La verdad y toda la verdad

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En estos momentos hay un pueblo armenio sitiado, integrante del mismo país que sufriera un genocidio, aunque éste no sea reconocido aún por todas las grandes potencias.

Un pueblo armenio que debió pasar el crudo invierno sin gas y sin calefacción. Un pueblo armenio que sólo tiene por alimentos los que produce. De esto poco se sabe, porque las grandes potencias prefieren “quitarle la atención”, aunque sea tan tremendo como cualquier otra guerra.

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Un pueblo que por no aceptar algunas del as exigencias del país invasor está amenazado de morirse de hambre.

De esto se sabe poco y no decimos que lo que defienden sea lo legítimo. Es más fácil tomar posición y opinar sobre la guerra de Ucrania y Rusia, que sobre esta situación, en alguna medida porque no se la conoce. No estamos justificando la intervención rusa. Tampoco desconocemos que los ucranianos viven bajo un régimen que dista mucho de ser democrático.

No sabemos qué oscuros intereses están en juego en cada caso, pero al menos no opinamos con los primeros argumentos que otros nos proporcionan, tratando de que condenemos lo que directa o indirectamente han provocado y provocan.

Nos enorgullece saber que Uruguay fue el primer país en el mundo que condenó el genocidio de armenios.

En cada caso exigimos saber toda la verdad y la que vuelcan algunos intereses en el tema. Toda guerra es cruel e inhumana y casi siempre los que la sufren son los pueblos, los que menos tienen y los que primero son atacados.

Atacados, asesinados y obligados a dejar todas sus pertenencias para huir son a menudo los que engrosan las filas de migrantes, buscando refugio en países desconocidos en los que con suerte podrán comenzar de nuevo.

Es hora que comencemos a trabajar para que estos casos no sucedan más, porque mientras sean las ambiciones de hombres y naciones los que dominen el mundo seguirán sucediéndose estos casos y los que estamos cómodamente instalados en él seguiremos ignorándolos o mirando para otro lado y tarde o temprano pagaremos las consecuencias.

Los ambiciosos tienen sus artimañas y es posible que la verdad nunca se conozca en cada caso, sólo se nos manipula para que opinemos de acuerdo a lo que conviene a su posición, o su interés, generalmente tan nefasto como el que quieren que condenemos.

La madurez cívica exige que cada tema sea analizado a fondo y que la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, de los hechos probados, se nos proporcione para que seamos nosotros de acuerdo a nuestro libre albedrío quienes opinemos.

Así las cosas.

A.R.D.

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