Entrevista a Ramón Soto
Con más de 30 años como médico de la localidad de Valentín, Ramón Soto reflexiona junto a EL PUEBLO cómo se vive la pandemia en el interior profundo del Departamento de Salto.

- ¿Qué implica para un médico del interior presidir el Colegio Médico de la región?
- Es un gran orgullo y desafío, particularmente en este momento que estamos atravesando como país. Es un gran compromiso de encontrar caminos para tratar de resolver este problema de la pandemia. Pero en realidad, es mi segundo ejercicio. Cuando ingresó este Consejo ejercí la presidencia los primeros seis meses, de acuerdo a la ley hay que ir rotando cada seis meses, y cada uno de los compañeros, Hugo Parodi de Artigas, Gustavo Curbelo de Paysandú, Henry Sosa de Rivera y Carlos Rattín de Salto, hizo su período de seis meses y en este último, los compañeros, me halagaron con que fuera yo.
No sé qué pasó, quizás sea por el momento que estamos viviendo, pero pareciera que fue más explosiva la difusión de esta presidencia que hace tres años, por lo menos es lo que siento ahora al llover felicitaciones mucho más que la otra vez que también fui presidente.
- Es posible que sea porque hace tres años estaba todo más tranquilo al no haber una pandemia, como que entramos a valorar lo médico de otra manera…
- Creo que sí, la pandemia ha influido mucho, y también porque es imponente como se ha desarrollado y no nos damos cuenta, las redes sociales y la información, y ustedes los periodistas y los medios tienen mucho que ver en esto de difundir los acontecimientos.
- ¿Cómo ve ese pasar, pandemia de por medio, de valorar de una manera muy crítica el trabajo médico a ser hoy prácticamente héroes?
- Lo hemos conversado en diferentes colectivos de la salud y es verdad, como que había un distanciamiento del médico con la sociedad en general, por eso se vio en su momento una escalada de violencia hacia médicos, pero que no es más de lo que está pasando en la sociedad. Es obvio que la pandemia nos puso en un lugar inesperado y a jugar un rol que lo tenemos que jugar sí o sí porque es nuestro trabajo, sin siquiera meditar hasta dónde tenemos que llegar, porque tenemos que ir al límite de nuestras posibilidades. Es cierto, existe hoy un gran reconocimiento, ven que no somos de fierro porque nos quebramos ante ciertas situaciones cuando perdemos a un conocido o un coterráneo, aunque no lo conozcamos nos duele igual. Esa humanización del personal médico que hoy se reconoce, la sociedad lo está viendo.
Vivimos en una sociedad bastante inmediatista y culpabilizante, que cuando nos pasa algo, nunca pasamos por esa tan famosa autocrítica y siempre la culpa la tiene el de al lado o quien opina distinto, y eso nos pasa también adentro del hogar, si nos sale mal la comida o se nos rompe algo, la culpa la pasa a tener otro. Y en esto de la medicina, el colectivo de la salud se esfuerza en dar una garantía de trabajo, no podemos garantizar un resultado, y cuando las cosas no van bien, siempre tiene que haber un culpable, y a veces la tenemos, sí, pero a veces también cargamos con problemas del entorno o de las situaciones.
Se ha dado que en esa violencia instalada en nuestra sociedad ha repercutido en los equipos de salud, la hemos visto y hemos tenido que trabajar en ese aspecto. Cosa que últimamente no hemos visto, salvo un episodio concreto que sucedió hace poco en Artigas, y eso que estamos todos estresados por esta situación que lleva más de un año. Por eso tenemos que ser los primeros en comprender a los usuarios de la salud en que están alterados desde el punto de vista emocional, económico y con riesgo sanitario. De todas formas, es gratificante ver el reconocimiento que hoy tiene el trabajo de quienes nos ha tocado acompañar y seguir en el proceso de esta enfermedad.
- Hablaba con un amigo psicólogo de la situación extrema que vive el personal médico desde hace más de un año, y me recordaba que los médicos se preparan para vivir situaciones extremas, pero nadie los preparó a ustedes para esto que estamos viviendo, y como ha dicho recientemente el presidente del Sindicato Médico, los médicos están padeciendo hoy de una saturación producida por el estrés y el cansancio, ¿cómo se está viviendo esta pandemia en el interior profundo del departamento?
- Conversaba con mis compañeros de la salud rural y veíamos que, sin ser virólogos, dada la dispersión de la población rural, no íbamos a ser el primer punto de afectación de la pandemia, pero igualmente sabíamos que en algún momento iba a llegar. Demoró, pero ya está llegando dada la movilidad de las personas. Entonces, todos sentimos lo mismo, creo, el miedo a algo desconocido en el volumen, porque epidemias y pandemias ha habido.
La gripe H1N1 lo fue también, pero no pegó tanto como ahora. Siempre hubo miedo, pero tuvimos tiempo y paño como para ir acomodando las medidas, y que la población ejerciera un aprendizaje paralelo al nuestro de interpretación del comportamiento del virus y de las medidas a tomar.
Acá tuvimos que cambiar rápidamente el modelo operativo asistencial de la policlínica, y entiendo que pasó algo similar a lo largo y ancho de la zona rural, pero nunca pudimos, porque no se puede, dejar la presencialidad, porque somos el sistema de salud en el ámbito rural. Entonces, alguien tiene que prestar asistencia de forma presencial a esa persona que tiene una situación emergente, sin que sea una emergencia o urgencia, porque si no se la resuelvo en territorio, iría a saturar o a aglomerar este nivel de salud, algo que no es deseado.
En esa presencialidad entonces, que nunca pudimos interrumpir, vimos ese respeto de la gente a las medidas que tomamos desde aquel viernes 13 de marzo y para ese lunes siguiente, ya habíamos modificado el sistema de asistencia, por lo que ya en ese momento tenían que agendarse. Separamos salas para respiratorios y sala común, y eso fue aceptado.
