te vas dando cuenta de un montón de situaciones. Si bien es cierto que he tenido experiencias bastante desagradables, ya fuera como deportista o como dirigente, hay que tomarlas como un aprendizaje de vida. Es cierto, el 8 de marzo cumplí 60, y eso hace que uno piense que la vida es corta y que se va rápido, porque parece que fueran ayer aquellas llegadas a Salto de la Vuelta del Uruguay y, sin embargo, ya hace bastante tiempo.
Recuerdo aquella Vuelta Ciclista que usted lideraba y le toca cerrar una etapa en Salto, estaba escapado entrando solo a la ciudad y justo se le pinchan las dos ruedas y tiene que agarrar una bicicleta común que tenía alguien justo en ese lugar y terminó la etapa manteniendo el liderazgo de la Vuelta, ¿cómo recuerda ese episodio?
- Fue una de las tantas anécdotas que hay, esa en particular por llegar a Salto, el pueblo de uno, a pesar que a mí no me gustaba llegar a Salto por dos motivos, uno era que al otro día tenía que partir, y segundo que era una etapa bastante compleja para mí por mi característica. Llegaba a mi pueblo y yo sentía que no podía ganar esa etapa porque la bajada de calle Uruguay se hacía a 70 o 75 kilómetros por hora y yo no era un velocista, yo era un pasista, entonces el fuerte mío era la contrarreloj o alguna llegada muy dura, cosa que para Salto no era porque era una llegada muy veloz, hasta peligrosa por esa gran velocidad, por eso no era mucho de mi agrado llegar a Salto más allá de tener a toda la gente, pero sabía que no podía darle ese triunfo que a veces la gente esperaba. Pero más allá de eso, estaba también la alegría del pueblo que esperaba que uno arribara con su equipo.
Esa Vuelta fue muy recordada porque era una competencia desigual, usted terminó representándonos a todos contra el primer mundo en el ciclismo y la ganó, ¿se vivió igual desde adentro?
- Había un equipo de Estados Unidos, uno francés. Siempre fue una lucha la Vuelta del Uruguay. Ayer casualmente vi en la televisión eso de que la Vuelta es parte de la Semana de Turismo, como que la Vuelta es parte del pueblo uruguayo, y muchas veces que uno está metido adentro no se da cuenta lo que es la Vuelta del Uruguay, donde están todos esos dichos populares como esa de que cuando llega el último ciclista comienza a trabajar el país. La Vuelta del Uruguay y el ciclismo en sí está arraigado, más allá de todas las dificultades que tiene el deporte uruguayo y el ciclismo.
Dijo que vivió cosas feas. Recuerdo su última Vuelta, donde decidió bajarse y denunciar en una conferencia de prensa que había una especie de maniobra para perjudicarlo y no permitirle ganar esa Vuelta. ¿Cuáles son esas cosas feas del ciclismo?
- Como en todo deporte, hay entretelones, por eso digo que a través del tiempo uno aquellas cosas que no entendía cuando corría, cuando se es dirigente comienza a entender por qué sucedían muchas cosas. Tuve la suerte de estar 12 años al frente de la Federación, 8 años en el Comité Olímpico y ahí entendí muchas cosas de cómo se manejan los equipos. Intentamos cambiar para que las cosas fueran los más justas posible, pero muchas veces se dan situaciones que hacen que el deportista se vea perjudicado. En aquel momento me sentía perjudicado, dolido y avasallado por determinados hechos que se daban en la competencia y que hacían que uno reaccionara y que sigo reafirmando que cuando estuve en la Federación traté en lo posible de cambiarlo, de manejar las cosas de la forma más transparente posible, y en cierta medida lo logré, pero también quedaron muchas cosas en el tintero que hacen que el ciclismo, como con otros tantos deportes, sean parte de lo que es la idiosincrasia humana.
Esa cara fea del deporte que usted sufrió, ¿se da por cuestiones de ego, de vanidad entre los ciclistas o por intereses económicos?
- Hay de todo un poco. No podemos apuntar a lo económico porque en el ciclismo se maneja realmente muy poco. La rivalidad de las instituciones hoy no se ve tanto entre barrios, porque el ciclismo está muy disperso en el país. Montevideo tenía como 37 o 38 instituciones, cada barrio tenía una. Hoy Montevideo tiene 3 instituciones, lo que ha hecho que el ciclismo se haya extendido hacia el interior. Existe esa rivalidad entre departamentos, como en su momento fue Salto con Paysandú o Salto con Artigas cuando por ejemplo se hacían aquellos campeonatos de fútbol o de ciclismo del Litoral, donde también el componente de instituciones era importante, y después el componente de cada ciclista con sus propios intereses, más allá del equipo. Hay entonces una mezcla de todo eso para que se den situaciones negativas que hoy la tecnología puede controlar.
¿Logró transmitir esa experiencia a sus hijos?
