La actividad policial comenzó a las 09:00 de la mañana del 8 de mayo, cuando efectivos se desplazaron hasta una vivienda en la calle Juan Carlos Gómez al 200 debido a un hurto. Al llegar, el propietario denunció que personas desconocidas sustrajeron una cámara de videovigilancia que se encontraba instalada en el exterior de su domicilio. Actualmente, las autoridades trabajan para esclarecer el hecho.
Personal Policial acudió de inmediato a estos hechos efectuados
Más tarde, a las 14:20 horas, se produjo un grave incidente en la intersección de las calles Dr. Matilde Albisu y Florencio Sánchez. Un hombre de 35 años relató que, mientras estaba afuera de su casa, fue abordado por dos personas con quienes mantiene conflictos previos. Según su versión, ante un intento de agresión, utilizó un objeto contundente para defenderse, golpeando en la cabeza a uno de los individuos.
En ese mismo momento, un joven de 19 años y su hermano de 16 años se presentaron ante los oficiales, denunciando que el hombre los atacó mientras ellos simplemente circulaban frente a su domicilio. El mayor de los hermanos presentaba un sangrado visible, por lo que fue trasladado a un centro asistencial. El médico de guardia diagnosticó «traumatismo de cráneo con herida abierta que requiere sutura». La Fiscalía de turno fue informada del caso y todas las partes involucradas fueron trasladadas a la dependencia policial para tomar declaraciones.
La jornada comenzó con una serie de siniestros de tránsito que requirieron la intervención de las autoridades.
A las 06:00 de la mañana del 8 de mayo, el personal policial acudió a la intersección de la calle Florencio Sánchez y la Avenida Pascual Harriague. En el lugar, un hombre de 42 años que conducía su moto Winner Orion por la avenida resultó lesionado tras colisionar con un auto Volkswagen Gol, manejado por una mujer de 30 años que intentaba tomar la mencionada avenida. El motociclista fue diagnosticado con «politraumatismo de pelvis» y trasladado al Centro Médico de Salto por una unidad de UCMS.
Foto generada por Gemini IA ilustrativa
Más tarde, a las 11:25 de la mañana, se registró otro incidente en el cruce de las calles Acuña de Figueroa y Sarandí. Un hombre de 22 años que circulaba en una moto Zanella Sapucai hacia el este impactó contra un auto Toyota Corolla, conducido por una mujer de 68 años que se desplazaba hacia el norte. El joven sufrió politraumatismos leves y un golpe en su pierna derecha, siendo derivado por la ambulancia al Hospital Regional Salto. En ambos casos, la Brigada Departamental de Tránsito trabajó en las escenas para realizar las pericias correspondientes.
El 9 de mayo de 1988, la ciudad de Salto vivió una jornada que quedó grabada en el alma de su gente. No fue solo un evento religioso; fue un hito histórico para el norte uruguayo, enmarcado en la segunda visita de San Juan Pablo II al país.
El Día que el Cielo Bajó a la Costanera
Aquel lunes, Salto amaneció bajo un cielo gris y un aire fresco, pero la calidez del pueblo salteño compensó el clima. A las 10:15 de la mañana, un Boeing 737-200 de la aerolínea PLUNA (especialmente decorado con el escudo papal) aterrizó en el Aeropuerto de Nueva Hespérides.
Al bajar la escalerilla, Juan Pablo II repitió su gesto icónico: se inclinó y besó la tierra salteña. Fue recibido por el intendente Eduardo Malaquina y una comitiva que lo escoltó en el «Papa Móvil» a través de una ciudad volcada a las calles, decorada con banderas blancas y amarillas.
Un Altar de Eucaliptus y Paja
El escenario de la celebración fue el Parque Mattos Neto, en la Costanera Sur. A diferencia de los grandes estadios, Salto ofreció al «Papa Viajero» un altar que reflejaba la identidad del campo uruguayo: una estructura humilde construida con troncos de eucaliptus y techo de paja quincha.
Frente a este altar, se congregó una multitud calculada en más de 60,000 personas, incluyendo a miles de fieles que cruzaron desde Concordia, Argentina, desafiando las fronteras para escuchar el mensaje de paz del «Vicar de Cristo».
El Mensaje a los Trabajadores
Durante la homilía, el Papa centró su discurso en el valor del trabajo y la dignidad humana, conectando con la realidad productiva de la región. Fue una misa cargada de simbolismo donde se entregaron ofrendas típicas de la zona, como cítricos y productos de la tierra.
