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lunes, enero 19, 2026
Columnas De Opinión
Leonardo Silva Pinasco
Leonardo Silva Pinasco
Periodista en diario El Pueblo, Canal 4 de Flow, Radio Arapey.

APUNTES EN BORRADOR N° 948

Edición Año XVIII N° 948, lunes 19 de enero de 2026

DEBATES.

Es bueno tener de nuevo a mi hijo en casa tras un largo año de estudios en la capital, y que además viene con toda su energía con ganas de charlar e intercambiar puntos de vista sobre cómo está el mundo y por qué debemos cambiarlo.

En cierto modo, me hace sentir más viejo de lo que dice la cédula cuando me pongo a defender ciertos puntos de vista con los que crecí y que hoy no parecen otra cosa que una visión poética y romántica del estado de nuestra humanidad, plagada de conflictos, guerras y contradicciones.

Las charlas con él me han permitido concluir que las nuevas generaciones vienen con ganas de cambiar el mundo que les estamos dejando. Al escuchar sus argumentos me doy cuenta por qué, y en cierta forma tiene razón. No es mi intención defender el status quo de nadie, aunque ante sus ojos así parezca, pero resulta que con el pasar de los años uno se ha vuelto menos aquel loco de ideas revolucionarias impregnadas del viejo y original batllismo, no el neoliberal que vino después. En lo que no cedo es en seguir poniendo a las personas como el centro de todos nuestros desvelos con una concepción humanista de la vida.

Lo bueno es que los jóvenes de hoy piensan por sí mismos y no esperan que ningún iluminado les indique el camino. No aceptan dogmas de nadie ni profesan ninguno. Son libres porque se sienten libres de pensar y de decir lo que piensan. En cierta forma, son más sensibles a las injusticias que viven los sectores más vulnerables de nuestra sociedad, y está bien que así sea, porque alguien tiene que mantener la llama encendida.

*

PREPARÁNDOSE.

Hace unos años, mucho antes de ser padre, escuché a un psicólogo reconocido en su programa de televisión contar la anécdota de haber atendido a un padre preocupado porque su hijo no le hacía caso y la fuerza de su adolescencia desbordaba cuestionando su autoridad.

La respuesta del psicólogo me marcó, y he tratado de mantenerlo en mi decálogo de “ser padres hoy”. El psicólogo sostuvo que el padre no debía preocuparse por su hijo y no debía tratar de limitar o controlar su rebeldía, porque si lo hacía, terminaría formando a un joven dócil que sería pisoteado por todos. Si no se acostumbraba de chico a animarse a pensar por sí mismo terminaría siendo poco menos que un autómata. Lo que había que hacer en lugar de tratar de programarlo a imagen y semejanza de uno mismo, había que promover su individualidad, y que la función de todo padre no era la de ser un formador de su personalidad, sino simplemente un guía que lo ayudase a recorrer su propio camino, con aciertos y equivocaciones, pues de todas ellas podría extraer una enseñanza, porque de última, uno termina siendo la suma de todos nuestros yerros y logros.

Pero además, algo que sin leer ni escuchar a nadie sino simplemente observando, podemos darnos cuenta que estas nuevas generaciones son distintas a la nuestra, así como la nuestra lo ha sido de la de nuestros padres y abuelos, aunque los genes sean la única constante en esta evolución darwiniana de la vida.

Hasta la semana que viene… y tilo pa’la barra!

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