Hay palabras que en carnaval repiquetean junto al tambor: territorio, cuerpo, memoria y cuidado. Son las que definen a Ariene Godoy, integrante de la comparsa Zulembé y encargada de su cuerpo de baile. Llegó al Ceibal desde el barrio Malvasio, desde los vínculos cotidianos que entienden al candombe como algo vivo, colectivo y profundamente situado.
En esta conversación, habla del trabajo silencioso que sostiene a una comparsa durante todo el año. Habla también de racismo, de salud mental, de lo que ve todos los días en el hospital, donde trabaja, y de la cultura como un espacio de contención real y concreto.
Zulembé es una escuela, una red afectiva donde se aprende a bailar, a escuchar y a estar con otros. Desde el cuerpo de baile, defiende una idea sencilla y potente a la vez: la cultura se cuida y nos cuida.
¿Cómo llegaste a la comparsa? ¿Cuál es tu participación?
Yo los conozco más por el barrio, por Ceibal. Cuando ellos empezaron, muchos eran amigos de mi pareja y los conocí por ahí. Fue en 2021, creo que ese fue el primer año de ellos. Yo ya los conocía del carnaval a Magela y Federico.
¿Llegaste por tu pareja? ¿Tu pareja sale en la comparsa?
Sí, también toca tambor. Toca cualquier tambor que le den.
Repasemos un poco las figuras de la comparsa.
Están los personajes principales: gramillero, mamá vieja y escobero. Después viene el cuerpo de baile.
¿Y vos estás en el cuerpo de baile?
Sí, estoy en el cuerpo de baile, soy la encargada y manejo los ensayos.
¿Qué hace una encargada del cuerpo de baile?
Organizamos eventos, los días de ensayo, los talleres, la vestimenta, los toques. Si hay toque, organizamos la ropa y los horarios. También sumamos una tallerista para hacer el corte, porque en carnaval tenemos que presentar una coreografía. Para eso contratamos una coreógrafa que nos ayude.
Justo te iba a preguntar por los talleres.
Sí, porque hay muchas gurisas que nunca salieron en carnaval y no saben el paso básico, ni por qué se baila. Va por ahí también. No es solo bailar, sino explicar qué es el candombe, de dónde viene, cuál es su raíz.
¿Solo bailan mujeres?
No, pueden bailar varones también. Está abierto. Y en la cuerda, también hay mujeres tocando. El candombe es para quien se anime.
Entonces la comparsa funciona también como un espacio de formación.
Sí, hacemos talleres de baile y también de tambores. Vienen referentes de Montevideo que enseñan a tocar y a respetar el tambor, su historia, cómo se camina con el tambor, cómo se camina con los compañeros. Todo el conjunto de la comparsa. También hay talleres específicos para mamá vieja, gramillero y escobero.
¿Vos participaste en esos talleres?
Sí, participé en los de baile, en los otros no llegué a participar, fue más para mi formación específica en el papel que tengo en la comparsa.
¿Hay algo que aprendiste que te marcó?
Que no es solo la danza, que es una forma de ser afrouruguayos y que tenemos que vivirlo como algo vinculado a lo ancestral, pero también a lo territorial, a partir de todo lo que pasó, de la época colonial, de la esclavitud.
¡Qué fuerte eso que decís!
Cada barrio creó su toque, su sonido, su música, su forma de libertad. Y eso es sagrado y está vinculado a un lugar específico en Uruguay, que nos hace sentir —no desde lo posesivo o agresivo— esas ganas de decir: esto es nuestro y lo cuidamos.
¿Vos pensás que en Uruguay hay racismo?
Sí, hay.
Muy categórica tu afirmación.
Porque se escucha. Se escuchan cosas que se normalizan, referirse a alguien por el color de su piel, como apodo o de forma peyorativa, como un insulto dicho con bronca que se usa cotidianamente. También comentarios sobre inmigrantes: cubanos, venezolanos, etc. Gente diciendo que se vayan a su país. Eso lo escuché miles de veces. Decir “si no te gusta mi país, andate”. Eso para mí está horrible. Eso también es racismo.
Sos muy sensible, tenés un perfil vinculado al cuidado, ¿trabajás en la salud?
Sí. Estudié registros y estadísticas de salud. Trabajo en el hospital, en el área de ginecología, en ecografía. Hago los informes.
Llevemos esto a la comparsa. ¿Estos temas se discuten ahí? ¿Hay charlas?
No de forma organizada. Pero juntarnos es un alivio. Hablamos, charlamos, nos apoyamos. Con los talleres también nos enriquecemos, aprendemos de nuestra cultura. Es un grupo, se hace música, se habla. Si alguien está mal, lo conversamos. Es como una familia.
¿De cuántas personas estamos hablando?
Unos 20 o 30 tambores, más las bailarinas, que somos unas 20, es un grupo grande.
Qué interesante la cantidad de funciones que cumple la comparsa: educa, socializa, acompaña cuando uno está mal.
Sí, además te lo digo por mi trabajo, es muy delicado el tema de la salud mental.
¿Cuál es tu percepción? ¿Ves mucha gente mal? ¿Qué es lo que notás?
Mucha gente joven. Yo veo muchas gurisas chicas que pasan por situaciones difíciles. Como trabajo en ginecología, veo más mujeres que varones. Van a hacerse una ecografía y, en la charla con la médica o el médico, a veces salen las historias.
Hay muchas que son muy jóvenes, algunas están solas, desamparadas. Y vos decís: hay gente que la está pasando muy mal. En Salto conozco un montón de gurisas que van a hacerse ecografías y en las redes las ves sonriendo, pero en realidad la están pasando muy mal.
Y ahí entra la empatía. Porque muchas veces uno piensa que lo tienen todo: familia, apoyo y, sin embargo, están mal, están tristes y ni siquiera saben por qué.
A veces las familias “bien” son las peores.
Sí. Gurisas de familias “que tienen todo”, que uno conoce; ¡y mirá los problemas que cargan solas! Por eso te comentaba del aprendizaje en los talleres, el candombe es algo que realmente podemos decir que es nuestro; la murga, el samba, lo del cuidado viene por ese lado: la cultura es lo único que nos pertenece de verdad.
Por más que no haya plata, la comparsa, la murga y la escuela de samba salen igual. ¿Qué se viene para este año con Zulembé?
Nos estamos preparando bien. Mucho brillo y muchas ganas de seguir aprendiendo. Todas las bailarinas tienen esas ganas. Yo hablo desde donde estoy: el cuerpo de baile está firme, ensayando, con buena energía y buena onda. Los jueves, los viernes y el día que hay ensayo, están todas. Y siempre con el apoyo de los referentes.
Dejá un mensaje final para el pueblo salteño y la región: sobre lo que vos quieras.
Que apoyen el carnaval en todas sus formas, las murgas, las escuelas de samba y a los candomberos y candomberas de Salto, que trabajan todo el año, porque el candombe no para, ni es de un período, es todo el año, porque es nuestra cultura. Que apoyen, porque Salto es eso: un granito de arena que pone cada uno. Ensayamos en la plaza de Ceibal, las y los esperamos.