Uruguay tiene una profunda vocación de paz y libertad. No perdáis nunca la esperanza
Su Santidad, Juan Pablo II
Su Santidad Juan Pablo II junto a Monseñor Galimberti durante su visita a Salto
El Legado: Del Fuego al Monumento
Aquel altar de paja, símbolo de sencillez, tuvo un final trágico poco tiempo después al ser destruido por un incendio intencional. Sin embargo, el lugar ya era sagrado para los salteños.
Años más tarde, se erigió en el mismo sitio un monumento permanente que hoy conocemos como la Plaza del Papa, donde una cruz de hierro y una placa recordatoria señalan el punto exacto donde el mundo puso sus ojos en Salto. Hoy, a casi cuatro décadas de aquel encuentro, la visita sigue siendo recordada como el día en que la capital del norte uruguayo se convirtió en el centro de la fe rioplatense.
En la jornada de la víspera, nuestro departamento soportó una intensa tormenta de agua y lluvias en algunas zonas de la ciudad. Felizmente, los vientos que se anunciaron no se dieron y, por lo tanto, las dificultades se centraron en algunas enchorradas en canales y alcantarillas de algunos barrios, donde varias personas tuvieron que soportar que el agua entrara en sus domicilios.
Y es ahí donde la intervención del CECOED estuvo presente, según lo manifestado por Aquiles Mainardi, director del organismo local.+
Desde el martes estaban en alerta
Mainardi y su personal tenían conocimiento de esta situación:
“Sí, nosotros teníamos desde el martes en la tarde, en comunicación con el SINAE y con INUMET, una advertencia de que íbamos a tener en el transcurso de la semana varios sucesos, donde la advertencia meteorológica iba a tener sus consecuencias más importantes a partir de la mañana de ayer, del día jueves, desde las primeras horas de la mañana, con probabilidades de lluvias intensas en corto tiempo y probabilidades de vientos fuertes y altamente fuertes, que por suerte no se dieron en esta parte del país.
Si bien uno puede ver por algunos medios en departamentos vecinos, eso no ocurrió y también había posibilidad de alguna granizada. Nosotros lo que tuvimos fueron reclamos por enchorradas, por algunos canales y alcantarillas, algunos pasos desbordados, consecuencias de esas enchorradas y, en algunos lugares donde esas alcantarillas estaban obstruidas, el ingreso de agua en algunos domicilios”.
Puntos críticos en la planta urbana
¿Las enchorradas concretamente se dieron en algunos barrios?
“Sí, por lo general son puntos que nosotros tenemos declarados como críticos. Si bien en algunos hemos ido haciendo un trabajo previo, todavía no hemos logrado alcanzar la totalidad de esos puntos que consideramos más complejos.
Se da sobre todo en la periferia de la ciudad, en la zona de algunos asentamientos, pero básicamente en toda la periferia de la ciudad, que son los barrios un poco más complicados, sobre todo en cuanto a los pluviales y a las canalizaciones de esas aguas”.
Se fue el agua y la tormenta, pero llegó el frío, con un marcado descenso de temperatura, lo que afecta principalmente a las personas en situación de calle, y al igual que en la capital del país, en Salto también hay una alerta roja al respecto.
“Sí, nosotros conjuntamente con eso teníamos dos alertas en el día de ayer, una que se decretó a nivel nacional a través de Presidencia, la alerta roja por frío u ola polar para las personas en situación de calle, y esta alerta naranja que tuvimos también en las primeras horas de la mañana por inclemencias climáticas”.
Ya se tomaron cartas en el asunto
El CECOED ya ha puesto en marcha todo el engranaje de su organismo, en conjunto con otros organismos, como el Ministerio de Desarrollo Social y el Ministerio del Interior, según lo confirmó Mainardi:
“En cuanto a la alerta roja para personas en situación de calle, esto se adelantó. Si bien estaba previsto para el próximo 15 de este mes, se adelantó dadas también estas condiciones del clima que iban a ser bastante complejas.
Y bueno, a partir de ayer se generó todo un operativo, primero con la convocatoria del intendente al Comité Departamental de Emergencias, que ayer en las primeras horas de la mañana estuvimos reunidos tratando de trazar una estrategia para el traslado de esas personas.
