No siempre lo beneficioso en lo inmediato es beneficioso en el futuro

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Uruguay sigue festejando la llegada de los grandes buques cruceros. Verdaderas ciudades flotantes que a juicio del Ministerio de Turismo, es uno de los elementos que marcan el éxito de una temporada, cosa que nos deja muchas dudas.
Un astillero de Francia acaba de entregar a la compañía naviera que lo encargó el crucero más grande del mundo, capaz de albergar a casi 7.800 viajeros y cerca de 2.500 tripulantes. Vale decir que es más grande, con mayor capacidad que las dos principales localidades del interior de nuestro departamento (Belén y Constitución) juntas.
Debería saberse que estos cruceros tienen ya prohibido ingresar y más aún atracar en algunos de los lugares turísticos más conocidos del planeta, como lo son los Canales de Venecia. En este caso porque el oleaje y el movimiento del agua extra que produce una embarcación de este tipo, daña los canales y las construcciones que se hallan en sus orillas.
De allí que Venecia no permite el ingreso de embarcaciones con capacidad mayor a las doscientas (200) personas.
¿Cuál es el problema?
Pues en el caso que nos ocupa que el oleaje y el movimiento del agua que generan las embarcaciones daña y poco a poco van arruinando los canales, pero en otros casos son las denominadas aguas grises, que aunque tratadas contienen productos químicos muy dañinos para el ambiente.
Esto es el contenido de las cocinas y de los baños entre otros servicios que son arrojados al mar y renovados con agua limpia en cada punto de atraque, a efectos de asegurar los servicios en buenas condiciones para los pasajeros de estos barcos o ciudades del placer.
Uruguay espera en esta temporada la llegada de unos 150 cruceros, obviamente no todos de la mayor capacidad, pero su suma nos daría idea del daño ambiental que causa la llegada de estas embarcaciones.
El flamante Ministro de Medio Ambiente tiene la palabra. De él depende que sigamos tolerando el daño ambiental o lo prohibamos. Acá no hay términos medios. O seguimos tolerando que dañen la naturaleza o nos sumamos a aquellos países que han fijado limitaciones para la llegada de estas embarcaciones.
No tenemos dudas que en el corto plazo los beneficios de la llegada de estos cruceros son notorios, pero ¿a qué costo?
La naturaleza es un recurso que no hemos obtenido, sino que lo recibimos de quienes nos han precedido y por lo tanto es nuestra responsabilidad entregarlo en las mejores condiciones posibles. ¿Queda claro no?
A.R.D.

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Liliana Castro Automóviles