La vergüenza de correr tras las armas

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    El presidente boliviano Evo Morales se dispone a comprar material militar por U S $ 100 millones a Rusia, mientras que recientemente el mandatario brasileño Luiz Inacio Lula da Silva abrió negociaciones con Francia para la compra de 36 aviones caza Rafale.
    Brasil ya había encargado en París cinco submarinos de ataque Scorpene y 50 helicópteros de transporte EC-725, por un importe de U S $ 9.600 millones. Es por ello que Colombia espera que se coloque sobre la mesa en la Unasur el tema del armamentismo que se está dando en la región.
    Venezuela proyecta endeudarse con Rusia, esencialmente para la compra de sofisticado armamento bélico.
    Chile es detrás de Colombia el segundo país latinoamericano en inversiones en el área del armamentismo, dado que destina, por ley (Reservada del Cobre) que subsiste de la dictadura de Pinochet, el 10 por ciento del dinero que dejan las exportaciones de cobre –principal fuente de divisas de la nación trasandina – a los gastos militares.
    La lista es incompleta, dado que también Perú y Ecuador tienen gastos importantes en este rubro y Cuba también tiene muy importante armamento.
    Honestamente, esta situación nos causa vergüenza. Aún cuando Uruguay no esté en la lista, pensamos en los pueblos pobres del sub continente, de estas mismas naciones. En quienes no tienen resuelto ni siquiera su subsistencia diaria. En las favelas brasileñas, en los pueblos indígenas de la Amazonia Venezolana, en la pobreza presente en cada uno de estos pueblos, como una situación que clama justicia social.
    ¡Cuánto se podría hacer por ellos si realmente fuéramos capaces de trabajar en la misma línea, de erradicación de la pobreza, de volcar todos los recursos a mejorar las condiciones de vida de estas familias!.
    Pero además de esto, pensamos que entrar en esta fiebre armamentista es hacerles el “caldo gordo” a los fabricantes de armas, a quienes trafican con la muerte. No olvidemos que en el pasado ha habido verdaderas mafias detrás de las guerras, que promueven los enfrentamientos y hasta se dio el caso de la “famosa” venta de armas del Ejército Argentino, en un conflicto en el que Argentina era precisamente mediador. Esto se hizo mediante una triangulación a través de una de las tenebrosas “SAFI” (Sociedades Anónimas Financieras de Inversión) uruguaya, que operó desde Montevideo, en un episodio nunca debidamente aclarado.
    Los ministros de Relaciones Exteriores y de Defensa de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), se reunían ayer martes en Quito en un ambiente de recelo y tensión generado por el acuerdo militar de Colombia y Estados Unidos y las compras de armamento de Venezuela a Rusia.
    Aún cuando expertos en el área niegan que haya en América Latina una “carrera armamentista”, que entienden como una situación de “acción y respuesta” en el tema, es innegable que esta avanza a pasos agigantados.
    Pensar en aquello de los “pueblos hermanos” hoy parece una ingenuidad, en tanto no dudamos que hay quienes nos llaman “sudacas”, que están riendo y restregándose las manos, porque siguen haciendo sus suculentos negocios con la fabricación de las armas.
    ¿Triste verdad?.

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