Inventados con alegría y humor, los poeñicolas son una invitación al disparate creativo. Poemas que juegan con las palabras, que hacen reír y pensar, que cruzan el territorio de la infancia y llegan hasta la madurez con una sonrisa. Una experiencia poética tan libre como luminosa.
«POEÑICOLAS: POEMAS DISPARATADOS INVENTADOS»
«Así los define su autor, y en esa fórmula sencilla se encierra un universo entero de ocurrencias, colores y travesuras del lenguaje. Los poeñicolas nacen del impulso de inventar, de devolverle a la palabra su poder lúdico, esa chispa de imaginación que suele perderse entre la rutina o el exceso de sentido común.
Hay algo profundamente humano en jugar con lo absurdo. Detrás de cada rima inesperada, de cada verso que no quiere obedecer las reglas, se asoma un modo de mirar el mundo con curiosidad. Como si el idioma fuera una caja de juguetes y los poeñicolas vinieran a recordarnos que la poesía también puede ser una carcajada. Los poeñicolas para niños:
POEÑICOLA DE LA MEDIA PERDIDA
Mi media de lunares verdes,
se fugó a las siete y tres,
persiguiendo a un calcetín azul,
que decía llamarse Jesús.
Ahora la busco en el horno,
entre las papas y el queso,
pensando si habrá llevado sombrero,
para cubrirse del receso.
Si la ves en un avión de papel,
o cantando en un balcón,
dile que su pariente la espera,
con cara de limonada y melón.
El Poeñicola de la media perdida nos invita a un pequeño caos doméstico donde una media fugitiva se convierte en protagonista de una epopeya íntima.
POEÑICOLA DEL SEMAFORO ENAMORADO
El semáforo de la esquina,
ya no quiere sy luz verde ni roja.
Se ha pintado de rayas y puntos,
porque está enamorado de una gorra.
La gorra es de lana muy gorda,
con un pompón que baila al sol.
El semáforo le guiña las luces,
y se olvida de toda dirección.
Los autos tocan bocina a coro,
la gente grita: «¡Qué horror!».
Pero él solo piensa en la gorra,
y en un futuro de amor y motor.
En el Poeñicola del semáforo enamorado, el amor se enciende en plena ciudad, entre bocinas y gorras de lana.
POEÑICOLA DEL CARACOL VIDENTE
Un caracol con gafas de sol,
predijo que llovería gelatina.
Dijo que las flores serían de cartón,
y que el cielo sabría a mandarina.
La gente se puso capas de dulce,
y paraguas hechos de pan.
Pero solo cayeron hormigas con prisa,
y el caracol se rió sin afán.
«¡Perdón!», gritó con voz de trompeta,
«Mi antena captó mal el canal…
Quise decir que la luna es secreta,
y que un pato esconde un dedal».
Y en el Poeñicola del caracol vidente, la predicción absurda se convierte en un espejo del error humano, ver lo que no está, imaginar lo imposible.
POEÑICOLAS PARA MAYORES
Pero los poeñicolas no se quedan solo en los niños. También hay lugar para los grandes —los que han aprendido a no tomarse tan en serio—.
Capturando ese espíritu de madurez y buen humor nos internamos poeñicola adentro. Imagina a personas que han vivido mucho, pero que conservan una chispa y una sonrisa contagiosa.
Aquí tienes la primera, con esa energía que ofrecemos:
EL BANQUETE DE LA RISA Y EL CAFÉ
En la mesa del jardín, bajo el sol que da calor,
se sienta la alegría, con tazas llenas de amor.
Cabellos de plata fina, con destellos de ilusión,
murmullos, chistes, risas, ¡qué gran celebración!
Las arrugas son caminos, que la vida ha dibujado,
cada una una aventura, un cuento ya contado.
Los ojos brillan pícaros, el espíritu es festivo,
pues la edad solo es un número, si el alma sigue vivo.
El pañuelo estampado, la gorra con su encanto,
son detalles de una historia, sin un solo desencanto.
Comparten el momento, la charla sin final,
demostrando que el buen humor, es el mejor de los rituales.
En El banquete de la risa y el café, la madurez se celebra con humor, ternura y sabiduría. Las arrugas se transforman en mapas, los años en historias, y la alegría en un ritual compartido.
POEÑICOLAS, UN MODO DE ENTENDER EL MUNDO
Desde una mirada más amplia, los poeñicolas recuperan la poesía como juego y resistencia, como una forma de recordar que la imaginación no tiene edad. Que el disparate, lejos de ser una tontería, puede ser una filosofía liviana, un modo de entender el mundo con ironía, afecto y libertad.
Y en esas circunstancias en donde todo parece tener que explicar su utilidad, los poeñicolas vienen a recordarnos que reír, jugar y crear sin propósito es también una forma de sabiduría. Entre medias perdidas, semáforos enamorados y caracoles videntes, la poesía vuelve a ser lo que siempre fue, una fiesta del lenguaje y de la vida. Valoramos los aportes técnicos de Dalton Bennet y Aron Viera…









