María Marta Mazzulla Albisu: una vida dedicada a la psicología y al vínculo humano

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La psicóloga María Marta Mazzulla Albisu repasa su trayectoria de más de tres décadas, su visión integral de la salud mental y su compromiso con la prevención y el vínculo humano.

Con una trayectoria que supera las tres décadas de ejercicio ininterrumpido, la psicóloga María Marta Mazzulla Albisu ha construido un camino profesional profundamente ligado a la vocación, la honestidad y una mirada integral del ser humano. Desde aquel 21 de diciembre de 1995 en que obtuvo su título —y al día siguiente ya recibía a su primer paciente— hasta hoy, su labor ha estado marcada por el compromiso, la formación constante y la convicción de que la salud mental no puede pensarse de manera aislada, sino como parte de un todo biopsicosocioespiritual.

Hija de médicos, creció en un entorno donde la biología y la medicina ocupaban un lugar central. Sin embargo, aun siendo muy joven, sintió que había un espacio que necesitaba mayor atención: el mundo emocional, mental y espiritual de las personas. En una época en la que la psicología no tenía la visibilidad ni la naturalidad social que posee hoy, decidió apostar por ese camino, convencida de la importancia de una mirada más amplia, integral y preventiva de la salud.

A lo largo de su carrera trabajó en múltiples ámbitos: educación primaria y secundaria, formación docente, atención clínica, centro médico y durante una década en Sanidad Policial del Ministerio del Interior, desempeñando tareas de evaluación, seguimiento y acompañamiento familiar en un contexto predominantemente masculino. También es fundadora de espacios vinculados a la prevención y el abordaje de las adicciones en el departamento, reafirmando su compromiso con las políticas públicas en salud mental.

Además de su rol profesional, María Marta se define desde lo humano: madre de Josefina y Joaquín, abuela de Dante y orgullosa de su familia, encuentra en lo sencillo de la vida su mayor fortaleza. Con firmeza, fe y una honestidad que reconoce le ha traído tanto satisfacciones como desafíos, sostiene que el vínculo salva, que pedir ayuda no es un signo de debilidad y que la prevención es el gran desafío pendiente en nuestra sociedad.

Hoy, en esta historia de vida, conocemos no solo a la profesional, sino también a la mujer que eligió escuchar, acompañar y trabajar por una sociedad que entienda que la salud mental es tan esencial como cualquier otra dimensión de la salud.

Por tal motivo, la protagonista de la historia de vida de hoy es la Psicóloga María Marta Mazzulla Albisu.

¿Cómo está compuesta tu familia?
—Tengo dos hijos, Josefina y Joaquín, ya son grandes, 26 y 28 años, y tengo un nieto de 6 años que ayer empezó primer año, Dante. Tengo que incluir a Marcos, el esposo de Josefina, mi yerno; ese es mi núcleo familiar cercano.

¿Cuándo supiste que querías dedicarte a la Psicología?
—Creo que nunca tuve dudas, no sé la fecha exactamente ni a qué edad, pero sí que era el área a la que me quería enfocar, a pesar de la corta edad. No sé si era por influencia probablemente de mis dos papás, que eran médicos, que toda el área biológica estaba como muy… Yo entré a Facultad en el año 1990. A mí no me da prurito la edad; ahora en diciembre hizo 30 años que me recibí.

Vuelvo al punto que me preguntaste: veía la parte biológica muy marcada en nuestra sociedad y con mucha tensión se ponía el foco ahí, y no sé, eso era más intuición, no por otra cosa, porque tenía muy corta edad. Era como que el área psicológica, mental, emocional, quedaba en otro lugar, y eso lo recuerdo y me parecía súper importante.

Es más, yo en muchos momentos me sentí, no sé, propio de la adolescencia capaz, o triste, y más allá del apoyo sentía que faltaban otros aportes. Ya había psicólogas en ese momento muy renombradas, las pioneras de acá de Salto, pero no era lo usual. Todo parecía que se debía solucionar desde lo médico, que obviamente es súper importante, pero no había aún estos términos, no los tenía en ese momento: una postura integral, holística.

Y está costando, porque pasan los años, yo ahora lo veo así y sigue cada vez menos… y se habla mucho de lo integral, lo holístico, somos un todo. Yo siempre digo que el ser humano es un ser biopsicosocioespiritual, porque incluso la parte espiritual, la parte de trascendencia —que acá no hablamos de religiones— también es un área importante en la vida del ser humano. Un poco por ahí fue mi comienzo; capaz no lo tenía tan claro en palabras como hoy lo puedo decir, pero ese fue el motivo.

¿Qué te enseñó como persona la Psicología?
— La Psicología me enseñó tantas cosas que me cuesta separar lo que es la Psicología de la vida cotidiana, porque se hace difícil decir ‘esto me lo enseñó la Psicología’. Yo en general jamás me defino; obviamente no me define la Psicología, es una labor que hago, me encanta, tengo vocación y he trabajado ininterrumpidamente. Un 21 de diciembre del 95 me recibí y al otro día que estaba en Salto tuve mi primer paciente.

