Un Benedetti poco conocido

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    En sus comienzos literarios, Mario Benedetti cultivó su vocación escribiendo cuentos, novelas, poesía, pero como no ganaba para sustentarse, se ganaba la vida ejerciendo la profesión del periodismo. La etapa del Benedetti periodista es por todos conocida, en cambio, pocos saben que el escritor se desempeñó durante un período de su vida como cronista deportivo. Son pocos los futboleros de ley que identifican esta faceta en la proficua labor creativa del escritor.
    La muerte de Benedetti refrescó su trayectoria literaria, su obra, sus amores y desvelos. Muchos jóvenes se desayunaron que una de las pasiones del escritor, era su amor por el Club Nacional de Fútbol. En cambio, poco y casi nada se dijo del Benedetti cronista deportivo, que durante varios años se escondió detrás del seudónimo Orlando Fino, para escribir con humor crónicas futbolísticas, en las páginas de La Mañana y El Diario que se editaban en SEUSA. Los sobrevivientes de la época de gloria del periodismo uruguayo, recuerdan con admiración nombres de grandes personalidades que ejercieron la profesión en las décadas de los 50, 60, comienzos de los 70, entre los cuales surgen los de Carlos Quijano, Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, Zelmar Michelini, Gutiérrez Ruiz, Manuel Flores Mora, por citar algunos de los más notables.
    Los viejos periodistas de SEUSA recuerdan que Mario Benedetti fue enviado especial a los Juegos Olímpicos de Roma, en 1960. Sin lugar a dudas, esta distinción profesional que recibió el escritor tenía correlación con un país que apostaba a la calidad periodística. Benedetti hizo sus valijas y se fue a Roma, para realizar la cobertura de los Juegos Olímpicos y llevó como principal desafío, entrevistar al presidente del Comité Olímpico Internacional de la época, el norteamericano Avery Brundage, que dirigió ese organismo entre los años 1952 y 1972.
    El amor de Benedetti por el fútbol empezó a corta edad, cuando por los problemas del asma, se entreveraba en los picados del barrio, ocupando el puesto de golero. Cuando tenía 10 años de edad, su padre lo llevó al Estadio Centenario, con el propósito de ver la primera final de una Copa del Mundo – la primera que organizó la FIFA- entre Uruguay y Argentina. Fue el 30 de julio de 1930, pero la ilusión le duró muy poco porque como se habían agotado las entradas para el partido,  debió conformarse con escucharlo a través de una radio a galena, en un bar de la avenida 18 de julio. En 1950, ya con 30 años, su padre lo invitó a Brasil y pudo darse el gusto de presenciar la Copa del Mundo, donde fue un testigo privilegiado del histórico maracanazo.
    Como Orlando Fino, Benedetti (recuérdese que Orlando era su segundo nombre) disfrutó de su pasión futbolera, cuando aún el reconocimiento internacional a su obra, estaba en lista de espera. Cuando le preguntaban por ese pasado poco conocido de su vida creativa, disfrutaba recordando que los sábados y domingos de tarde, se iba al Estadio Centenario para ver los partidos que protagonizaban Nacional y Peñarol, y luego los reflejaba en crónicas humorísticas –con las cuales disfrutaba tanto– como lo hacía con los caños, dribling, fintas, goles.
    “En el fútbol de antes había un poco de poesía”, confesó el escritor a cuatro jóvenes chilenos que llegaron a Montevideo y lo entrevistaron para  el documental Ojos Rojos, publicado el 19 de octubre del 2008, por el diario La Nación de Santiago de Chile. El amor de Orlando Fino por el fútbol, quedó plasmado en la fecunda obra de Mario Benedetti, a través de cuentos inolvidables como Puntero Izquierdo, o la prosa como Fútbol: ¿pasión o anestesia?
    Los intelectuales tradicionalmente, han sido indiferentes al fútbol. Lo desprecian como si fuera el opio de los pueblos, quizás, porque no tienen la sensibilidad necesaria para rescatar y valorizar su arte. Mario Benedetti fue la antítesis. Lo interpretó, lo vivió y le dio vida a través de la literatura. No tengo dudas que los futboleros estamos en deuda con él, porque no hemos reivindicado su aporte sensible al deporte rey de los uruguayos.
    Benedetti que fue un viajero peregrino del mundo –forzado durante más de una década– llegó a decir que a nuestro país lo conocieron en la comunidad internacional gracias a su fútbol. Una definición categórica de un hombre culto, sabio, intelectual, que no se ruborizó jamás entre sus pares, cuando reconoció su amor y pasión por el fútbol-arte, y no tuvo empacho en censurar al fútbol-negocio.

    Ricardo Gabito Acevedo

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