La Revolución de 1811 no fue un hecho exclusivo del sur del territorio de la Banda Oriental. Y aunque la Historia Oficial reconoce al Grito de Asencio del 28 de febrero de 1811 como el inicio de la Revolución, de “La Admirable Alarma”, bien al norte, en un pueblito con apenas diez años de vida, llamado Belén, hubo un grito revolucionario en enero de ese año.

“El Grito de Belén” muchas veces se lo oímos comentar a la Prof. Ofelia Piegas, en medio de alguna conferencia de prensa, en medio de alguna charla sobre los inicios de la Patria Vieja, sobre el artiguismo. Parecía como el Quijote contra los molinos de vientos, la historia oficial iba por otro lado y no se apartaba del Grito de Asencio como inicio de la rebelión Oriental, pero Ofelia insistía que el comienzo había sido en Belén.
En su libro «Belén y sus años: 1801-1904» (1945), Bernabé Ballista aborda los acontecimientos revolucionarios de 1811 en la zona. Su obra rescata la memoria local de Belén como uno de los focos iniciales de la resistencia patriota en la Banda Oriental.
Los puntos clave sobre este episodio mencionados en la historiografía local y la obra de Ballista incluyen, la prioridad cronológica, el alzamiento en Belén ocurrió en enero de 1811, semanas antes del emblemático Grito de Asencio (28 de febrero de 1811).
Aunque el Grito de Asencio se considera oficialmente el inicio de la Revolución Oriental, Ballista y otros historiadores (como Setembrino Pereda en «El Belén uruguayo histórico: 1801-1840») destacan que en el norte ya existían movimientos de insurrección contra las autoridades realistas.
Protagonismo de Francisco Redruello: El libro hace referencia a la actitud del Comandante Francisco Redruello, figura central en el alzamiento de Belén en 1811, quien se adhirió tempranamente a la causa de la Revolución de Mayo.
Este enfoque es fundamental para entender que la revolución no fue un hecho aislado en el sur, sino un proceso de levantamientos simultáneos o previos en diversos puntos del territorio, siendo Belén uno de los testimonios más tempranos de esta voluntad emancipadora.
A 215 AÑOS DE AQUEL GRITO, HACEMOS MEMORIA
En enero de 1811, en el joven poblado de Belén, al norte de la Banda Oriental, se produjo un levantamiento popular que precedió al histórico Grito de Asencio. Encabezado por Francisco Redruello y figuras como Julián Laguna, aquel pronunciamiento —relegado por la historiografía oficial— merece hoy un lugar en los orígenes de la orientalidad.
CUANDO LA HISTORIA COMENZÓ LEJOS DEL CENTRO
La historia oficial ha fijado el 28 de febrero de 1811, a orillas del arroyo Asencio, como el punto de partida de la Revolución Oriental. Sin embargo, un mes antes, en los últimos días de enero de ese mismo año, el pueblo de Belén ya se había pronunciado en rebeldía contra el dominio español, encendiendo una chispa revolucionaria que el tiempo y el centralismo historiográfico se encargaron de opacar.
Belén, fundada en 1801, era en 1811 una población humilde, aislada y con apenas diez años de vida. Lejos de Montevideo y de los principales centros de poder, el poblado parecía condenado a permanecer en los márgenes de la historia. No fue así. Allí, en el norte profundo de la Banda Oriental, el vecindario se pronunció en masa, inspirado por los vientos de cambio que soplaban desde Buenos Aires tras la Revolución de Mayo de 1810.
REDRUELLO, LAGUNA Y EL PRIMER ALZAMIENTO
El levantamiento fue encabezado por Francisco Redruello, teniente de milicias y comandante militar de Belén, acompañado por figuras como Julián Laguna, luego conocido como “el héroe de cien batallas”, y Manuel Pintos Carneiro, un hacendado brasileño que más tarde alcanzaría el grado de capitán de Blandengues.
La sublevación no fue un acto aislado ni improvisado. Se trató de un pronunciamiento consciente a favor de la revolución, que incluyó la movilización de vecinos armados y el inicio de una marcha hacia el sur para reforzar a las fuerzas patriotas que comenzaban a organizarse en la campaña oriental.
El propio Bartolomé Mitre, en su obra Historia de Belgrano, dejó constancia del hecho al señalar que “una parte de la Banda Oriental se incorpora espontáneamente a la revolución” y que “la miserable población de Belén es la primera en dar el grito de insurrección, inspirada por su jefe militar, el teniente de milicias don Francisco Redruello”.
SIN VICTORIA, PERO CON SENTIDO HISTÓRICO
A diferencia de Asencio, donde los patriotas obtendrían una victoria militar concreta al tomar Mercedes y Villa Soriano, el levantamiento de Belén no culminó en una acción bélica decisiva. Fue, más bien, un alzamiento y una marcha: hacia Casablanca, en Paysandú, y luego hacia el sur, donde los acontecimientos revolucionarios adquirirían mayor visibilidad.
Esa ausencia de una victoria inmediata explica, en parte, el relegamiento del Grito de Belén en los relatos históricos nacionales. La historia suele recordar los triunfos, no siempre los primeros gestos. Sin embargo, sin esos gestos iniciales, muchas victorias no habrían sido posibles.
POR QUÉ BELÉN QUEDÓ FUERA DEL RELATO OFICIAL?
Las razones son múltiples. La escasez de documentación, propia de un poblado pobre y fronterizo; la construcción de un relato nacional centrado en el sur del territorio; y la necesidad simbólica de fijar un “inicio” claro y contundente de la Revolución Oriental, hicieron que Asencio se consolidara como el hito fundacional, relegando a Belén a una nota al pie —cuando no al olvido total—.
No obstante, investigaciones regionales y miradas historiográficas más recientes sostienen que el Grito de Belén fue el primer acto de rebeldía popular organizado contra el poder colonial en la Banda Oriental, y que su antecedencia temporal es innegable.
UN GRITO QUE SIGUE SONANDO
A más de dos siglos de aquellos hechos, reivindicar el Grito de Belén no implica negar la importancia de Asencio, sino enriquecer la comprensión del proceso revolucionario oriental. La historia no comienza en un solo punto ni pertenece a un solo territorio.
Belén, con su pobreza, su aislamiento y su coraje, aportó el primer gesto, la primera decisión colectiva de decir no al orden colonial y sí a la libertad. Ese grito, aunque silenciado durante décadas, sigue sonando en el tiempo, reclamando su lugar en la verdadera historia de la orientalidad.
NO ES REVISIONISMO, ES JUSTICIA HISTÓRICA
Reconocer el Grito de Belén como antecedente directo del proceso revolucionario no es un acto de revisionismo caprichoso, sino un ejercicio de justicia histórica. Porque la patria también nació lejos de los centros de poder, en pueblos jóvenes y olvidados, donde hombres y mujeres anónimos decidieron, antes que nadie, jugarse la vida por la libertad.