- Sí. Primero que nada, no los metí a ellos en el ciclismo. Lo mamaron y vivieron desde chicos, iban conmigo a Montevideo, dormían conmigo en la concentración, tanto mis hijos como mis hijas, y ellos tomaron ese camino porque quisieron. Agustín incursionó en Europa con muy buenas posibilidades de estar en equipos buenos, profesionales, pero estuvo cuatro meses y se volvió. Ya había ganado competencias, tenía un futuro muy halagüeño, pero no le gustó, volvió a Uruguay porque le gusta estar con sus amigos, compartir un asado. Él me decía que Europa es una cosa fría, totalmente diferente a lo que es la idiosincrasia del pueblo uruguayo, hoy corre en Uruguay. Tiene claro todas las cosas buenas y las malas, no solo porque yo en algún momento le haya dado algún consejo sino porque les toca ahora vivirlas a él. Y Mauricio, que es el más chico, viajó con 15 años a Brasil a una escuela de ciclismo, y estuvo 3 años. Después viajó a Europa y hace 5 años que está allá y ha vivido el ciclismo al más alto nivel, compite con lo que usualmente vemos que están en el Tour de Francia, incluso ha ganado alguna etapa en el circuito profesional. Ha aprendido mucho, poco puedo enseñarle, es una persona muy inteligente y supo adaptarse a lo que es la vida del europeo, ahora está en Portugal.
Ha tenido victorias impensadas en su extensa carrera de ciclista, ¿qué le faltó ganar?
- Me hubiera gustado estar más arriba en los Juegos Olímpicos. Llegué a tener una muy buena actuación en Barcelona, faltaban 10 kilómetros y yo venía en un grupo de 15 corredores para definir la prueba, y cosas de la carrera, nos tomaron y cuando reaccioné ya era el pelotón de 100 y pico de ciclistas, meterme a embalar era imposible, pero estuve muy cerca. Eso hubiera sido algo interesante haber podido tener una mejor actuación. En esos Juegos entré 40 y poco, pero estaba en condiciones de estar más arriba. Ya dije que fue una decisión personal no ir a Europa, sino podría haber corrido perfectamente un Tour de Francia o un Giro de Italia.
Ha vivido cosas buenas y malas. Usted ganó una Vuelta de Uruguay y le declararon dopaje positivo, la Federación desoyó ese diagnóstico y lo dio igual ganador. Luego al volver a Salto fue recibido como un héroe en su tierra. ¿Cómo fueron esos días?
- Fueron cosas muy tristes, muy duras y que lamentablemente aún hoy no pudimos llegar a la verdad. Esto lo mencionamos en otro momento cuando referimos a las cosas oscuras que hay adentro del ciclismo o los intereses económicos de algunas personas que estuvieron, están y seguirán estando. El que conoce del deporte sabe que hoy un deportista cuando pasa por un control antidopaje, firma un papel que su control queda congelado durante 10 años. Entonces tiene dentro de ese tiempo, como pasó con Armstrong, de rever todo lo que pasó y con todas las garantías.
En aquel entonces, no se hizo ninguno de los procesos que la Federación pedía, porque no fue ningún capricho de la Federación como en algún momento se manejó que me dio la Vuelta del Uruguay porque se le antojó. La Federación Uruguaya tuvo que cumplir con un proceso en el cual, en aquel momento, la Comisión Nacional de Educación Física, no lo quiso o no pudo cumplir. Entonces, desde la Unión Ciclista Internacional (UCI), se le imponía a Uruguay, porque todo ese proceso era fiscalizado por una venezolana, que fue la que fiscalizaba el control antidopaje, donde no se cumplieron con las garantías para la apertura de la segunda muestra. Entonces la UCI dijo que si no daban las garantías al damnificado, que en ese caso era yo, de hacer el procedimiento que indica el reglamento, el problema era de ellos. Entonces la UCI y la Federación declararon que no se había cumplido con los procesos y se me dio ganador de la Vuelta del Uruguay. Ahí murió el tema. Al margen de eso, en lo personal fue reconfortante, porque no recuerdo haber visto una caravana tan grande del pueblo apoyando a un deportista. Eso lo tengo muy presente, de todo lo que significó el pueblo de Salto en mi vida.
¿Cómo es vivir en una ciudad que tiene un barrio con su nombre?
- (Se ríe) Casualmente, antes de ayer estuve en una ferretería con la persona que fue a mi casa a hablar, Hugo López. Estaban formando una comisión, le iban a poner al barrio el nombre de un político, y dijeron «no, político no porque puede tener gente a favor y gente en contra. Vamos a ponerle Federico». Y fueron a mi casa, me dijeron que querían hacer un barrio y que querían ponerle mi nombre, «y bueno, si lo quieren hacer, no me voy a oponer». Hicieron los trámites en la Junta, en la Intendencia, hicieron todo lo que correspondía y ahí está el barrio hasta el día de hoy, que es una de las cosas que a donde vaya me preguntan.
¿Qué papel ha jugado la familia en su vida?
- Fundamental, desde mis padres hasta mi familia, mi señora, mis hijos. Todos de alguna manera estuvieron apoyándome. En toda familia si a uno no lo apoyan, las cosas se terminan haciendo cuesta arriba. Era carnaval, turismo, carreras importantes, metíamos las mochilas arriba de un camión y salíamos a hacer la Vuelta, Rutas de América, a los campeonatos nacionales, ya fuera de gurises, a los campeonatos zonales que eran los famosos del Litoral, y siempre estuvo ahí la familia.