A partir de este decreto de alerta roja, el traslado es obligatorio de las personas que están durmiendo en la calle a uno de los dispositivos de refugio que tenemos acá en el departamento, y esto lo hemos hecho a partir de la tarde-noche de ayer conjuntamente con el Ministerio del Interior, bajo lineamiento del Ministerio de Desarrollo Social, que es quien lidera este operativo y quien marca un poco las líneas de las políticas sociales en el país”.
En alerta permanente
“Nosotros desde el gobierno departamental estamos contribuyendo en lo que sea necesario. Esta tarea está marcada en lo que es el traslado obligatorio de esas personas a un refugio, a un lugar más confortable y más seguro para pasar la noche, por lo menos en estos primeros días, sabiendo que tenemos todo un invierno por delante y que teníamos una advertencia meteorológica, que primero iba a ser de lluvias intensas y con el correr del día el descenso brusco de la temperatura, como estamos pudiendo notar”.
Si es algo que le interesa al ciudadano común, es vivir con tranquilidad y seguridad, para él y su familia, algo que no está ocurriendo, tanto a nivel local como en la capital del país.-
En nuestro medio, ya se está haciendo común los incidentes con lesionados en distintos barrios, los cuales en su mayoría terminan en un centro asistencial.-
Yendo un poco más lejos, a 500 kilómetros de la capital salteña, es decir Montevideo, es un caos total, nadie está seguro en estos momentos.
El capitalino se ha vuelto impaciente y violento. Sin ir más lejos el caso del delevery, oriundo de Venezuela, en circunstancias que hacía su trabajo repartiendo alimentos, mantuvo un incidente con el conductor de un auto, en el cual resultó muerto.-
También en la planta urbana de la capital uruguaya, un individuo que conducía un vehículo, subió a un ómnibus, reclamándole que le había roto un espejo de su auto, y por esa razón, estando el chofer del bus sentado en su asiento, lo tomó a golpes de puño, quedando el conductor del ómnibus desmayado.-
Y si nos enfocamos en la delincuencia, tenemos que decir que ha crecido y quienes tienen que frenarla, hacen caso omiso al ciudadano afectado. Por ejemplo, no hay zona – o – barrio que no sufra hechos delictivos.-
En pleno barrio Pocitos, una señora mayor de edad, fue víctima de una rapiña por una persona que conducía una moto, para robarle su cartera, y al resistirse la arrastró por el pavimento, provocándole lesiones graves, por lo fue internada en CTI, pero felizmente se recuperó.-
En este último caso, se llamó a la Policía, los mismos demoraron más de media hora en llegar al lugar de los hechos, y testigos de la zona señalaron que la mayoría de las veces no responden al llamado de auxilio.-
La guerra de bandas es un tema aparte, todos los días se enfrentan con disparos de armas de fuego en los barrios periféricos, y muchas veces, personas mayores y menores de edad salen heridos como consecuencia de esas situaciones, en la que nada tienen que ver.-
En definitiva, a esta altura de los acontecimientos, el ciudadano común tiene la certeza que no está cuidado por quienes realmente tienen que hacerlo, que es la Policía. Hay una pasividad por parte de las fuerzas del orden que asusta, de nuevo, nadie está seguro cuando transita por la vía pública.-
Es de conocimiento que los efectivos tienen capacidad, entrenamiento, armas, y un poder de fuego de alto poder como para poder repeler a la delincuencia, algo que no se visualiza en la actualidad. El actual Ministro del Interior, ha divulgado diversos planes de acción para revertir esta coyuntura, pero la realidad que se vive dentro de la ciudadanía, hasta el momento, es totalmente diferente.-
Próximo a la hora 09:00 del 6 de mayo, personal policial concurrió a una chatarrería ubicada en la intersección de avenida Pascual Harriague y calle Washington Beltrán por un hurto denunciado en el lugar.
Los efectivos entrevistaron a un hombre de 50 años, quien manifestó haber constatado el faltante de un motor de máquina de esquilar, dos pares de elásticos, tres sillas de hierro forradas en cuero y dos tanques de 200 litros, entre otros efectos.
Por otra parte, a la hora 11:35, personal policial se hizo presente en un taller mecánico ubicado sobre avenida Gobernador de Viana, a la altura del 1000, también por un hurto. En el lugar, el denunciante expresó que próximo a la hora 10:40 constató el faltante de un gato hidráulico, sin detectar daños en el local.
La Policía trabaja en el esclarecimiento de ambos hechos.
