Tiene 28 años, dos hijos y un tumor cerebral. La quimioterapia ya no funciona y necesita un tratamiento en Brasil que cuesta 20 mil dólares.

Con apenas 28 años, una familia formada y dos hijos pequeños que la esperan cada día, Macarena Olivera enfrenta una de las batallas más duras de su vida. Vecina de Salto, trabajadora, madre y esposa, su rutina cambió de forma abrupta cuando el dolor constante, el cansancio extremo y síntomas que parecían “estrés” terminaron revelando un diagnóstico impensado: un tumor cerebral. Desde ese momento, nada volvió a ser igual.
Macarena dejó su trabajo como repostera hace un año debido al avance de la enfermedad. Hoy, su esposo —empleado de la Intendencia— es el único sostén económico del hogar, mientras ella transita tratamientos que ya no están dando los resultados esperados. La quimioterapia dejó de funcionar y la alternativa quirúrgica implica un riesgo demasiado alto. Frente a ese escenario, los médicos le plantearon una última posibilidad: un procedimiento altamente especializado que solo se realiza en Brasil o en Estados Unidos. Por su costo, la opción brasileña es la única viable, aunque aun así el monto resulta inalcanzable para una familia trabajadora.
El tratamiento requiere reunir 20.000 dólares, una cifra que Macarena intenta alcanzar con rifas, espectáculos solidarios, ventas en vivo y alcancías distribuidas en distintos puntos. En el camino, también debió vender pertenencias personales, incluso una de sus motos, para seguir avanzando. Aun así, el tiempo apremia: su cuerpo ya no responde a la medicación actual y el dolor avanza, con la morfina asomando como una opción que ella intenta evitar para no perder lucidez ni calidad de vida.
Más allá de la enfermedad, Macarena habla desde un lugar profundamente humano. Del esfuerzo por proteger emocionalmente a sus hijos, del miedo de contarle a su familia, de las caídas, los mareos y las limitaciones físicas que aparecen de golpe, pero también de la solidaridad que aún espera despertar. Su historia no es solo la de una paciente oncológica: es la de una mujer joven que quiere vivir, criar a sus hijos, terminar su casa y recuperar, aunque sea de a poco, la vida que tenía antes del diagnóstico.
Esta es la historia de Macarena Olivera. Una historia que interpela, que duele y que, sobre todo, necesita del compromiso y la empatía de toda la comunidad.
Por tal motivo, la protagonista de la historia de vida de hoy es Macarena Olivera, de 28 años de edad, quien necesita costear su tratamiento oncológico.
¿Cómo estás?
—Hoy por hoy estoy media deteriorada porque ayer fuimos a hacer un vivo de postres y ni bien llegué ya me empecé a marear, me dormía sentada, me duermo y me caigo.
Ya tendría que hacerme ese tratamiento u operarme, pero la operación tiene mucho riesgo, entonces yo decidí hacerme ese procedimiento, que solo lo hacen en Brasil o en Estados Unidos, pero en Estados Unidos vale mucho más caro, y decidí hacérmelo en Brasil. Tengo que pagar seis cuotas de 6.000 dólares ya pagué una, ahora voy a pagar otra y para la otra tengo que poner dos más porque me sobrarían cuatro, entonces tengo que poner 2.000 dólares más para tener para tres cuotas.
Ahora ya no me hace nada la quimio, entonces me dijeron que tratara de apresurar esos veinte que me faltan porque ya no está funcionando y, si no, voy a llegar a la morfina. Yo no quiero meterme morfina porque, primero, eso te volvés adicto; segundo, te volvés como que no sentís nada, es como una droga, vamos a decir así.
Nosotros somos una familia de cuatro: tengo el nene, la nena, mi esposo y yo. Yo dejé de trabajar hace un año, mi esposo trabaja en la Intendencia y es él el que nos sustenta, entonces es re difícil, es re complicado.

¿Qué edad tenés?
—28.
¿Cómo era tu vida antes de que te dieran este diagnóstico?
—Yo trabajaba de repostera, mi marido trabajaba en la Intendencia, los niños iban a la escuela y hacían sus actividades. El nene juega al fútbol, la nena hacía gimnasia y después hacía boxeo. El nene sigue el fútbol todavía, pero él cuando se enteró que yo tenía cáncer, como todo niño, ¿no? Porque hay tres mamás en clase de él que tienen cáncer. El otro día conoció a una mamá que cuando se peló el pelo empezó a llorar porque dice que falleció.
El otro día estaba acostada en el sillón, me había acostado, estaba loca de la vida, no aguantaba más. Me senté, me fui a acomodar la cola y me quedó la cola en la mano, me fui al baño y me pelé».
¿Tomaste esa decisión de cortarte el pelo?
—Sí, y cuando él me vio no sabés el dolor de él, y me contuve porque yo siempre protejo, trato de proteger a mi familia para que ellos no sufran, porque cuando yo me enteré que el doctor me dijo, porque me tenían así….
¿Qué síntoma sentías?
—Sentía dolor en la cabeza y en la espalda, dolor y dolor. Sentía un dolor en esto acá y el tumor está bien acá. Se me caía el pelo y yo le decía a la doctora y me decía: ‘No, capaz es mucho estrés, mucho estrés’.
Cuando te dan el diagnóstico, ¿cómo fue ese día?
