Una vez más volvieron a Uruguay y nos volvieron a visitar; se trata de este proyecto que ha nacido en República Checa, el que invita a los habitantes de distintos lugares de Europa a recorrer el mundo en Camiones adaptados y fabricados para que unas 16 personas lo habiten durante muchos meses. De manera seguida vemos esos grandes vehículos de transporte por la ciudad. Salto al ser paso de frontera y también estar muy cerca de Brasil es una ruta obligada para muchos de estos ocasionales visitantes europeos. En esta oportunidad, nuevamente y encantados por el paisaje y la naturaleza de la región estás excursiones volvieron a pisar suelo uruguayo después de un año.
Una vez que mostramos nuestras fotos a través de la página oficial, muchos fueron los pedidos de volver recorrer Uruguay, Argentina y el sur de Brasil. La gente que nos ha contactado se maravilló con las imágenes del este de su país. Es maravilloso recorrer la costa oceánica y también ver la naturaleza que Uruguay tiene. Por supuesto que Europa la tiene pero hay una atracción muy especial por éstos paisajes.
Aneska, la joven que volvió a nuestro país y se convirtió en la guía del grupo.
Hace un año exactamente dialogamos con esta jovencita que nos llamó la atención en su modo de hablar y también de llevar a los visitantes europeos que vinieron por primera vez a Uruguay según su relato.
El reencuentro en el centro de la ciudad volvió a ser motivo de esta entrevista que también se prestó para que los tripulantes de estos camiones ambulantes nos den su testimonio de cómo ven al Uruguay.
Andrea, 33 años, joven Pediatra Checo.
“Es muy país maravilloso, tiene todo, en pocas horas visitas las playas más lindas y también estás en un clima casi que tropical (un día de mucho calor por la ciudad salteña). Tuvimos la fortuna de probar las naranjas, ya casi fuera de estación porque se termina la temporada según lo que nos enseñó el vendedor. Además fuimos hasta una quinta donde nos deleitamos con otras variedades”.
Su paso también por Bolivia.
Aneska también nos habló de su llegada a otros lugares como por ejemplo donde prometió volver; Bolivia.
“Muchas veces convivimos con prejuicios y nos negamos a vivir nuestra propia experiencia por no pasarla mal. Había visto videos de viajeros en donde siempre comentaban malas experiencias sobre este país. Mis dos objetivos eran el salar de Uyuni y la ruta de la muerte, y aún con informaciones pésimas sobre este país, no quería perderme la experiencia de vivir esos dos objetivos. Vivir la experiencia de la mina fue un esfuerzo psicológico y físico tremendo.
Entré a La Paz a media tarde y fue un error que provocó hasta llanto una ciudad caótica, pero con un orden dentro del caos si cabe. La ruta de la muerte me estaba costando caro porque para llegar a ella tenía que entrar a La Paz, ciudad en la que demore 3 horas para atravesarla, si 3 horas y debía hacerlo nuevamente luego, a los dos días, para seguir mi ruta. El combustible también fue complicado, no todas las estaciones de servicio te cargan; y debí seguir a un taxista hasta un campo en donde el amigo sacó diésel de un tractor para auxiliarme, había llegado en reserva y necesitaba para 100 kms mas hasta cruzar a Perú. Le extendí la mano que tomó tímidamente y le dije “ me salvaste hermano”. Así siento hoy por su gente, hermandad! La empatía, cordialidad y respeto de los Bolivianos quedará siempre en mi junto con sus maravillosos paisajes. Prometo volver”.
El paso por la ruta de la muerte en Bolivia
Cada paso que está delegación da, está cargada de información e historia. No es solamente una excursión sino que se trata de personas cultas queriendo conocer nuestras costumbres, su paso por el país del Altiplano dejo una muy rica experiencia.
“Parte de esta carretera fue construida con mano de obra de prisioneros paraguayos, durante la guerra del Chaco en la década de 1930. Fue parte de una de las pocas rutas que conectan la selva amazónica del norte del país, con la ciudad de La Paz.
Debido a sus pendientes pronunciadas, con un ancho de un solo carril (3 metros en algunos lugares), y la falta de guardarraíles, este camino se tornaba extremadamente peligroso.
Además en la zona son habituales la lluvia y la niebla, que disminuyen notablemente la visibilidad, el piso embarrado y las piedras sueltas que caen desde las montañas. El 24 de julio de 1983, un autobús se desbarrancó del Camino a los Yungas precipitándose en un cañón, produciendo la muerte de más de cien pasajeros en el peor accidente vial de Bolivia.
Ya a mediados de la década de 1990, entre 200 y 300 conductores se desviaron de la carretera y cayeron al vacío del acantilado. Una tasa de casi una muerte diaria. En 2011 se produjeron un total de 114 accidentes. Cuando comencé a transitarla pensé en cuantos seres humanos también habían iniciado ese camino sin pensar que sería su último día de vida. Hoy ya existe una ruta paralela pavimentada y ésta quedó solo para tránsito de ciclistas, moteros y algún vehículo de viajeros. Para mí fue un gran desafío y mi despedida de Bolivia”.
Una excursión por aquí y otra a la vez en Rusia
Mientras esté vehículo pesado con 16 ocupantes se encontraba en nuestra ciudad, otro de mayor porte y con más capacidad, en total 21 pasajeros, está en la frontera de Rusia viajando y disfrutando de esos paisajes bastante alejados de la guerra que allí se desarrolla. De todas maneras hay muchos cuidados que deben tomar por los peligros que existen en la zona.
