Edición Año XVII N° 890, lunes 2 de diciembre de 2024
UNO MÁS. Una columna periodística con casi dieciocho años de existencia nos indica que al menos nos hemos encontrado en esta misma situación unas diecisiete veces al tener que escribir algo cuando inicia el último mes del año.
Un lugar común que ya vengo escuchando en varios lugares, “¡qué rápido se fue el año!”, lo que demuestra que la vorágine del diario vivir no nos permite calibrar con mayor exactitud la cantidad de cosas que hacemos, pero basta sentarnos algunos minutos, mate, café, té, jugo, licuado, cervecita o whisky mediante (a gusto del consumidor), tomar aire y empezar a repasar todo lo que hemos hecho, rompiendo esa monótona forma de encarar cada día para empezar a visualizar lo que hemos venido haciendo casi en piloto automático, los problemas que hemos resuelto, los desafíos e imprevistos que hemos tenido que afrontar casi sin darnos cuenta, la lista se agranda de forma inimaginable, lo que nos hace preguntar, ¿de dónde sacamos el tiempo para hacer tantas cosas? Y sin embargo, pasaron cosas y el tiempo alcanzó para hacer todo.
Seguramente queden temas pendientes, por lo que deberemos seguir atentos en la búsqueda de maneras de poder llevarlos adelante, y lejos de bajar la bandera porque entramos en el denominado mes festivo de las tradicionales fiestas, aún se pueden hacer muchas cosas antes y seguramente sigamos haciéndolas casi sin darnos cuenta.
Está bueno tomarnos siempre un tiempito para repasar lo que venimos haciendo para valorar y tomar conciencia correctamente lo que hacemos. El día sigue teniendo 24 horas y el año sigue teniendo 365 días (salvo el bisiesto como éste al que debemos sumarle uno extra), o sea que tiempo tenemos, siempre y cuando lo organicemos adecuadamente para hacer todo lo que tenemos que hacer.
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PERSPECTIVAS. Hacer balances está bien, porque siempre es bueno tener claro desde dónde se comienza un nuevo año. Pero no debemos quedarnos solo con eso, también tenemos que planificar medianamente qué cosas queremos que pasen, tratando de ponernos metas y fechas para que las cosas se concreten.
En ese sentido, uno puede tener proyectos propios, individuales, pero también tiene que levantar la cabecita y ver a los costados, donde nos daremos cuenta que no estamos solos en este mundo y que hay cosas que podemos encarar de manera grupal o colectiva. Después de todo, somos parte de una sociedad y también debemos hacernos responsable de ello, comenzando por lo más pequeño y cercano que queda circunscripto al terreno familiar, para luego seguir agrandando el círculo y viendo el barrio y nuestros vecinos, por decir lo más cercano, y seguir de esa manera ensanchando la circunferencia de ese círculo.
Quizás también alguien forme parte de alguna organización social, cultural, deportiva, religiosa o incluso política (fundamentalmente en estos tiempos), etcétera, y ahí ya no será el esfuerzo de uno solo sino de un grupo, el que de manera colectiva también se pondrá metas a conquistar en el futuro mediato o inmediato. Del esfuerzo de todos dependerá.
En definitiva, es buena cosa tener siempre algo para hacer y seguir moviéndonos, tener perspectiva de lo hecho y de lo que aún queda por hacer… y ponernos a ello.
Hasta la semana que viene… y tilo pa’la barra!