Después del empate en Paysandú

Aquello del «vaso medio lleno o medio vacío»

El Salto que fue a Paysandú y el Salto que jugó. El empate como consecuencia y el invicto sostenido. Aquello del «vaso medio lleno o medio vacío», donde la realidad termina siendo un punto intermedio, justo como ese empate que deja sensaciones encontradas. Salto en Paysandú: un empate con sabor a «se pudo» y un invicto que pesa El estadio de Paysandú fue testigo de un duelo que, lejos de ser un espectáculo de alto vuelo, se convirtió en una partida de ajedrez donde el miedo a perder fue, por momentos, más grande que la ambición de ganar. Salto creó más. Eso es real. El balance de la jornada: un negocio redondo a medias
El saldo final, analizado con la cabeza fría, es positivo. Lograr 4 de los 6 puntos en disputa 

(sumando la victoria de los juveniles) es un bálsamo necesario. El invicto de los mayores, que se extiende una semana más, le da al equipo ese aire de solvencia emocional indispensable para afrontar instancias definitorias. Sin embargo, en el fútbol los puntos son vitales, pero las sensaciones también lo son.
DE LUCES, DE SOMBRAS Y DE UN GUARDIÁN TAMBIÉN

El primer tiempo fue el momento de mayor claridad para la selección en manos de Rony Costa. Salto logró hilvanar circuitos  de juego que ilusionaron, encontrando espacios y merodeando el área rival con peligro real. Martín De los Santos, el arquero sanducero, terminó erigiéndose como la figura de su equipo, ahogando gritos de gol que parecían cantados. Por lo tanto, si el arquero fue expresión saliente, es porque Salto supo de una certidumbre ofensiva. Elemental. Sin embargo, el segundo tiempo trajo el bajón. La intensidad mermó, las piernas pesaron más y el funcionamiento colectivo se desdibujó. Fue ahí donde Salto coqueteó con el abismo. Ese penal a los 38′ de la etapa complementaria fue un «susto» que pudo haber cambiado toda la historia inmediata. La aparición salvadora de Nicolás Sánchez no fue solo una atajada; fue un mensaje de autoridad que sostuvo el cero y permitió traerse un punto que, con el diario del lunes, vale oro.
ESA VERSIÓN DE PAYSANDÚ
Paysandú, por su parte, se mostró como un equipo opaco, mucho menos agresivo de lo que las estadísticas o la previa sugerían. Fue un rival que permitió jugar, pero que, paradójicamente, terminó siendo el que más cerca estuvo de quedarse con todo tras el penal errado.
Es seguro que el propio Carlos Fernando Cabillón tiró más de una bronca. Buscó «no morir con los ojos abiertos». Mandó las variantes en la recta final, pero hubo lejanía de pretensión. Por lo demás el domingo que viene, Salto no solo jugará contra el rival, sino contra su propia necesidad de precisión. Ajustar la puntería y recuperar la fluidez del primer tiempo en Paysandú será la clave para que este 0-0 no sea solo un buen negocio, sino el preludio de una clasificación. Este Salto es capaz de exponerse a vacilaciones, pero de algo no hay dudas por dos: es solvente para defender y no se oculta detrás del bosque en materia ofensiva. Sale a buscar. Sale a querer.Buscar y querer: esa es la vía. Esa es la misión.

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Ese domingo que vendrá….

Un 0 a 0 en la ida es un lienzo en blanco esperando ser pintado, y esa «revancha» contra Paysandú no es solo un partido: es el clásico que define una identidad regional. La rivalidad con Paysandú trasciende los puntos; es orgullo puro. Para que el equipo siente esa localía como un motor, el enfoque del aliento y la presencia en el Dickinson, no debiera ser pasivo. La presencia salteña debe ser un muro. No se trata solo de ir a ver, sino de ir a imponer. La recepción: El recibimiento debe ser un golpe de efecto. Banderas, color y un ruido ensordecedor desde que los jugadores pisan el campo. La idea es que el jugador de Paysandú sienta, apenas cruza el túnel, que el ambiente…es un ambiente especial. Después de todo, hay un título en juego. El aficionado debe entender que, en un clásico tan cerrado, el silencio es el peor enemigo. Cada vez que Paysandú tenga la pelota, el murmullo debe ser constante. Si el equipo rival tiene un lateral o una falta a favor, la presión debe ser sonora.
Es cuestión de ilusión: saber que el aficionado no gana partidos, pero suma para ganarlos. Ya desde hoy, los primeros detalles para saber, desde el propio mando directriz de la Liga. La semana de las sensaciones. El reino de Salto en los últimos años a nivel del Litoral Norte. ¿Es posible seguirla? La selección retorna hoy a los entrenamientos. La única lesión en Nicolás Arbiza. El DT no es proclive a modificar si el resultado es parte de la escala. Por primera vez en la historia y frente a Paysandú en el Dickinson, definiendo en Sub 18 y Mayores. Un doble y formidable estímulo. Inapelablemente lo es.


De más a menos

Pasó el primer juego final entre Paysandú y Salto, para definir quién de los dos es el Campeón del Litoral Norte. El 0 a 0 en la «Heroica» con el arbitraje del tacuaremboense Rodolfo Rivero. La verdad sea dicha: arrancó bien y terminó mal. Fue suficiente en el primer tiempo, pero la gradual descomposición en la recta final. La situación de juego en el penal, FUERA DEL ÁREA. Rivero fue parte del error y el asistente tampoco vio lo que debió ver, teniendo en cuenta su ubicación. No fue de los mejores arbitrajes. Lejos de los mejores arbitrajes.

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