Entre tangos, candombes y cafés concert de Europa, Luciano Campos Irache construyó una obra marcada por la nostalgia del litoral y la bohemia de los caminos. Hoy, desde España e Italia, prepara un homenaje musical a Víctor Lima mientras reafirma su vínculo eterno con Salto.

El músico salteño al que siempre lo llaman los caminos, y vuelve, y se va…
Conocemos a Luciano Campos desde los tiempos liceales, él es mucho menor que yo, pero, integramos en mas de una oportunidad el equipo de atletismo del Liceo de la Zona Este. Fue en los tiempos de los profesores Eduardo de Cerqueira Leites, Rully Gonzaga y Harley Liscano, pero, en esta oportunidad el nexo de saber sus andanzas artisticas fue Henie Gallino Tesler quien me acercó la grabación de la última canción grabada por Luciano, hace pocos días en España. Un bellísimo texto dedicado a Víctor Rolando Lima, Henie, quien prefiere el perfil bajo y no le gusta que la nombren, también me proporcionó otros datos y fotos, es justo decirlo, porque tampoco a nosotros nos gusta saludar con sombrero ajeno.
Ese cruza caminos, “andapagos” como decía el propio Víctor Lima, de Luciano Campos anda por Europa por estos días, y es un artista muy activo, inquieto, que desborda quehaceres en pro de la música, de la cultura y del turismo.
ENTRE EL MEDITERRÁNEO Y EL RÍO URUGUAY
Hay artistas que nacen en una ciudad y artistas que terminan convirtiéndose en una forma de esa ciudad. En el caso de Luciano, la música parece haber funcionado como un puente invisible entre el río Uruguay y el Mediterráneo, entre la fonoplatea de una radio salteña y los pequeños cafés concert de Barcelona o Calabria. Su historia es la de un cantor viajero, de esos que cargan la patria en la guitarra y que, aun después de décadas lejos, siguen regresando a la misma orilla emocional.
Luciano Campos Irache pertenece a una generación de músicos formados en un Salto donde la música popular era mucho más que entretenimiento: era ceremonia colectiva. Creció escuchando tangos cantados por su madre, absorbiendo esa melancolía arrabalera que más tarde impregnaría sus interpretaciones. Pero su verdadera iniciación llegó alrededor de los diez años, cuando comenzó a estudiar guitarra con el maestro J. J. Aramburu. Allí no solo aprendió acordes y disciplina musical: también descubrió el oficio de linotipista en la vieja imprenta de Tribuna Salteña, un periódico hoy desaparecido que representa otra época de la cultura periodística, cuando las palabras todavía olían a tinta caliente y a metal.
Ese doble aprendizaje —la música y el oficio gráfico— parece haber marcado para siempre su sensibilidad artística. Porque en Luciano hay algo del viejo artesano: el hombre que trabaja la canción con paciencia, como quien acomoda tipos móviles en una linotipia. Nada aparece forzado. Todo parece surgir desde una memoria profunda.
Su adolescencia y juventud estuvieron atravesadas por un fenómeno cultural que hoy forma parte de la mitología popular salteña: El Fogón de los de Viana, aquellos encuentros dominicales en la fonoplatea de Radio Cultural que reunían a buena parte de los grandes nombres del canto regional. Allí compartió escenario con figuras como: Gladys Moneta, La Salteñita, Julio Superi, Julio Trindade, Amado Walter Rosa, Tito Aplanalp, Nico Cunha, Eleazar Llemes, los hermanos Colebrados, Las Palomitas Blancas y los grandes de verdad, los cantores de Viana, cantores como Caporales Falcón, Americo Gaudin, Chamaco Garcia y tantisimos mas. Para muchos jóvenes de entonces, aquellas noches eran casi una religión popular donde el folklore, el canto criollo y la identidad litoraleña se mezclaban con fervor comunitario.



MONTEVIDEO, ESPAÑA, LOS CAMINOS, LA CANCIÓN
Después llegaría el viaje. Primero Montevideo. Luego España. Y más tarde una larga travesía europea que duraría cerca de treinta años. El propio artista cuenta:
“ Montevideo, trabajé unos años, y a los 24 me fuí para España invitado a cantar en un grupo con otros dos salteños, Pedro Grau y Jorge Céspedes, allí teníamos un Grupo musical Mel i matò, (miel y queso), y luego integramos otro grupo Claxon, tocamos juntos durante casi 15 años. Luego nos separamos y cada cual siguió su carrera con otros grupos o solista como en mi caso. Integré orquestas grandes cantando como solista, estudié batería, Gestión Hotelera, trabajé en hoteles importantes en Girona (Costa Brava), hice Dirección de eventos y conocí artistas internacionales, músicos en ésa función. Tengo dos hijos, una chica en Salto, y otro en España. Un nieto”.
