Ornela Yasy Tironi Ustra, es una joven psicóloga salteña, nacida el 23 de julio de 1993. Se crió en el campo, ámbito que ama. Hoy, en el desempeño de su profesión, aunque atiende a personas de diferentes edades, Ornela siente especial atracción por «acompañar a las vejeces». Así conversaba con EL PUEBLO para la sección Al Dorso de hoy:

1-¿Cómo surge la idea o el deseo de ser Psicóloga?
En realidad y para ser sincera no voy a decir que tuve de manera consciente este sentido de la vocación por ser psicóloga desde siempre. O sea, no fue una decisión tomada con tiempo, pensada y demás. Yo quería seguir estudiando algo que me relacionara con el campo, pero que no fuera tan largo, a la vez estaba un tanto desorientada acerca de qué hacer, entonces me anoté en la Licenciatura en Ciencias Hídricas, claramente nunca fui buena para las matemáticas y entendí a la semana y media de cursar, que no era una carrera para mí, así que me cambié casi que por azar al CIO (Ciclo Inicial Optativo) del Área Social, con la orientación en Psicología. Sin duda que en ese proceso de cambio de decisión hubo algo que me llevó a elegir lo que ahora es mi profesión.
2-Hoy en día parece bastante común esa indecisión en los jóvenes, ¿lo ves así?
Sí, y puedo decir a los jóvenes que están en ese “encontrarnos con nosotros mismos”, que no siempre sabemos qué queremos, qué nos gusta, y eso no está mal, es parte de la vida… es ir descubriendo nuestro ser y estar en este mundo, a mi entender. A mí lo que me motivó a estudiar lo que estudié, fue el deseo de acompañar a otros, y sin duda hoy puedo decir que fue una buena decisión.
3-¿Por qué querías estudiar algo vinculado al campo?
Mis padres, abuelos y algunos familiares más son del interior de Salto, la zona de Arapey Grande específicamente. Por ende yo crecí hasta casi los 5 años en el campo, amaba vivir en ese lugar, son kilómetros y kilómetros de campo, el contacto con lo natural es fabuloso. Pero también te diré que para una familia chica, se hacía cuesta arriba en el acceso a determinadas cosas, por ejemplo una garrafa de gas. Allí compartía el tiempo con mi familia haciendo las tareas de la casa, además de también atender el campo y algunos animales que en ese momento teníamos. Algo que disfrutaba mucho era salir a recorrer el campo a caballo con mi tío Carlos, con quién tengo muchos buenos recuerdos de la niñez, por ejemplo que me leía cuentos, e imitaba la voz de los personajes, en el inmenso campo y a veces en el silencio que nos devolvía, había que inventar cosas para divertirse. Él es sin duda un referente y pilar para mí.
4-¿Algunos otros recuerdos de aquellos años?
Con mi abuela Analiz nos sentábamos a la sombra de unos paraísos que teníamos al frente de la casa, en verano, eso sin duda es memorable… Aún parece que siento el viento fresquito de ese lugar… Literalmente, la vida en el campo fue lo mejor de mi infancia. Luego mi familia decidió que teníamos que mudarnos porque yo tenía que empezar la escuela y creían conveniente que estudiara en la ciudad… habría que preguntarles las razones…(risas)…yo no quería mudarme. Ya en Salto fui a la escuela N°10 «Italia», del barrio Salto Nuevo, me fue bastante bien en el desempeño escolar, llegué a la bandera y siempre tuve buenas maestras. Con mi maestra de 1er. año, Marita Montiel, tenemos contacto y es significativo que sea así, dado que los maestros son esos primeros referentes que tenemos en nuestro paso por la educación y en sus distintas etapas.
5-¿La etapa adolescente?