¿Te acordás ese día? ¿Ese primer paciente te marcó?
— Claro que me marcó. Obviamente no voy a nombrar a esa persona, pero sí me marcó. Además fue muy interesante porque yo ya venía con otra área que yo trabajo, que se hablaba muy poco, era muy tabú, era como muy raro, se veía con recelo incluso dentro de mi familia, mi papá sobre todo, con una formación científica más clásica, la medicina, gastroenterólogo. Mi mamá era más abierta, ella era pediatra y era de mandar a los chicos al psicólogo, también era la visión que ella tenía, además de ser pediatra.

¿A qué voy? Que la persona va porque yo además de psicóloga había puesto terapias complementarias. Entonces me parecía a mí honesto, y en ese momento, que la persona que fuera al consultorio supiera o que me llamara que yo además de ser licenciada en Psicología —es decir, la carrera formal, con todo lo universitario y con título inscripto en Ministerio de Salud Pública, Ministerio de Educación y Cultura y todo eso— también tenía formación en otras áreas que para mí son complementarias.

Nunca las llamé alternativas, porque para mí es un todo en la vida y hay un complemento; no podemos prescindir, obviamente que no todo sirve para todo, pero hay que tener una mirada y realizar un buen diagnóstico para ver qué es lo más conveniente para esa persona, porque somos una singularidad. Y esa paciente fue por Flores de Bach, no me olvido más. Llamémosle que el gancho fue Flores de Bach. Así como mucha gente no habrá ni irá conmigo porque tengo esa visión más amplia o habrá prejuicios, no lo sé; eso es libertad de cada persona y a mí me parece genial. «

En la parte de la Psicología, ¿una historia que te haya marcado por algo en especial?
— Hubo muchas historias. Las más duras son cuando tenemos madres que han perdido a sus hijos, son durísimas. Y después un señor que en ese momento me plantea esto. Mirá, te diré que yo estaba embarazada de uno de mis hijos —fijate, te digo 26 y 28 años— y el señor me dice que se quiere quitar la vida pero primero va a atentar contra toda su familia.

Me sentí muy vulnerable ese día, en ese momento, y además embarazada. Tenía una panza ya grande, se notaba mi embarazo, no era que pasara desapercibido, a pesar de que siempre fui una mujer grande, pero ahí se notaba. Y bueno, yo soy muy creyente, tengo mucha fe, y tomé las medidas. En ese momento era fácil ubicar familiares y realmente pude sortear esa situación felizmente, pero fueron situaciones… te marco esas como algo realmente… hay muchísimas más, imagínense en 30 años, pero esas fueron de las más dolorosas, las que te contaba antes y esa puntualmente con ese señor. Gracias a Dios ni el señor logró ninguno de los cometidos. Esas fueron un poco las situaciones que se me vinieron así en este momento.

¿Qué creés que la sociedad aún no comprende del trabajo de la Psicología?
— Un poco lo que charlábamos acá con el compañero que está acá detrás de cámaras, es colega: que piensan que uno, teniendo esta profesión, tiene una vida perfecta. No existen las vidas perfectas, que no vamos a cometer errores, que no vamos a sufrir. Es como si uno dijera: ‘No, mirá, el médico nunca va a tener una apendicitis y nunca va a estar enfermo’.

Nosotros también sufrimos, también podemos caer en la ansiedad, depresiones u otros tipos de trastornos. Por ahí tenemos un poquito más de capacidad de ver o entender, aunque a veces para uno cuesta ver lo propio; por algo uno tampoco atiende a familiares ni a los propios hijos. No se te ocurre y es difícil autodiagnosticarse, cuando no imposible. Siempre la mirada del otro, porque acá yo creo que lo vincular es lo más importante, nos salva, el vínculo salva, y eso en todo.

Pero creo que eso es un poco de las cosas que por ahí la gente no comprende. O ni hablar el peso con los hijos: ‘hijo de psicóloga’. Ay, por favor, espero que a mi nieto no le digan ‘nieto de psicóloga’, porque pobrecito parece que tuvieran que ser… Y mis hijos, como cualquier jóvenes, niños en otra etapa, eran lejos de ser niños modelos; eran niños comunes y corrientes con todas sus cosas.

‘Ay, pero era una condena’, sobre todo para mí, que era la madre. Y aparte en esa época había una mirada del psicólogo muy americana, norteamericana, de ‘su majestad el bebé’. ¿Qué significa eso? Que al niño hay que permitirle todo; era como que si el niño quería pintar todas las paredes de la casa, dar vuelta la casa, era lo permitido. Cosa muy alejada de la realidad, porque el límite siempre es sano. El límite es sano. Entonces venía el prejuicio: ‘hijos de psicóloga hacen cualquier cosa, les permiten cualquier cosa, la casa es un viva la patria’. Nada más lejos de la realidad; podría pasar, pero no por permisión de uno.

