EDITORIAL

Otra perla para el collar

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Luca Silva es un periodista de “la Diaria”, que acaba de editar un libro titulado “El Caso Astesiano”. ¿Por qué escribimos hoy sobre esto? Pues porque mientras nosotros seguimos hablando de lo que pasó en Argentina con la LUC argentina, denominada “ley ómnibus” (porque en realidad contiene varias leyes), ocultamos o no hablamos de asuntos que consideramos realmente graves para nuestra democracia y no queremos que esto siga sucediendo.

Nos explicamos: en algunas páginas de su libro, el periodista sostiene que Astesiano cobraba varios miles de dólares con la promesa de recuperarlos y obtener ganancias sobre ellos a empresarios cuyo propósito era competir en algunas de las licitaciones del Estado uruguayo, y Astesiano prometía “influir” a algunas autoridades para que decidieran a su favor.

Pero, ¿Astesiano estaba solo en estos “favores” que vendía a algunos empresarios? Del libro se desprende que no, que tenía contactos con la empresa conformada en su mayoría por militares retirados.

Liliana Castro Automóviles

Es obvio que de esto no se habla porque el “Caso Astesiano” ya es cosa juzgada y los abogados defensores lograron que el caso se cerrara habiendo investigado sólo una parte y no todas las ramificaciones que podría tener.

Otra perla para el collar.

El teléfono celular del exsenador Gustavo Penadés, donde se considera que existe información muy valiosa para la investigación, está incautado y en poder de la policía, pero he aquí que, según se ha informado ahora, dicho teléfono fue accionado y una persona invitó a chatear a una persona del conocimiento del senador.

La Fiscalía, que en todos los casos es apuntada como responsable, ha aclarado que no tiene nada que ver y que incluso dicho teléfono no está en su poder. ¿Quién lo tiene? ¿Por qué lo usó y con qué propósito?

Son todas cosas demasiado graves que deben ser aclaradas, a menos que se pretenda esconder algo, aunque con ello se lastime gravemente al sistema democrático que nos enorgullece.

Se puede ver en esto un propósito politiquero, un aprovechamiento circunstancial de un hecho, o bien se puede ver más allá de todo esto y pretender que se haga justicia, caiga quien caiga y afecte a quien afecte.

Es que mucho nos tememos que la corrupción tenga un alcance mucho mayor de lo que creemos y haya infectado mucho más de lo que pensamos.

Una cosa es innegable: queda mucho por aclarar e investigar, mucho más allá de las consecuencias que pueda tener.

Preferimos una democracia lo más “limpia y transparente” posible, antes que tranquila y “normal”, porque tontos no somos.

Alberto Rodríguez Díaz


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