La realidad de las poblaciones del interior de nuestro departamento, como del resto de las poblaciones rurales del país, no escapa a lo que ha sido la transformación de valores sufrida en los últimos tiempos.
Lamentablemente las posibilidades del aprovechamiento de los formidables recursos tecnológicos y de la comunicación, para cultivarse personalmente, ha sido infectadas por los antivalores que también arrastra la tecnología actual.
Hoy lamentablemente el consumismo marca los tiempos.
Es difícil lograr que nuestros adolescentes entiendan que todo tiene su tiempo y la perseverancia e inversión de tiempo en cultivar conocimientos, es imprescindible para alcanzar las metas que nos proponemos.
La “filosofía” de la globalización, que nadie admite pero en realidad es lo que rige, los presiona para que todo sea alcanzado hoy para hoy, no importa cómo.
Esta política de consumo que se nos ha impuesto a través de los medios de comunicación masiva, en especial la televisión y ahora Internet – que le disputa el lugar principal en la preferencia del consumidor – nos lleva a que los adolescentes sobre todo, ya no se interesen por otra cosa que no sea tener lo que les interesa “ya”, por aparentar, por alcanzar cuanto antes y a cualquier precio lo que creen que les hará mas “atractivos” entre sus pares y en definitiva les dará el placer ansiado, sin importar cuánto puede durar.
Más aún, luego de conseguir la moto –por ejemplo – cuanto más se acelere y más piruetas se hagan mejor, les dará “fama”.
Es esta una política tremendamente nociva. No solo para quienes se obsesionan con los bienes que “los hará felices” y los obtienen, aún cuando sus padres deban realizar esfuerzos que no siempre están a su alcance, sino sobre todo para aquellos jóvenes víctimas de la misma “enfermedad social” que de todas maneras no logran obtener dichos bienes y por lo tanto se “bajonean”, se vuelven depresivos y muchas veces toman determinaciones drásticas.
Son víctimas fáciles, carne de cañón para los estupefacientes, para todo tipo de droga que les permita evadir la realidad y sus “desgracias”.
Otras veces arruinan su vida de forma diferente, pero de cualquier manera, el ocio y el desaprovechamiento de los mejores años para el aprendizaje, y la adquisición de conocimiento, resultan muy difícil de revertir.
Es crudo, pero real.
El costo que tiene el consumismo no siempre se revela.
Hay muchos intereses en juego. El comercio, la industria y prácticamente todas las actividades cotidianas de la comunidad, salvo contadas excepciones están movidas por el logro de la satisfacción de estas “necesidades” y la publicidad está habitualmente encarada a vender “la felicidad” que les da la posesión de estos bienes, de estas prendas, del celular tal…
Está lejos de nosotros, y por lo tanto más aún de nuestros jóvenes, la posibilidad de entender que muchas veces corremos detrás de bienes superfluos, innecesarios, el mejor televisor, la mejor computadora, ni que hablar de la moto o el coche…
Vamos por mal camino, sin duda.