Recientemente hemos visto como la prensa en general y los medios electrónicos en particular destacaron el hecho de que el Uruguay llegó a las 15.000 personas encarceladas. No sabemos en qué contexto lo destacan, para nosotros es una cifra más, que no debiera sorprendernos, en tanto en un país donde la violencia gana terreno todos los días, es esperable este crecimiento, aún en el caso de que no todos los delitos se denuncien.
En tanto el sistema político suele perder tiempo (a nuestro entender) tratando de atribuirse recíprocamente las culpas de tener hoy esta situación, al gobierno actual o sus antecesores. No queremos saber si han aumentado o disminuido las rapiñas, los robos, los homicidios, los abigeatos.
Honestamente no creemos que sea lo más importante para la población uruguaya. Aunque como lo hemos señalado muchas veces, creemos que se ha errado el camino del combate y la prevención del delito.
En tanto sigamos pensando que la cuestión está en sancionar con mayor severidad estos delitos, para bajar el número de los mismos y evitar que la droga y el narcotráfico siga creciendo en el país, entendemos que no habrá salida y sólo cabe esperar el crecimiento del número de encarcelados y la violencia que cada día será mayor.
Mientras entendamos que hay salidas “mágicas” que nos darían una salida inmediata al problema, seguramente no cabe aguardar otra cosa que no sea un agravamiento del problema.
Pero no sólo esto, sino lo que vemos es que cada día más y más se comprueba que las cárceles ni siquiera cumplen con su función de reprimir el delito, debido a que por cada persona que “cae” preso, hay por lo menos otro que toma su lugar.
No con esto pretendemos decir que no se debe reprimir el delito, pero habría que saber exactamente cuál es la situación que se vive dentro de las cárceles, por qué y quien la impone.
Hartos estamos de escuchar que tales o cuales delitos actuales se orquestan desde las cárceles y son los propios reclusos hoy “privados de libertad” los que manejan el negocio.
Ante esto nos preguntamos. ¿nó se puede hacer nada para terminar con el “negocio”? ¿Quiénes los manejan, quienes están involucrados y demás detalles?
No es posible que haya personal policial dedicado a reprimir el delito, mientras que otros delincuentes obren a su alrededor. Seguimos confiando en la policía pero mientras no se admita que la realidad es muy diferente a la que habitualmente se da a conocer, no hay salida.
A.R.D.
