SIMPLIFICACIÓN. La semana pasada hacíamos referencia a ciertas definiciones políticas sin hacer valoración alguna sobre las mismas, simplemente mostrando cómo se manejan los partidos políticos cuando alcanzan el poder, sean de derecha o de izquierda, con una profunda simplificación de nuestra parte a sabiendas que estaríamos cometiendo, seguramente, alguna injusticia, pero con la intención de tratar de ser claros en el planteo reduccionista que tuvimos que realizar sobre definiciones tales como lo que es gasto o inversión en las arcas de la “res publica”.
Lo que para algunos es gasto, para otros es inversión y viceversa. Por ejemplo, es una mala inversión (un gasto) subsidiar la cerveza, pero no la leche. Lo que está mal no es subsidiar la industria cervecera (porque de última, se trata también del trabajo de los uruguayos, pese a que los dueños de la misma sean de otro país y las ganancias se vayan para ahí), lo que está mal es no hacer lo mismo con la leche (sería una buena inversión). En esta no se salva nadie, porque han pasado gobiernos de todos los colores y ese tema se ha mantenido igual. De todas formas, nos referíamos a otro tema la semana pasada en esta columna, hablábamos de políticas implementadas y llevadas adelante por el MIDES o con el descuento del 24% del IMESI en el precio de los combustibles, que como se vio, al final, al menos esto último tuvo un final feliz, no lo de la gente que trabajaba en el MIDES y ha ido quedando en la calle en tiempo de pandemia. En fin.
Hoy pretendo poner énfasis en otra simplificación, que esta vez no la hago yo sino quienes pululan en el antro de las redes sociales, potenciados por el anonimato que les brinda los perfiles truchos o escudados en la distancia de no tener que enfrentar dialécticamente a alguien en un cara a cara.
Es increíble observar cómo se ha llegado a simplificar todo en estos días, donde podemos ver que, si alguien critica al gobierno nacional, es porque es “zurdo”, o si aplaude una buena acción del gobierno, es porque es un “facho multicolor”. Opine lo que se opine, lo primero que se hace es etiquetar a la persona que se expresó de acuerdo a algún tema en particular, si es a favor de tal postura, entonces es una cosa, si lo hace en contra, es otra. No se debaten ideas sino etiquetas.
Ese es el colmo de la simplificación, volvemos a aquella vieja postura de “amigo-enemigo”, lo que produce una profunda preocupación, porque de a poco estamos yendo por el camino de no aceptar discutir sobre nada, como diciendo, “no gasto pólvora en chimango con vos, porque sos tal cosa”, llegando incluso a negar el derecho a expresarse a la gente si algo le gusta o no le gusta, si está de acuerdo o no.
Esa postura autoritaria, rayana a los bordes del totalitarismo, donde solo se admite el pensamiento único (el mío y de aquellos que piensan como yo), no se acepta al que piensa distinto, y se lo termina excluyendo de algunos círculos. Hay amistades que se han roto por esto. Hay familias que no se hablan por esto. Es el colmo de la insensatez. Y no estoy hablando de lo que pasa en algún país lejano o vecino. Hablo de lo que pasa en Salto, y de eso tenemos que hacernos cargo todos.
Convocamos desde este humilde espacio de EL PUEBLO a la tolerancia y a la convivencia entre vecinos. A no dejar que la manija de algunos influya en nuestro buen juicio. Discutir está bien, intercambiar ideas está bien, pensar distinto está bien, no todos tenemos que estar de acuerdo en todo ni defender lo indefendible, sea del lado que sea. La vida es bella porque es heterogénea y porque somos todos distintos en nuestro ADN, no existen en el universo dos personas iguales (hasta que aparezcan los clones), sepamos entonces vivir en esa diversidad de pensamiento con tranquilidad y bastante tilo, de ser necesario.
Hasta la semana que viene…