Edición Año XVII N° 883, lunes 14 de octubre de 2024
ACLIMATADOS. Últimamente se habla mucho del clima, no solo del dependiente de los informes y advertencias del Instituto Nacional de Meteorología sino también del que dispone cada empresa que realiza encuestas en tiempos electorales.
No pasa el día que antes de salir uno prenda la radio o la televisión para que nos digan cómo debemos salir vestidos, con abrigo o sin abrigo, con paraguas o sin él. O de pronto solo nos fijamos en lo que indica nuestra aplicación personalizada que se encuentra en nuestro celular. Más sencillo sería mirar por la ventana o salir unos minutos a la puerta, mirar al cielo y tomar una decisión, pero bueno, parece que preferimos algo más tecnológico que por otro lado, suele equivocarse.
He perdido la cuenta las veces que he salido a trabajar con paraguas y al rato salía el sol; o por el contrario, salía con sol y apenas llevaba mis gafas oscuras y al rato se desprendía parte del cielo con tormenta eléctrica y un baldazo de varios minutos de lluvia intensa que desbordaba las cañadas y arroyos de la ciudad. Ya he mencionado en otras oportunidades el drama de las baldosas flojas que terminan transformándose en verdaderas bombas de agua y barro que al saltar, salpican y ensucian la parte baja de los pantalones, o del cruce de las calles donde el agua está a la altura de la vereda y cuando se intenta cruzar, el agua que corre sobrepasa la altura de los tobillos. Pobre de quienes no usamos botas para el agua.
Pero del clima del que deseo al menos mencionar en esta oportunidad refiere al clima electoral que estamos viviendo los uruguayos. Este jueves en una columna de opinión que escribí bajo el título de “Témpano”, ya con el título daba una idea de a dónde me dirigía, aunque a decir verdad, la primera imagen que vino a mí y que terminé descartando porque entendí que no sumaba al momento que estamos viviendo, se trasladó al mes de abril de 1912 cuando en el Atlántico norte se hundía el famoso Titanic.
Justamente, porque además comienzo a escuchar a actores políticos que hablan que este clima frío puede interpretarse como un cuestionamiento al régimen político democrático y republicano en el que vivimos, como queriendo inferir un principio de agotamiento de nuestra democracia. No dejo de pensar que ese es un mensaje peligroso que abona la llegada de un régimen autoritario donde los derechos individuales de los ciudadanos de este país puedan ser cercenados sin más. No debería confundirse el poco gusto por el menú de opciones electorales como un dar la espalda a nuestras instituciones democráticas.
En todo caso es un mensaje a la interna de los partidos políticos sobre que pueden y deben rendir más, dejando de lado intrigas palaciegas o discursos bizantinos para preocuparse más en resolver los auténticos problemas de la gente, no aquellos que le hacen decir por algunas encuestas sino los que realmente les preocupa: trabajo y un salario acorde al coste de vida.
Por otro lado, no dejo de observar una notoria contradicción. Las encuestas no reflejan el clima electoral que estamos viviendo. Lo que abona mi idea que la gente no está descreída del sistema sino de algunos políticos que se tiran de candidatos y de todólogos (aquellos que dicen que las saben todas) pero que al final del día, no hacen las cosas que dice saber.
Como escribí el jueves, el tema sea seguramente más complejo de entender que tratar de explicarlo con la sencillez del descreimiento del sistema. No hay que dejar de lado la variable que nadie toma en cuenta: se trata del primer proceso electoral tras la pandemia, que seguramente en algo cambió nuestro comportamiento, y quizás esto no sea más que una prueba de ello. Ampliaremos.
Hasta la semana que viene… y tilo pa’la barra!