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BALTASAR BRUM: LA VIDA POR LA LIBERTAD

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Nuestro pueblo es un pueblo manso, acostumbrado a votar cada dos años, a dirimir los problemas en las urnas; está anonadado ante la caída de las instituciones. Hay que organizar, y para inculcar la idea de la resistencia hay que dar ejemplo. La patria reclama sangre (…) y yo le ofrezco la mía. Este gobierno fascista que hoy se inicia durará veinte años; con mi muerte tal vez yo reduzca esos veinte años a cinco”.

Estimados lectores.
Con esas palabras, hace 92 años, el 31 de marzo de 1933, el Dr. Baltasar Brum respondía a sus amigos y familiares que trataban infructuosamente de convencerlo de refugiarse en la embajada de España, ante su inminente arresto por las fuerzas policiales leales al Golpe de Estado perpetrado por el Presidente Terra en la madrugada de ese mismo día.
Tras la muerte de Don José Batlle y Ordóñez en 1929, la política nacional comenzó a tomar tintes de dudoso afianzamiento de los conceptos instaurados en la Constituyente de 1917, considerándose el retorno al Ejecutivo presidencialista, en vez de continuar con el bicéfalo vigente (Presidencia y Consejo Nacional de Administración).
Algunos, quienes en vida de Batlle defendían esa forma de gobierno, y los adversarios acérrimos de la misma vieron la oportunidad de modificar la Constitución ante los problemas económicos y sociales en los que se encontraba el país, achacándole al sistema colegiado los males imperantes por tornarse poco eficaz la gestión administrativa.
Ante este cambio de rumbo, se alzaron las voces de los batllistas, quienes, encabezados por el Dr. Brum, arremetieron duramente contra el Presidente Terra y sus momentáneos socios, entre los que se encontraban Herrera, Manini Ríos, Serrato, Williman, Campisteguy, entre otros connotados caudillos.
Una vez disueltos el Parlamento y el Consejo Nacional de Administración, la orden fue detener a varios opositores al régimen en ciernes, quienes desde hacía tiempo venían alertando a la población sobre los propósitos dictatoriales de Terra, a quien acusaban de ser simpatizante del fascismo, al igual que Herrera.
Cuenta Lincoln Maiztegui Casas que:
“A las 7 de la mañana de aquel 31 de marzo de 1933, dos policías, los comisarios Carlos Castelli y Mario Gamboa Ledes, golpearon la puerta del domicilio del ex presidente, en Río Branco 1394. Se les permitió pasar y se hizo presente Brum; cuando le dijeron que llevaban órdenes de detenerlo, respondió con firmeza que estaba dispuesto a resistir.
Cuando uno de los policías amagó ponerle una mano encima, Brum sacó un revólver que llevaba en el bolsillo derecho y apuntó a los policías.
—“¿Qué va a hacer, Dr. Brum?” —preguntó Castelli.
Ingresaron en ese momento dos amigos del ex presidente, y uno de ellos se dirigió al policía preguntando:
—“¿Trae usted orden del juez?”
—“No, señor, del Presidente de la República.”
Ante esa respuesta, Brum alzó el arma e hizo fuego dos veces; una de las balas pasó a centímetros de la cabeza de Gamboa y la otra hirió a Castelli en el brazo. Ambos policías se marcharon precipitadamente. Mientras descendían la escalera, Brum volvió a disparar sin dar en el blanco.
Cuando llegaban a la puerta de calle, apareció Blanca Nieves Frías (esposa de Brum), que les cerró el paso. En ese momento, un cuarto disparo del ex presidente voló la gorra de Gamboa.”
Al mediodía, Brum salió a la puerta junto a sus hermanos, Alfeo y Lirio, y su amigo el Dr. Eduardo Acevedo Álvarez. Se encontraba armado con un revólver en cada mano, caminando de un lugar a otro, desafiando al perímetro que rodeaba su casa.
Terra había ordenado cercarlo, pero que no lo tocaran. Luego de varias negativas, como la que reza el comienzo del artículo, Brum aceptó refugiarse en la embajada de España.
Los trámites hechos por su sobrino político, el Sr. Conrado Hugues, ante el Presidente Terra otorgaron el permiso de aquel para trasladarlo.
En momentos en que estaba todo listo, Brum, acusando a los presentes de traidores y cobardes, se dirigió a la calzada y, al grito de:
—¡Viva Batlle! ¡Viva la Democracia!
Se disparó en el corazón.
Alrededor de 5.000 personas (o más) acudieron al sepelio, y hasta el Presidente Terra, según su hija Matilde Terra, expresó:
“No puede ser, ¿cómo pudo haber pasado eso? ¡Si él había decidido albergarse en la embajada de España!”.
Más allá de los hechos históricos —cada cual hijo del contexto de su tiempo—, la defensa de los ideales debe estar siempre presente en la memoria de los pueblos.
Muchos han emulado la heroica entrega, que quizás en la actualidad parezca desproporcionada o melodramática, pero que, para aquellos hombres de honor, revestía la esencia del carácter y de los principios con los que se manejaban en su vida política, que nunca fue excluyente de la privada.
Depende de nosotros que en el porvenir no sean necesarios más sacrificios parecidos, teniendo en cambio muy presente la enseñanza y el ejemplo del patriotismo de nuestros mártires, y en especial el de Baltasar Brum, quien dio la vida por la libertad.
Celebrar 40 años ininterrumpidos de democracia, en la cual los principales partidos, per se o coaligados con los minoritarios, han gobernado el Uruguay, habla de una idiosincrasia madura, pero que, como todo en la vida, debe ser protegida.

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