Las leyes uruguayas se caracterizan muchas veces por irse de un extremo al otro, dejándonos la idea de que no hay nadie que «evalúe» y realmente legisle sobre aspectos generales que conllevan a situaciones si no absurdas, al menos injustas.
Nos explicamos, en el Uruguay en estos momentos el abigeato -robo de ganado – es uno de los delitos de mayor preocupación.
Ya no se trata de que haya alguien que roba una oveja para comer con su familia, como muy líricamente opinábamos en aquellos años, en que estos robos eran esporádicos y por lo tanto entendíamos que era exagerado considerarlos simples «ladrones» por esta situación.
Si bien siempre tuvimos claro que no era el camino correcto en una sociedad que mal o bien tiene sus leyes, podíamos entender situaciones extremas que llevaban a estas acciones.
Pero hoy tenemos conocimiento de que hay personas que han sido detenidas varias veces e incluso en algunos casos – muy pocos – procesados por el robo de animales.
A su vez el decomiso de carne y sub productos de carne en diferentes puntos de la ciudad confirma la existencia de un mercado negro, que todos conocen, pero nadie tiene interés en denunciar o buscar que se detecte, porque de alguna manera, como el contrabando la gente saca provecho de la acción de esta gente.
Un caso similar sucede con quienes compran cosas robadas. Que nadie «se haga el distraído», cuando se compra cualquier cosa, por mucho menos de lo que vale en el mercado, existe un 99 por ciento de posibilidades de que sea «malhabido» y todo quien compra lo sabe.
Más de un comprador llegado el caso enfrentó un cargo de receptación (tenencia a cualquier título de una cosa robada).
Esta es la realidad. En alguna medida quienes cobijan o se sirven de estas actividades delictivas son muchos más de lo que uno piensa.
Mal que nos pese, la existencia de un «mercado Negro» incentiva y en buena medida promueve el robo y nadie puede ignorar este alcance de la cuestión.
Enfrentar el delito supone formar una barrera de quienes abiertamente rechazan cualquier acción delictiva o supuestamente delictiva, para desalentar a quienes están en esta actividad.
Si entre todos hiciéramos frente al delito, con el sólo rechazo de sus acciones, sencillamente no comprando lo que nos ofrecen generalmente como «una ganga», estaríamos cerrando la puerta por lo menos a parte del problema.