Mis dos primeros años de liceo fueron en el N°4, que está pegado a la Escuela 10. Luego decidí cambiarme al Liceo 5 , porque me quedaba cerca de donde vivía mi madre en ese momento, ya que iba a visitarla seguido. Por otro lado, el bachillerato lo hice en la UTU, la orientación fue Agrario, se imaginarán por qué (risas). En el bachillerato se disfrutaba hacer las prácticas en Facultad de Agronomía, dado que volvía a tener de cierta manera ese contacto con el campo. El bachillerato me dejó unas lindas compañeras, que hasta ahora, después de más de 10 años, seguimos compartiendo y con quienes no hace mucho retomé el contacto… ¡Mis compas! Amanda, Estela, Luisina, Valeria y Claudia, un grupo de personas diversas con quienes se pasa buenos momentos.
6-¿Tenés buenos recuerdos del paso por Facultad de Psicología?
Mi paso por la facultad…(piensa)…Sí, el paso por la carrera fue vivido de manera intensa. Hoy cambiaría que lo hubiera vivido a otro ritmo, porque a veces como estudiante uno no lo logra visualizar, y lo que quiere es solo llegar a la meta.
7-Contanos sobre tu trabajo actualmente…
Actualmente y desde hace un año y medio ejerzo como psicóloga clínica, desde mi consultorio particular. Trabajo con adolescentes, adultos y personas mayores. También trabajo como tallerista en un ELEPEM (Establecimiento de Larga Estadía Para Personas Mayores). Me interesa mucho acompañar a las vejeces, entendiendo lo significativo y enriquecedor que puede ser esto, si nos damos la oportunidad. Siento que es un período de la vida de la persona en que debe ser acompañada y contenida, desde potenciar lo afectivo y vincular sobre todo. Esto desde la salud mental, que es a lo que yo me ocupo, pero también creando conciencia a nivel familiar, social y colectivo, considerando a las personas mayores como una parte muy importante en el desarrollo de nuestra vida en comunidad.
8-Hablanos de tu familia…
Se compone por mi madre, mi tío y tres hermanos (Cristian, Enzo y Lucas), soy la mayor. Mi padre vive en Artigas y por su parte soy hija única. Hace tres años que vivo con Gandhi (Sánchez), mi pareja, y tenemos dos perros. Además de trabajar como psicóloga, los dos somos emprendedores y creemos que es importante ir generando múltiples fuentes de ingresos, entonces hacemos otros trabajos. Él se dedica a la animación de eventos mediante el canto, da clases de guitarra y algunas cosas más, que si las enumerara sería gracioso para el lector (risas)… Puedo decir de él que es un gran compañero.
9-Volviendo a tu profesión, cada vez parece más imperioso seguir estudiando siempre, ¿verdad?
Creo que es casi una regla que así sea, la actualización y profundización profesional es parte de la ética de trabajo. Siempre trato de posicionarme desde el lugar de «eterno aprendiz», porque todo el tiempo estamos aprendiendo. En el ejercicio de mi profesión, que involucra trabajar con lo que sienten las personas, ahondar en su psiquismo, creo que lo que decía Carl G. Jung (médico psiquiatra y psicólogo) es muy significativo, y soy redundante al decir esa palabra tantas veces, ya que creo es la idea… Jung decía «Conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana». Son palabras cargadas de sentido, en cuanto a lo delicado y la responsabilidad que implica estar en constante formación, no para lograr tener una vida académica prominente y reconocida sino para acompañar en el análisis de quienes consultan y confían en hacer sus procesos conmigo, de la mejor manera posible.
10- ¿Tenés claros algunos planes o metas a futuro?
Mi meta a corto plazo es culminar la formación en Psicogerontología, una disciplina específica de estudio de la vejez y el envejecimiento, diplomado del que estoy realizando la parte práctica en el Hogar de ASSE y se enmarca en la oferta académica que brinda Facultad de Psicología, de la UdelaR. El año que viene también quisiera poder formarme en Psicoanálisis específicamente, la idea es cursar la Maestría en Psicología Clínica con orientación Psicoanalítica, en Buenos Aires. Además de continuar con cursos cortos de actualización. Pero insisto con algo que te dije hoy: en la psicología como en la vida, para mí el sentido es acompañarnos, así que seguimos en pos de eso.