Un hombre de 72 años forcejeó con un delincuente que asaltó su auto en Lavalleja y Uruguay. El autor fue condenado a 13 meses de libertad a prueba en Salto.
Imagen generada con ChatGPT para EL PUEBLO
Próximo a la hora 00:30 del 6 de mayo, personal policial concurrió a la intersección de calles Juan Antonio Lavalleja y Uruguay por una rapiña ocurrida en la zona.
En el lugar, los efectivos entrevistaron a un hombre de 72 años, quien manifestó que había concurrido a un cajero automático, dejando a su esposa, de 71 años, dentro del vehículo. Según relató, al regresar al automóvil un desconocido se subió al asiento trasero y, mediante amenazas, exigió la suma de $1.000.
Ante la negativa, la víctima encendió el vehículo y continuó la marcha por calle Lavalleja. Al llegar a la intersección con José Pedro Varela, el conductor detuvo el automóvil y ambos descendieron. En ese momento, el delincuente trabó lucha con el hombre de 72 años y luego se dio a la fuga, logrando hurtar una cartera que se encontraba en el asiento de la acompañante.
Las las actuaciones policiales y judiciales correspondientes, el Juzgado Letrado de Primera Instancia en lo Penal y de Adolescentes de Segundo Turno de Salto condenó a L.D.B.A. como autor penalmente responsable de un delito de hurto especialmente agravado.
La Justicia dispuso una pena de trece meses de prisión, sustituida por un régimen de libertad a prueba, debiendo cumplir con residencia fija, control y vigilancia de DINAMA, presentación semanal en la seccional policial correspondiente y tareas comunitarias durante treinta días, dos veces por semana.
Columna de opinión sobre el rol del Estado y su impacto en la familia, con una mirada crítica sobre políticas públicas, educación, impuestos y valores sociales.
“No existe tal cosa como la sociedad. Hay hombres y mujeres individuales, y hay familias.”
Margaret Thatcher
La Constitución establece con claridad que la familia es la base de la sociedad y que el Estado debe protegerla y garantizar su estabilidad. Sin embargo, entre ese mandato y la realidad cotidiana existe una brecha cada vez más evidente.
En los hechos, numerosas leyes y políticas públicas van en sentido contrario: lejos de fortalecer a la familia, terminan debilitándola, sustituyéndola o erosionando sus funciones esenciales.
Esto plantea la siguiente pregunta: ¿se ha convertido el Estado en un factor de disolución de la familia?
La respuesta es, sin duda, afirmativa. A medida que el Estado crece y expande su ámbito de acción, las familias pierden espacio, autonomía y protagonismo. Esta relación no es casual: distintos indicadores muestran una preocupante disminución en la conformación y estabilidad de los núcleos familiares, al mismo tiempo que se registra un incremento sostenido de estructuras burocráticas. Así, mientras la familia se debilita como institución central de la sociedad, el aparato estatal avanza ocupando funciones que antes le eran propias. El nuevo sentido de familia parece estar ligado a oficinas burocráticas.
El Estado es el principal enemigo de la familia natural, y aquí te ofrezco diez ejemplos que ilustran con claridad cómo determinadas políticas y enfoques estatales impactan —directa o indirectamente— en la estructura, la estabilidad y el sentido de la familia.
PRIMERO: Eliminando a sus miembros y elevando ese acto a la categoría de “derecho” y “salud”: antes del nacimiento, a través del aborto; y en etapas posteriores de la vida, mediante la eutanasia, lo que implica una profunda controversia sobre el valor y la protección de la vida humana en el seno de la sociedad.
SEGUNDO: Haciéndole perder toda referencia cuando el Estado impone a todas las familias una ideología de género, relativista y hedonista, completamente contraria a la naturaleza humana, sin respaldo en la ciencia y en contra de la biología. De esta forma el Estado hace perder a las familias toda identidad y, de paso, destruye la inocencia de nuestros hijos.
TERCERO: Diluyendo la institución familiar al equiparar todo tipo de uniones —sean pasajeras o estables— bajo un mismo concepto, sosteniendo que todas son equivalentes y lo mismo. Y recientemente aprobando una ley en la que los apellidos se pueden intercambiar, lo que no solo hace perder identidad sino que puede derivar en conflictos familiares. Igualar lo desigual es hacerle perder valor a la única institución de la sociedad que entrega lo más preciado y lo más valioso para la sobrevivencia de una sociedad: los hijos. Esto implica desdibujar el valor específico de la familia basada en la complementariedad de padre y madre, orientada a la procreación y crianza de los hijos, generando así una percepción de devaluación de ese modelo.