Barcelona se convirtió en una segunda escuela para Luciano. Allí no solo continuó haciendo música: se transformó en un verdadero “showman”, un intérprete capaz de moverse con naturalidad entre el tango, el folklore, el candombe, canciones en inglés, repertorio latinoamericano y hasta interpretaciones en portugués.
Europa amplió su horizonte artístico, pero no borró sus raíces. Por el contrario, parece haber profundizado su necesidad de volver simbólicamente al río Uruguay. En sus canciones siempre aparece esa nostalgia de frontera, esa mezcla de puerto y destierro que atraviesa a tantos artistas del litoral.
TIEMPO DE COMPONER, TIEMPOS DE CRECER
Temas como Candombe del río Uruguay lo consolidaron como una voz profundamente ligada a la identidad regional. Y más tarde, trabajos audiovisuales como Corazón Loco demostrando también su capacidad para dialogar con estéticas contemporáneas sin perder autenticidad. Luciano nunca buscó la pose del artista sofisticado. Su fortaleza ha sido otra, cantar desde un lugar profundamente humano.
Quienes lo conocen suelen remarcar esa intensidad interpretativa que parece venir de lejos, de aquellas canciones que escuchaba de niño en su casa salteña. Hay en su voz una mezcla extraña de puerto, boliche y exilio. Como si cada canción fuese una conversación pendiente con el pasado.
LA CANCIÓN DEL REGRESO
En 2014 regresó definitivamente a Uruguay y rápidamente volvió a insertarse en el ecosistema cultural salteño. Se lo vio actuando en espacios emblemáticos, reencontrándose con viejos amigos y estableciendo nuevas alianzas musicales. Una de las más importantes ha sido junto al reconocido músico Daniel Stella, con quien impulsa el proyecto Semifusa, una propuesta que reivindica la música en vivo y el encuentro cara a cara en tiempos dominados por pistas pregrabadas y consumos fugaces.
Semifusa parece funcionar también como una declaración estética y ética: volver a la canción compartida, al ritual pequeño, al diálogo directo entre músico y público. En tiempos de algoritmos y pantallas, Luciano insiste en el viejo milagro de una guitarra sonando frente a otras personas.
En el ínterin hubo una etapa a puro tango, con el inolvidable Gabriel Yoni Rodríguez, el queridisimo “Negro Yoni”, de tantas historias musicales, aventuras en todos los géneros, impagable carnavalero, fina guitarra. Fueron realizaciones breves en el tiempo, pero muy intensas, muy gratas, con videos de esos momentos musicales que van y vienen por las redes sociales y otras plataformas.
ESE PUENTE POR EL QUE SIEMPRE CRUZA
Actualmente, el cantautor atraviesa una nueva etapa de circulación entre Uruguay y Europa. En los últimos meses realizó presentaciones en Girona, Barcelona y Calabria junto al músico italiano Mario Toscano, reforzando esa identidad de artista “de ida y vuelta”, siempre viajando entre continentes pero sin romper nunca el hilo con Salto.
Y quizás el proyecto más simbólico de esta etapa sea el homenaje musical que prepara a Víctor Lima. Grabado parcialmente en España y atravesado por imágenes del litoral uruguayo, el trabajo promete unir poesía, memoria y paisaje en una obra donde el río vuelve a ser protagonista. No es casual.
En Luciano Campos Irache el río Uruguay no aparece como simple geografía, aparece como destino espiritual, que no es poco. Algunos músicos cantan canciones y otros terminan cantando territorios enteros. Luciano pertenece claramente a estos últimos. Entre cafés concert europeos, viejas radios salteñas, candombes litoraleños y tangos heredados de su infancia, construyó una trayectoria que ya forma parte de la memoria cultural salteña.
Y mientras sigue viajando entre España, Italia y Salto, su guitarra parece repetir siempre la misma certeza, en un mismo tono, que hay raíces que no se abandonan jamás, aunque uno pase media vida lejos de casa.






