Seguimos con los ojos vendados

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Desde luego que no compartimos la afirmación que por estos días hemos escuchado de varios líderes políticos, sosteniendo que nuestro país sale fortalecido del caso de un jefe de la guardia personal del Presidente de la República que usaba su alto cargo para delinquir desde hace muchísimos años.
Y nobleza obliga a decir que no siempre ocupó el cargo y el poder que tenía hoy, pero si que por lo menos desde hace más de vente años se manejaba fuera de la ley e incluso había estado preso, pero ni a Lacalle padre, ni a su hijo el actual Presidente de la República, parece haberle llegado la información correcta y completa.
Hace ya de esto mucho tiempo, ahora todo el mundo sabía como se manejaba el hoy jefe de la Guardia Presidencial, pero nadie -al parecer- había llegado a denunciar.
¿Miedo o deficiente uso del poder del Presidente de la República?
En el campo de las versiones sin conformar hay muchas cosas por investigar, por asumir y demostrar- si es que no existen pruebas- que no pasan de ser hipótesis.Desde la vecina orilla se afirma que el atentado de la AMIA, el más sangriento sufrido por Argentina y del que se responsabiliza al regimen de Irán, fue preparado desde Montevideo.
Nadie investiga, ni nadie le da mayor crédito a esta versión.
Tampoco existen explicaciones que demuestren qué venían a hacer los iranies que viajaban en el avión que fue impedido de bajar en el Uruguay y tuvo que hacerlo en Argentina, donde quedó detenido por largo tiempo. ¿Por qué Uruguay?
¿Es que aquí hallaban las condiciones que no tenían en otros países?
La relación de Uruguay con Irán, un importante destino de nuestras exportaciones, está en el tapete y el hecho de la AMIA sigue siendo demasiado grave como para que se lo oculte o se deje sin investigar todas las hipótesis. Es bueno que se informe a la población. Si hay pruebas o sospechas fundadas al menos, el pueblo debe conocerlas. Un pueblo que ignora lo que verdaderamente está sucediendo es a lo que aspiran los narcoestados. Vale decir que se muestre convencido que está obrando debidamente, cuando sus propios políticos están involucrados, por acción u omisión, en actividades delictivas.
Confiamos en muchos de nuestros políticos, no en todos obviamente y estamos seguros que tampoco conocen la realidad, porque hemos llegado a un punto del fanatismo ideológico, que no nos permite ver, ni informarnos debidamente. Basta con saber de donde proviene una versión para aprobarla o descartarla.
No es la actitud justa, solidaria y responsable que esperamos.
A.R.D.

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