CUARTO: Convirtiendo al Estado en proveedor casi exclusivo y desplazando funciones que históricamente corresponden a la familia, supliendo el rol de la familia por una creciente burocracia que asume áreas como la seguridad social, las pensiones o la salud. Esto debilita los lazos de solidaridad intergeneracional y genera una pregunta inquietante: si el sustento en la vejez queda garantizado por el sistema, ¿qué lugar ocupa entonces el rol de los hijos dentro del proyecto familiar?
QUINTO: Generando un elevado costo de vida, fruto del peso y diseño del Estado de bienestar, que impacta directamente en las decisiones familiares. En este contexto, no son pocos quienes postergan o renuncian a tener hijos ante la percepción de no poder afrontar los costos materiales que implica su crianza.
SEXTO: Promoviendo desde el Estado organizaciones de feministas radicales del género que son enemigas de la familia y promueven una visión confrontativa entre el hombre y la mujer, mostrando la maternidad y el matrimonio como sinónimo de opresión patriarcal, y donde gestar un hijo es un síntoma de esclavitud. Organizaciones cuyo fin es destruir al hombre, dedicadas a construir relatos de abusos y violencia, que luego concretan en denuncias falsas, que destruyen la vida de uno de los miembros de la familia y, de paso, deja hijos huérfanos de padre.
SEPTIMO: Se promueve la cultura de la dependencia en la que se enfatizan los derechos por sobre los deberes, debilitando valores como el mérito, la responsabilidad individual y la cultura del esfuerzo, pilares fundamentales para el desarrollo autónomo de las personas y la solidez de las familias.
OCTAVO: Empobreciendo a las familias a través de una elevada carga impositiva y un alto costo del Estado que reduce significativamente el fruto de su trabajo. Cuando los ingresos del hogar se ven limitados, disminuyen también las posibilidades de proyectar, crecer y sostener una familia. Así, el Estado no solo restringe la autonomía económica, sino que además intenta reemplazar, con esos mismos recursos, funciones que originalmente pertenecen al ámbito familiar.
NOVENO: Debilitando la autoridad de los padres cuando el Estado asume un rol predominante en la formación de los hijos dentro del ámbito educativo. Un adoctrinamiento que se traduce en una intromisión en contenidos y valores que tradicionalmente correspondían al hogar, lo que desplaza a la familia como principal referente educativo y formativo.
DECIMO: Facilitando la disolución del vínculo matrimonial mediante mecanismos cada vez más ágiles, como los divorcios exprés o unilaterales sin causa. Hoy es más simple disolver una unión primordial de la sociedad, que abarca hijos y todo un entramado sustancial, que terminar y rescindir un contrato de alquiler. Claramente, eso transmite la idea de que el compromiso matrimonial tiene poco valor institucional.
Estas son solo algunas de las múltiples formas en que un Estado sobredimensionado destruye la estructura familiar.
La familia es una institución que produce terror entre los poderosos. Es difícil de corromper, ofrece más seguridad que el estado, otorga una identidad y algo que nos trasciende, pero también nos puede dar un mayor grado de autonomía.
La identidad, las vivencias, las raíces y los recuerdos de un ser humano no proviene del Estado ni de los burócratas, sino de las familia fuertes y constituidas. Por eso la familia es la institución más importante que nos blinda del poder, y es por ese mismo motivo que el poder la quiere destruir.
Para resumir, si queremos hacer frente a un Estado cada vez más creciente, invasivo y opresor, nuestra principal arma son nuestras familias.
Hoy en día defender la familia, el matrimonio y la maternidad es un acto de rebelión, es defender la base misma de una sociedad sana, próspera y verdaderamente libre.
«La soberbia es la enfermedad de la voluntad que cree que puede crear un mundo a partir de la nada, ignorando que el poder sólo es legítimo cuando nace de la pluralidad y el reconocimiento, no de la fuerza de un hombre solo»
(Arendt, 2005, p. 112).