En el ámbito laboral, ¿sentiste alguna vez que no tenías oportunidades por ser mujer o siempre fue igual hombres y mujeres en la Licenciatura en Psicología?
— Nunca fui consciente. Solamente en un momento, a pesar de eso, yo trabajé en muchos ámbitos. Trabajé en la educación muchos años, desde el 96 hasta el 2016, tanto en Primaria —ahí enseñaba inglés—, luego en Secundaria, que estaban los espacios en las áreas de adolescentes en áreas definidas. Había unas áreas, la famosa Área 4, que los gurises le decían el ‘área de los locos’, horrible la discriminación de eso. A veces estuve horas de psicóloga en algunos liceos y después trabajé también como docente en el CERP muchos años en el área de Psicología y también en el Centro Médico un tiempo.

Y entré en un ámbito que es sumamente machista, me hago cargo de lo que digo. Di un curso y entré en Sanidad Policial, Ministerio del Interior, donde trabajé diez años. Luego pedí la baja porque yo tenía discrepancias con cómo se trabajaba y yo no voy a cambiar un sistema. Ahí por ahí se sentía, es un ámbito netamente masculino y muy marcado por lo masculino; no porque me hicieran algo a propósito, sino porque ya la institución tiene ese sesgo y es muy difícil cambiar eso.

Ahora lo miro con otra edad y claro, estaba en esa lucha; parece que salía yo con la espada y el escudo. Mi tarea era de evaluación de los ingresos, también el tema de portar las armas, retirar las armas. No era sencillo y eso generaba tener bastante firmeza, además de atención al ámbito familiar, de la familia del policía. Era bien variada. En el 2016 tomé la decisión de pedir la baja. Capaz ese fue el ámbito donde fue más evidente; capaz hubo otros, pero conscientemente no recuerdo otros ámbitos.

¿De qué te sentís orgullosa?
— Me siento orgullosa… no sé. A mí lo que más me gusta en esta vida, y no sé si es un ir al orgullo, son mis dos hijos, porque son mis hijos, no es porque tengan cualidades que vos digas… tienen sus cualidades, pero una mamá… Mis dos hijos, mi nieto, es decir, lo sencillo de la vida.

Me siento orgullosa de mi lugar de trabajo, del residencial que tengo hace 12 años para adultos mayores, con errores, con aciertos, pero poniéndole lo mejor. Creo que si me siento orgullosa de una característica mía es el ir de frente, de ser honesta, que eso me ha llevado a tener muchísimos problemas en esta vida, demasiados. Recuerdo que mi mamá me decía: ‘Te conviene hacerte un poquito la boba’. Tenía tanta razón, ahora que uno es más grande sí.

Y estoy muy orgullosa de muchas cosas y a su vez soy muy agradecida, muy, muy agradecida. Trato de buscarle lo bueno aun en situaciones muy difíciles, que no han sido pocas, como todo ser humano que nos ha tocado vivir. «

¿Qué le podés decir a aquellos jóvenes que están empezando a estudiar Psicología?
— Si tienen ganas de estudiar, que si les gusta la carrera lo hagan, que lo realicen. Se precisa gente que tenga vocación. Acá nadie se va a hacer ni rico ni millonario con esto. Se necesita mucha gente.

Ojo que hay gente que no es psicólogo y es muy humana, muy cálida y muy empática, pero también esto, ya que tengo este espacio y llega a mucha gente, me gustaría decir que a veces solamente con la empatía, un buen vínculo, que es una escucha y que es bueno, es importantísimo, pero hay que recurrir a profesionales. Es decir, la ayuda profesional no sustituye a la mamá, al papá, a los amigos, como el psicólogo no va a sustituir ni a la pareja, ni a la mamá, ni a los amigos.

Que la gente consulte, que esto no es para locos, que es como ir al dentista, ir a otro profesional. Que pidan ayuda, por favor, pidan ayuda. ¿Tienen alguna duda? Vayan, consulten, hablen con la familia. Pasan cosas muy duras. Basta ver, cuando digo estadísticas no por pensar que las personas son estadísticas, pero basta ver números para ver cómo está la salud mental.

Se necesita mucho más para salud mental, pero ya en políticas públicas —no estoy hablando de políticas partidarias, por favor, me gusta dejar claro eso—, políticas públicas centradas en lo que es la salud, la salud mental, por favor.

Otro tema: soy una de las fundadoras de Ciudadela y también de la Junta Nacional de Drogas acá en Salto, la departamental, toda esa área que tiene que ver con las adicciones, el consumo problemático. Es decir, hay muchísimo para hablar de esto, es vastísimo.

Pero por favor, las personas que tienen —ya no voy al estudiante—, voy a las personas que tienen en sus manos la capacidad, el poder de incidir y que pueden representar lugares donde están: por favor, se precisan urgente políticas centradas en salud mental, en promoción de hábitos saludables de vida. Porque acá hemos centrado, venimos con una escuela y con una postura en nuestro país desde la salud, desde el área de la intervención, ya del tratamiento y no de los diagnósticos tempranos y mucho menos de la prevención.

Se puede hacer tanto desde la prevención. Claro, uno dice: ‘Y bueno, no se ve, se evita mucha cosa’. Se evita y eso no lo vamos a ver nunca, pero promover hábitos que ya están súper estudiados, que ayudan, eso es central.

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