—Ellos me mandaron a hacer muchos exámenes y después yo les digo: ‘Ustedes me van a disculpar porque son cuatro doctores, ustedes me van a disculpar, pero yo tengo 28 años, no soy una gurisa chica, yo necesito que ustedes me digan la verdad porque ustedes me tienen para acá, para allá, cada vez me tienen más nerviosa’.
Y ellos me dijeron, así me dijeron: ‘Mirá, para nosotros vos tenés cáncer o tenés un tumor en el cerebro’, y ta, yo lo acepté así, quedé como muda, así, no hice nada. Lo importante es que me dijeron la verdad.
Qué difícil habrá sido enfrentar a tu familia para contarles.
—Yo demoré tres meses en contarle a mi familia. Salí del centro médico y me fui derecho a una placita, allá está la fuente de agua, y estuve una hora sentada allá cómo le digo a mi familia lo que estoy pensando , porque mi madre tiene enfermedades, diabetes y todas esas cosas. Pero yo decía: ¿cómo le digo a mi marido que tengo cáncer?, ¿cómo le digo a mis hijos? Y ta, pasó.
Un día me sentía mal, no podía más, fui a la doctora y me dice: ‘Esta receta andá y pedila allí’, que él queda conmigo hablando. Pasó, cuando venimos a casa me dice: ‘¿Por qué no me contaste que tenés cáncer?’. Él quedó re triste. Después fue el momento de ‘no comas esto, no comas aquello’.
¿Cómo es un día tuyo?
—Hoy en día los nenes están más pegados a mí. Si necesito algo: ‘Mamá, yo te traigo’. Están todos atrás mío. Yo les digo: ‘Ustedes no me traten como enferma, quiero seguir mi vida como era’.
¿De qué manera puede colaborar la gente para que vos puedas realizarte el tratamiento oncológico?
—Yo tengo cuenta en Abitab y BROU.
¿Cuánto necesitás recaudar para poder hacerte el tratamiento oncológico?
—20.000 dólares, y todavía no voy ni cinco.
La gente de Salto es solidaria, ¿vos cómo lo encontrás?
—Mirá, yo busqué por todos lados. La gente dice ‘llamá a un cantante de esos’, pero llamo a todo el mundo y nadie quiere colaborar, no te responden, no te dicen nada.
¿Pretendías hacer algún espectáculo?
—Yo hice el espectáculo en la plaza y claro, estamos en pleno carnaval. Yo lo que quería es que publicaran esa foto como tolerancia.
¿Vos querés que la gente lo difunda más?
—Claro, eso quiero, porque cuanto más llegue yo puedo….
¿Poder juntar para hacerte el tratamiento?
—Sí, sí, eso.
¿Qué te enseñó esta experiencia sobre la vida y sobre vos misma, todo esto que estás viviendo?
—Yo decía, uno siempre lo ve de afuera. Una vuelta le dije a mi esposo: ‘Me duele tanto una madre pidiendo ayuda en el BPS que tenía una nenita, vivía en silla de ruedas, no se podía mover. El Estado no le quiere conceder algo, aunque sea 5.000 pesos. La madre dejó de trabajar porque esa nenita necesita todo durante el día, necesita que le hagan todo porque ella no se puede mover, y el BPS le negó todo, todo le negó’.
Yo solicité a todo el mundo, a del carnaval, si podían poner alcancías, al intendente.
¿Qué te respondió el intendente?
—Que no, que no se podía, que esto, que aquello, que no se podía.
Pedimos en esos pueblitos, esos pueblitos te ayudan mucho, pero viste que estamos en Salto, vos me vas a decir que no se van a poner un granito de arena.
Entre todos un poquito para poder llegar.
—Claro, porque hoy puedo tener yo, mañana vos no sabés si puede tener otra persona.
Yo no sabía que tenía un tumor en la cabeza y ahora me empecé a dar cuenta. Vos sabés que yo hago dos pasitos. Ayer estaba cocinando y se me cae la olla, estaba cocinando y me agarré de la olla, me caí y me quemé toda porque estaba cocinando. Me caigo, me caigo y agarrate como puedas.
Después que pase todo esto, si Dios quiere, y que puedas juntar la plata, hacerte el tratamiento, ¿qué soñás hacer?, ¿qué te gustaría?
—Terminar mi casa, si Dios quiere, de a poquito. Quiero descansar, disfrutar de mis hijos. Por ahora no hacemos nada. Tenemos una moto sola, la otra la vendí para juntar más plata para el tratamiento. Tuve que vender muchas cosas para juntar para el tratamiento. Hago vivos de ropa también para el tratamiento, pero no es fácil, son 20.000 dólares, no se puede.
¿Hay alcancías en diferentes lugares?
Sí, hoy vino uno de las murgas y se llevó cinco. Estos días van a salir las murgas y a fin de mes, después se van el dos para no sé dónde. Y otro muchacho se llevó para el lado del Proyecto Volcán.
Muchas gracias por venir hasta acá y entender lo que me está pasando, porque mucha gente no lo entiende. Yo no entiendo por qué me van pinchando la cabeza, me sacan para probar qué es el tumor, una biopsia. Yo no lo entiendo, pero bueno, ojalá Dios me ayude y yo pueda hacer eso.