La historia del pensamiento político occidental se ha definido por la tensión dialéctica entre la “auctoritas” espiritual y la “potestas” secular, una relación que hoy está experimentando una fractura sísmica. El epígrafe de Benedicto XVI que abre estas líneas no es una concesión al subjetivismo posmo-progre, ni a la autonomía moral de corte ilustrado, sino que, por el contrario, representa la reafirmación de una antropología teológica profundamente católica. La “conciencia” a la que aludía el entonces cardenal no es el refugio del deseo individual, sino el lugar de un encuentro objetivo con la Verdad. En la tradición del Magisterio, el reconocimiento de este “sagrario” implica que el Estado no es la fuente última de moralidad ni el dueño absoluto de ninguna persona. Esta distinción es la que hoy se ve amenazada por el discurso de mandatarios que, al pretender tutelar incluso la existencia física de la sede apostólica, olvidan que la Iglesia no le debe su supervivencia a la protección de ningún César, sino a su fidelidad al Logos.
El reciente enfrentamiento entre Donald Trump y el Papa León XIV, catalizado por la escalada bélica entre Irán, Estados Unidos e Israel, no constituye una de las tantas desavenencias diplomáticas, sino una colisión de paradigmas ontológicos sobre la salvación y el orden global. Cuando el líder norteamericano afirma en sus redes sociales que, de no ser por su presencia en la Casa Blanca, el Pontífice no estaría en el Vaticano, no sólo ejerce una retórica de dominio, sino que intenta subordinar la esfera de lo sagrado a la lógica de la protección transaccional mafiosa. Esta postura evoca un mesianismo político que vacía de contenido la trascendencia para convertirla en un accesorio del poder estatal, donde la legitimidad del representante de Pedro quedaría supeditada a la benevolencia del “César” de turno. Tal pretensión choca de frente con la libertad de la Iglesia, defendida históricamente contra todo totalitarismo, tal como señaló León XIII en su encíclica sobre la libertad cuando expresó que “la libertad de conciencia, entendida en su verdadero sentido, consiste en que el hombre tiene en el Estado el derecho de seguir la voluntad de Dios y de cumplir sus mandamientos sin que nadie pueda impedírselo. Esta libertad, la verdadera libertad digna de los hijos de Dios, es la que protege la dignidad de la persona humana y es superior a todo poder” (León XIII, 1888, Libertas Praestantissimum, n. 30).
En el epicentro de una guerra que consume a Medio Oriente y perjudica los precios de todo el mundo, la figura de León XIV surge como una voz ética que se resiste a ser asimilada por la realpolitik. La respuesta del Pontífice ante las descalificaciones de Trump- quien lo tildó de “débil” y “terrible” en respuesta a sus llamados de paz- fue de una sobriedad cortante al declarar que no le teme. Como reporta BBC Mundo y Ámbito, esta declaración de “no tener miedo” no debe leerse como un rasgo de carácter individual, sino como una categoría eclesiológica fundamental. La raíz de este valor se encuentra en la “parresía” evangélica: el hablar con audacia ante los poderes temporales, sabiendo que la autoridad del Vicario de Cristo no es una concesión del poder secular, sino una misión de orden sobrenatural. Sobre este último aspecto en particular, es pertinente recordar que San Juan Pablo II, en el inicio de su pontificado, recuperó este mandato bíblico dándole una carga política devastadora para los regímenes autoritarios, una tradición que León XIV actualiza, a su manera, frente al mesianismo contemporáneo. En sus palabras se escucha el eco de la enseñanza teológica sobre la fortaleza: “No tengan miedo de los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. El miedo es la herramienta del tirano; la ausencia de miedo es el principio de la libertad del creyente, que sabe que su destino último no está en manos de ninguna potencia terrenal” (Juan Pablo II, 2005, Memoria e identidad, p. 182).
Esta firmeza se complementa con una voluntad activa de testimonio. Según reporta la Deutsche Welle, León XIV ha sido enfático al advertir: “Seguiré alzando la voz para construir la paz”. Esta resolución no es un eslogan hippie pacifista, sino un ejercicio de la soberanía del Verbo frente a la estridencia de las armas y la propaganda mediática. Al afirmar que su voz no será silenciada por las amenazas del poder temporal, el Papa sitúa la diplomacia de la Iglesia en un plano de resistencia ontológica, porque no se trata sólo de buscar acuerdos, sino de proclamar una verdad que el poder mundano encuentra francamente insoportable. Como explica Hans Urs von Balthasar, la palabra de la fe posee una eficacia que desborda el cálculo político, en tanto que “la palabra de Dios es una espada de doble filo que penetra hasta las coyunturas de la historia. Quien la pronuncia con fidelidad no está sujeto al éxito mediático ni a la protección del Estado, sino a la fecundidad de la cruz, que es el único lugar desde el cual se puede hablar verdaderamente de paz” (Balthasar, H. U., 1986, Teodramática, p. 312).
