Hay algo que nos tiene, francamente, perplejos. Y no es una denuncia, ni una primicia explosiva, ni una operación política. Es el supuesto “enojo” de algunas personas porque desde EL PUEBLO utilizamos inteligencia artificial para mejorar la legibilidad de ciertos artículos.
Como si eso, en sí mismo, constituyera una falta. Como si estuviéramos confesando un delito. La reacción nos desconcierta. ¿En serio estamos discutiendo esto en 2026? ¿De verdad el escándalo es que usemos una herramienta que está al alcance de cualquiera con conexión a internet? La inteligencia artificial no es una entidad oscura que decide por nosotros, ni una pluma fantasma que suplanta voces. Es, simplemente, una herramienta. Una herramienta potente, sí. Nueva, también. Pero herramienta al fin.
No entendemos —y lo decimos con honestidad— por qué alguien podría indignarse porque un medio de comunicación busque ser más claro, más sintético, más accesible. Utilizamos la IA para desgrabar entrevistas extensas en minutos, para resumir documentos interminables, para detectar redundancias, para ordenar datos y explorar formas más didácticas de presentarlos. Eso no reemplaza el trabajo periodístico. Lo agiliza. El periodista sigue siendo quien piensa, quien pregunta, quien duda, quien contrasta fuentes, quien interpreta.
La IA no va a una conferencia de prensa, no verifica un dato en el territorio, no construye confianza con una fuente. No tiene intuición ni criterio editorial. Lo que sí hace es ahorrar tiempo en tareas mecánicas. Y ese tiempo recuperado se invierte en lo que realmente importa: investigar mejor, contextualizar más, escribir con mayor profundidad. No usar estas herramientas, teniendo la posibilidad, sería cuando menos imprudente.
En un entorno donde la información circula a velocidad vertiginosa, donde los lectores exigen claridad y precisión, negarse a incorporar tecnología disponible no es romanticismo: es negligencia. Desde EL PUEBLO, en esta nueva etapa, estamos integrando la inteligencia artificial como parte de nuestros procesos. No para reemplazar a nadie. No para simular lo que no somos. Sino para modernizar la forma en que procesamos las noticias. Para actualizar rutinas que durante décadas fueron manuales y hoy pueden optimizarse. ¿Es diferente? Por supuesto que sí. Cada transformación tecnológica en la historia del periodismo lo fue. La imprenta, el linotipo, la computadora, internet. Siempre hubo recelo. Siempre hubo sospecha. Y, sin embargo, el periodismo siguió siendo periodismo.
¿Es inmoral? Estamos convencidos de que no. Lo inmoral sería ocultarlo o utilizarlo para fabricar información falsa. Aquí ocurre exactamente lo contrario: lo usamos para ordenar mejor la información real. Tal vez la verdadera pregunta no sea por qué usamos inteligencia artificial, sino por qué todavía sorprende que lo hagamos. Nosotros no vemos un problema. Vemos una herramienta. Y la usamos.





