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miércoles, 2 de abril de 2025
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Salto

Dos cuentos de Juan Pablo Nickleson

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Diario EL PUEBLO digital
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Nacido en Salto en 1983, Juan Pablo Nickleson asistió varios años al Taller Literario Horacio Quiroga, que dirigía Leonardo Garet. Ha publicado cuentos en el Semanario Sol y Luna y en Diario EL PUEBLO. Cuentos suyos también integran el libro «Cuentos y Poemas de Salto», editado en 2018, donde también aprecen Myriam Albisu, Juan Carlos Ferreira, Alcides Flores, Alejandra Guglielmone y Amalia Zaldúa. Precisamente, al mencionado libro pertenecen los dos relatos que seguidamente compartimos:

DON JORGE

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Como desde hacía años, Don Jorge iba al Café Charleta para escribir. Veterano, ya sesentón y pico, cigarro en mano, unos pocos pelos canosos se entreveraban con su calvicie manchada de insolaciones pasadas. Su frente arrugada se fruncía todavía más cuando, abalanzado sobre la mesa que se ubicaba entre la esquina del fondo del salón y una de las ventanas, escribía sus memorias.

Gruñón pero por costumbre, había aprendido a moverse en la vida con una filosofía personal tan amable como introvertida a la vez, que solo aquellos que han perdido un hijo pueden desarrollar para vivir en el día a día.

Pedía un whisky sin hielo y luego un café, tomaba el primero de un trago y al otro lo bebía sorbo a sorbo, con pausas muy largas, al punto de terminarlo frío; y escribía.

Se aferraba a explicar cada detalle de sus anécdotas, le aterrorizaba perder la memoria con el paso del tiempo, quería dejar su vida plasmada en cada obra, papeles que se acumulaban en varias carpetas amontonadas al lado de su cama.

Revivía, en un tormenta de imágenes, cada historia vivida y oída: su niñez entre arroyos ya secos, su juventud en el ejército obligatorio, su madurez entre mujeres amadas y otras de paso, sus pérdidas, sus ganancias, el recuerdo de aquel libro que Carlos Kroun había escrito con el nombre de otro tipo.

Se entregaba a sus anotaciones en cuerpo y alma, intentaba construir la receta para trascender, para sobrevivir al tiempo, y a su propia vida. No tenía mucho para perder, solo minutos, días, años…y eso lo aterrorizaba.

Se desparramaba en la silla, exhausto, a las once de la noche cuando apagaban la última luz del salón y partía, cansado y hambriento, rumbo al casino, en busca de más emociones.

La última noche que lo vieron, al igual que todas las otras, luego del último sorbo de café, gastó sus últimas monedas en la ruleta, se fue a su casa y se acostó a dormir.

Soñando en ser anécdotas, se convirtió en papel, en tinta, en escritos.

Quien entró a su casa, solo pudo encontrar una habitación abarrotada de libros y manuscritos, la magia de la muerte lo había convertido, al fin, en historias.

EL INTRUSO

Carlos Kroun apareció en un sueño.

Primero como un nombre escrito en un papel con letras impecables, más adelante como una voz que me hacía despertar, y luego, como muchas caras conocidas que lo nombraban.

Hablaba, estoy seguro, pero al abrir los ojos solo me quedaba su nombre girando en mi cabeza y un recuerdo difuso de sus palabras; despertaba también conmigo una certera sensación de que la psicología quería entregarme un mensaje claro que todavía no sabía cuál era.

Poco a poco se empezó a entrometer en mi vigilia y ahí me preocupé realmente.

Carlos Kroun ya no era un mal sueño que rondaba en mi cabeza, sino un pálpito latente que me hacía sentir que su figura me esperaba tras cada esquina para cuando lo quisiera escuchar. Los mismos símbolos que me recordaban a él se presentaban luego de cada parpadeo, en cada taza de café, en los momentos silenciosos que mi cabeza aturdida fomaba con el ruido del tranvía, en algún reflejo veloz que se mostraba, fulminante, frente a cualquier cosa que

actuara de espejo. La fuerza de su presencia se iba notando más; pensamiento a pensamiento, necesitaba tomar el control de mi vida periódicamente…Ya no me sentía el mismo.

Carlos Kroun me estaba ganando, y poco a poco lograba hacerme otro, que no era yo.

Mi voluntad por volverme aquel que siempre había sido, se tornó agresiva con él, lo comencé a negar con todas las fuerzas de mi cuerpo, gritándole, retándolo a enfrentamientos imposibles que se daban solo en mi cabeza aturdiéndome para no oírlo, deseándole un mejor lugar para que se marche, o hasta queriendo matarlo internamente, a costa de lo que fuera.

Y perdí…

Hasta ese mundo que creía real se transformó, aceptándolo a él y no a mí, el desamparado, el otro…

La dualidad de esta personalidad quebrada que yace en mí, como dos individuos que me ha traído complicaciones.

En este lugar donde me guardan volveré a nacer, algún día, para los demás. Cuando el mundo me acepte, entenderán quién soy realmente…Aunque en esta cárcel que llaman hospital psiquiátrico no me vean a mí, sino al otro; y aunque en mi pulsera transparente, que es como un par de esposas, figure el nombre del intruso Carlos Kroun.

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ALBISU Intendente - Lista 7001 - COALICIÓN SALTO