A esta resistencia se suma una denuncia diagnóstica sobre la raíz psicológica del conflicto. Según se destaca en la emisora La 100, León XIV ha denunciado la “ilusión de omnipotencia” que alimenta la guerra en Oriente Medio. Este concepto despoja al poder político de su barniz de eficiencia estratégica para revelarlo como una patología del espíritu. La omnipotencia es el gran engaño del hombre que, habiendo expulsado a Dios de la historia, intenta ocupar su lugar sin tener la capacidad de sostener el peso de la creación. Esta “ilusión” es la que permite a un líder creer que puede redibujar fronteras o decidir la supervivencia de una institución milenaria desde una patética red social. Pues bien, la teología católica ha identificado siempre en esta actitud la raíz del pecado original: el eritis sicut dii (seréis como dioses). En este sentido, la guerra no sólo es un fracaso rotundo de la política, sino el síntoma de una ceguera metafísica donde el poder, ebrio de su propia fuerza técnica, pierde el contacto con la realidad de su finitud y la sacralidad de la vida ajena.
Consecuentemente, la tensión alcanza su punto álgido con la instrumentalización de la iconografía cristiana, cuya máxima expresión fue la publicación de una imagen que situaba a Donald Trump en una proximidad blasfema con la figura redentora de Jesucristo. Según reporta el diario Clarín, que intencionalmente pone el foco en el disgusto por parte de “sectores de la derecha religiosa estadounidense”, no es un desliz estético, sino un intento de sacralizar la figura del líder político hasta el punto patético de la auto-idolatría. Desde una perspectiva filosófico-teológica, este acto constituye una manifestación de la hybris posmoderna: la desmesura de un mandatario que, al pretender mostrarse como un redentor, incurre en una parodia de la encarnación para validar su propia prepotencia. Esta intención pueril de la figura del Salvador busca absorber la esperanza escatológica del pueblo para redirigirla a una figura política finita y totalmente contingente. Como señala Giorgio Agamben al analizar el funcionamiento de la máquina gubernamental, “la gloria, en la tradición teológico-política, no es solo un adorno del poder, sino la zona de sombra en la cual el poder se confunde con la liturgia para volverse incuestionable. La parodia de lo sagrado es el último recurso de un poder que, habiendo perdido su legitimidad racional, necesita la adoración para sobrevivir (Agamben, G., 2008, El reino y la gloria, p. 241).
Esta bizarra pretensión redentora opera sobre el vacío dejado por el abandono de lo sagrado en una humanidad que atraviesa el desierto del nihilismo. En una sociedad cada vez más secularizada, donde el “Dios ha muerto” nietzscheano se ha traducido en una orfandad metafísica, el símbolo político intenta ocupar ese espacio vacante, ofreciendo una seguridad mundana de pésima calidad y revestida de lenguaje profético. Sin embargo, esta sacralización cutre de la política no es un retorno a la fe, sino su negación más radical. Al convertir al líder en un objeto de culto, se asfixia la vivencia de una fe que, por definición, es apertura a lo inefable y crítica a toda idolatría terrenal. Al respecto, recordemos que Emilio Gentile destacó que este tipo de “religiones civiles” buscan la sumisión total del individuo a través de una mística de la nación o del líder, lo que termina por degradar tanto la política como la espiritualidad en tanto que “la sacralización de la política ocurre cuando una entidad terrenal —la nación, el partido, el jefe— es investida con los atributos de una divinidad, exigiendo una fe ciega que no admite la duda ni el juicio de la conciencia” (Gentile, E., 2007, El culto del Littorio, p. 32).
Al presentarse como un enviado divino, el presidente busca anular la capacidad crítica de la fe, transformando el mensaje evangélico en un programa electoral. Esta maniobra revela lo que Jean Baudrillard definía como el imperio de los simulacros, donde la imagen sustituye a la realidad y el símbolo religioso es vaciado de su misterio para servir a la hegemonía del espectáculo. El filósofo advertía que lo sagrado es aquello que no se puede intercambiar por nada, pero el sistema de consumo e imagen intenta convertirlo todo en un valor de cambio político, destruyendo la alteridad de lo divino.