La gente que venía a repetir medicación, por ejemplo, que lo hiciera por fuera del establecimiento, algo que hasta hoy se sigue, y que quien precise presencialidad, por equis motivo, algo como una simple revisación como algo mucho más grave, en ese caso no podemos brindar una asistencia virtual. Pero ha aparecido hará dos meses, cada vez más casos de coronavirus. Por eso andamos más cansados.
Algo que nos tiene estresado es el teléfono, que ya es como un apéndice nuestro, de donde nos llega el pedido de agenda, o cuando tienen algo que sospechan, no lo puedo clasificar por teléfono, y es obvio que la gente está alterada y estresada. Ahora sumamos lo de la vacuna, ¿cómo me vacuno? ¿Cuándo me vacuno? ¿Con cuál me vacuno? «No me llaman doctor», y nosotros vamos absorbiendo todo ese estrés que tiene la gente.
En este momento, apostamos fuertemente a las medidas que ya están muy mencionadas como el distanciamiento, la higiene de manos, el uso de tapabocas, no generar contactos innecesarios, cosa que es muy difícil. Le digo a mi gente, cuando digo mi gente me refiero a la población, si llegás a ser positivo y te empiezo a preguntar cuántos contactos tenés, donde me digas 50, te das cuenta que nos saturás porque tenemos que hisopar a 50 personas. No es lo mismo que me digas que mis contactos son los de la familia. Todo cuesta, hay que reiterarlo todo y ya con un año y pico ya todo se nos hace cuesta arriba.
Hoy apostamos fuertemente a esas medidas y a la vacunación, que se llegue en todas las zonas a ese porcentaje del 70% y ojalá que se pueda superar, pero no solo a nivel país, tiene que ser en cada departamento y en cada zona que se llegue a esa cantidad.
Apostando entonces a esas dos cosas, y con el seguimiento de los casos positivos, porque por más que la vayan llevando barata, hay que atender mucho la parte emocional, psíquica y la afectación económica que existe en ese núcleo que está sufriendo la enfermedad, todo eso es un desgaste.
- Cuando empezó la pandemia, uno pensó que esto era cuestión de unos pocos meses, pero esta semana se cumplieron 14 meses y la situación es cada vez más complicada, pese a la vacuna. Le pregunto desde el punto de vista médico, ¿ve una salida?
- No basta con la solidaridad de nuestros afectos y de la población, tiene que haber una solidaridad mundial, porque donde no se llegue a esa inmunidad de rebaño a nivel global, empezarán a aparecer cepas de todos colores, porque el virus lo que quiere hacer es sobrevivir, igual que nosotros.
Entonces se multiplica, y como no tiene un mecanismo de duplicación como tenemos los seres humanos, usa otro cuerpo para duplicarse. Y este virus nos eligió a nosotros como huésped y va a buscar todo para poder sobrevivir. Por eso aparecen nuevas cepas con corrimiento de edad, entonces, depende sí mucho de nosotros, de Uruguay, pero depende de cómo vacune el mundo, porque hoy estamos muy conectados desde el punto de vista físico, no solo virtual. Antes poder volar a otro país era muy selecto, para muy pocas personas, hoy mucha más gente se moviliza y el virus viaja con las personas de un lado para otro. Por eso es muy importante que el mundo se vacune bien.
- ¿Siente que la sociedad uruguaya aún está en deuda con la medicina rural?
- El tema de la vulnerabilidad de las zonas rurales y las desigualdades construidas ancestralmente desde la sociedad feudal, uno mira y se pregunta, ¿de quién es la culpa? Y no se encuentra un culpable, la culpa la tenemos todos. Pienso que sí, que se está en deuda, que estamos en deuda cada uno de nosotros, incluso los que estamos viviendo y trabajando en el ámbito rural.
Estamos en deuda por no pelear más, por no haber encontrado los caminos de diálogo para poder modificar las cosas. Hablando con gremialistas les decía, por ejemplo, si tenés problema en una fábrica, a los cinco minutos, o menos, están todos juntos y casi con todo cocinado de qué tienen que decir o cuál será su propuesta de reivindicación. Nosotros, ¿cómo hacemos para ser participativos y democráticos respetando las diferentes territorialidades para llevar una propuesta? Nos ha costado años elaborar una propuesta contemplando las diferentes miradas, porque no es lo mismo el Norte que el Sur, el Este que el Oeste, dentro de las diferentes ruralidades.
Me preocupa que a las generaciones nuevas de los equipos de salud no los seduce ir a la ruralidad, y pensaba que la pandemia nos iba a hacer reflexionar, cambiar los modelos civilizatorios, o sea, de cómo estamos viviendo. Y tal vez hayamos cambiado algo, valorando introspectivamente a la familia, pero como sociedad he visto poca respuesta. Que la gente vuelva a ocupar el campo es muy importante, que vuelva a estar en contacto con la naturaleza.
PERFIL DE RAMÓN SOTO
Casado con Mariana, con quien tiene un hijo, Constantino, y una hija de su primer matrimonio, Macarena. Es del signo de Escorpio. De chiquito quería ser futbolista. Es hincha de Nacional.
¿Una asignatura pendiente? «Siempre quise cantar bien y jugar al fútbol».
¿Una comida? El asado.
¿Un libro? Siddartha.
¿Una película? Gladiador.
¿Un hobby? Jugar al fútbol y cantar.
¿Qué música escucha? En general me gusta toda la música. ¿Qué le gusta de la gente? La sinceridad.
¿Qué no le gusta de la gente? La falsedad, el cuchillo por la espalda.
Por: Leonardo Silva