Este escenario de soberbia política encuentra su correlato más trágico y material en el terreno mismo del conflicto, donde la retórica del poder se traduce en el aniquilamiento sistemático de comunidades vulnerables. Los atropellos cometidos por Israel contra las minorías cristianas en la zona de guerra, bajo la dirección de Netanyahu, representan una extensión de este desprecio por la autoridad moral y la vida humana. Como analicé oportunamente en mi artículo sobre el asesinato del padre Pierre Al-Rah, no estamos ante errores colaterales, sino ante la manifestación de un poder que ha decidido ignorar cualquier tipo de frontera ética. El asesinato de un hombre de fe, dedicado al servicio y a la paz, es el signo de una violencia que busca extirpar cualquier rastro de alteridad que no se someta a los designios de la seguridad militarizada. Asimismo, allí advertí que este asesinato supone un quiebre moral irreversible, donde la supuesta defensa de los valores democráticos se convierte en la triste justificación de la barbarie expansionista.
Está claro que la ruptura de la reciprocidad diplomática, que las fuentes de información detallan como un proceso degradante, revela una pretensión biopolítica por parte del poder secular. Al afirmar que el Papa le debe su estancia física en el Vaticano, Trump intenta ejercer lo que Michel Foucault denominaba la gestión de la vida y la muerte desde el Estado. El filósofo señalaba que el poder moderno se arroga el derecho de “hacer vivir”, convirtiendo la existencia de las instituciones en una concesión de su fuerza. Bajo esta óptica, el intento de Trump de presentarse como el garante de la supervivencia del Pontífice es un intento de despojar a la Iglesia de su autonomía ontológica. León XIV, al declarar que “no tiene miedo”, rompe el circuito de control emocional que el mesianismo político intenta imponer.
En este punto de la reflexión, es fundamental recordar que la raíz de este conflicto yace en una profunda incomprensión de la naturaleza de la Iglesia. Al sugerir que el Vaticano sobrevive gracias al favor de Washington, o al atacar impunemente a los cristianos en Gaza, Líbano y Cisjordania, se reduce la fe a un objeto de conveniencia. Como bien indicó Hannah Arendt, “la autoridad descansa sobre un reconocimiento que es a la vez incondicional y espontáneo, y que no requiere ni de la coacción ni de la persuasión. Donde hay que emplear la fuerza, la autoridad misma ha fracasado” (Arendt, H., 2003, Entre el pasado y el futuro, p. 102).
La ruptura total entre estos líderes marca un punto de no retorno donde la diplomacia ha sido devorada por el show de la política decadente posmoderna y el pragmatismo violento. El fenómeno erosiona la distinción fundamental que permite la libertad de conciencia en tanto que si el gobernante se arroga la protección de la fe y, simultáneamente, permite o ejecuta el asesinato de sus representantes, la religión deja de ser una instancia crítica para convertirse en una víctima propiciatoria de la soberanía estatal.
En conclusión, estimados lectores, este enfrentamiento nos sitúa ante la posibilidad de un nuevo “cesaropapismo” digital y militar ante lo cual es lícito preguntarnos: ¿puede una democracia declararse plena cuando sus líderes consideran que la autoridad moral y el respeto a la vida religiosa son obstáculos para la seguridad? ¿Es posible hablar de justicia cuando el asesinato de cristianos en Medio Oriente es tratado como una estadística más? El silencio que sigue a estos disparos parece ser el presagio de un mundo donde ya no se busca la verdad, sino la victoria total. ¿Qué queda de la esperanza cuando incluso el llamado a la compasión es denunciado como un acto de traición al Estado y el rostro del otro es borrado bajo los escombros de la ideología liberal?
Referencias bibliográficas
Agamben, G. (2008). El reino y la gloria: para una genealogía teológica de la economía y del gobierno (F. Costa e I. Costa, Trads.). Adriana Hidalgo Editora.
Arendt, H. (2003). Entre el pasado y el futuro: ocho ejercicios sobre la reflexión política (A. Poljak, Trad.). Península. (Obra original publicada en 1961).
Balthasar, H. U. (1986). Teodramática: las personas del drama. El hombre en Dios (J. Losada, Trad.). Encuentro.
Baudrillard, J. (1978). Cultura y simulacro (A. Vicens, Trad.). Kairós.