Alberto Chiriff, filósofo
“La Semana Santa o Criolla o Turismo del Uruguay es como el Aleph de Borges, porque conviven todas las cosmovisiones uruguayas en esa misma semana”
El multifacético Alberto Chiriff es Profesor de Filosofía, de los que gusta filosofar. Pero además, trata de llevar la filosofía a la gente en la calle con sus encuentros de “filosofía a cara de perro”. Pero además aún, está a cargo de la coordinación del Espacio Eduardo Piñeyro, donde se desarrollan los talleres de Cultura de la Intendencia de Salto, ha sido director de murga “La Nueva”. En diálogo con EL PUEBLO, filosofó con su acostumbrado sarcasmo y sinceridad sobre esta semana tan particular para los uruguayos.

– Me gustaría comenzar con una pregunta que seguramente alguna vez todos nos hicimos en el liceo, ¿para qué sirve la filosofía?
– Para nada. Un filósofo francés que amo dice que si la filosofía no te cambia la vida es puro conocimiento al cohete, la filosofía te tiene que transformar. Por eso siempre les digo a los gurises, no todos los profes filosofan, hay muy buenos profes de filosofía, pero filosofar es otra cosa. Entonces, cuando preguntan para qué sirve la filosofía, la respuesta debe ser agresiva, como dice Deleuze, porque la pregunta es irónica. Y esa es una de las cuestiones que tiene la filosofía como método, no siempre tiene la respuesta, sino que se trata de desmontar la pregunta.
– ¿Por qué la respuesta debe ser interpretada como agresiva? ¿No podría tratarse de una pregunta legítima?
– Porque la utilidad viene de la mano del mercado. El concepto de utilidad, como cuando dicen, “quiero ser periodista”, y te responden, “bien, ¿pero de qué vas a vivir?”, o como dije yo que quería estudiar música, mi madre nunca me dijo nada, pero algunos me dijeron, “¿y de qué vas a vivir?”. Con la filosofía pasa lo mismo, entonces preguntan, ¿pero para qué sirve? Tiene la misma lógica. Entonces, no sirve para nada de lo que el mercado considera. ¿Para qué sirve una lapicera? Para escribir, se terminó y la tirás. La filosofía no tiene esa utilidad, tiene otra. Cuando te preguntan, ¿para qué sirve?, lo hacen por un criterio de utilidad que ya viene previamente. Entonces, la gracia está en desmontar la pregunta.
– Entonces cambio la pregunta, ¿cuál es la utilidad de la filosofía en nuestra vida?
– Tengo que remitirme a cómo nació la filosofía hace tres mil años. Nació diciendo “ché, no puede ser que nos comamos todos los mitos” de los dioses, de la creación, de los guerreros, que tenían mucha importancia en esa época, que serían como un Ministro de Defensa de hoy, de los gobernantes, de los imperios. No puede ser, tiene que haber otra manera de pensar que no fuera a través de los mitos. Ahí surge el famoso logos, después vino la lógica, luego la razón. Y es eso, es poner una pausa en el pensamiento que viene dado y preguntarse si eso es lógico, en el sentido amplio. ¿Esto es racional o no? ¿Qué me esconde que tengamos un dios que no fue creador? Porque Zeus no era creador, era ordenador, que además tenía toda una corte. Y hace 3 mil años ya estaba la respuesta que tenemos hoy, el big bang. Lees a Demócrito, contemporáneo de Platón, y hace 2.500 años ya decía que el universo estaba formado por partículas elementales llamadas átomos. ¡Genial! Sin microscopio, sin nada, era solo pensando. Ya había venido antes Empédocles que dijo, ¿qué dioses van a crear el universo? El universo está creado de la mezcla del agua, tierra, aire y fuego. A partir de ahí, la filosofía nace ya enfrentada a los saberes dominantes, ¿qué tiene un saber para imponerse como saber? Poder.
– Hablando de mitos, casualmente esta semana está cargada de ellos. La Semana de la Cerveza, la Vuelta Ciclista, las domas del Prado, turismo termal, remontar cometas o pandorgas, la Semana Santa, ¿cómo nos relacionamos los uruguayos con esos mitos?
– Lo primero a decir es que los mitos fundantes son muy necesarios para cualquier comunidad, para una familia. El abuelo tal que vino de tal lado. El tío que cantó en la radio. Los mitos fundantes para la pareja, “¿te acordás cuando nos conocimos?”, al tiempo ya no importa si eso fue real o no, ya es parte del mito fundante, “vení nene, te voy a contar cómo se conocieron tus padres”. Y no importa si eso fue real, el gurí necesita un mito fuerte que funde la identidad que tiene con los padres. Y eso pasa con Uruguay, que es de los pocos casos en el mundo que fue primero Estado y después Nación; o sea, primero fue Estado y después generó los mitos. Blanes con el Artigas de la Ciudadela, el himno. Generalmente las naciones son primero Naciones y después se delimitan jurídicamente como Estados. Uruguay fue al revés, fue un acuerdo donde dijeron, “esto es el Uruguay, ahora hay que hacer un mito de eso”.
Creo que uno de los mitos fundamentales es la del viejo Batlle, que hizo una cantidad de cosas muy interesantes y vanguardistas para su momento, entre ellas la separación de la Iglesia del Estado, el tipo fue un adelantado, no lo hizo Brasil ni Argentina, lo hizo alguien que estaba al tanto de las corrientes positivistas de Francia, de Inglaterra. No era un intelectual, pero no era ningún nabo, sabía de quién rodearse. Vio que la Iglesia ejercía un poder que podía ir contra el Estado, tampoco se trataba de una cuestión ideológica fuerte, era una cuestión de poder, él veía lo que pasaba en otros países y vio el poder que tuvo la Iglesia Católica en Uruguay, es así que habló de separarla. Entonces, en 1919 la Semana Santa pasó a ser Semana de Turismo, y ahí fueron una cantidad de cosas, como por ejemplo, Navidad pasó a ser el Día de la Familia, el Día de Reyes pasó a ser el Día de los Niños, el 8 de diciembre que era el Día de la Virgen pasó a ser el Día de las Playas. Eso fue un mito fundante para Uruguay, el Estado Laico. Hasta el Siglo XX dábamos por descontado que la Iglesia no se metía en cuestiones políticas. La primera década del Siglo XX marcó una impronta distinta donde la Iglesia empezó a meterse con la política, pero está a raya todavía, Uruguay sigue siendo laico.
La Constitución de 1919 marcó un mito fundante, porque en todos lados es Semana Santa, y eso hoy convive con nosotros, el uruguayo tiene esa contradicción. Por ejemplo, yo convivo en la Semana de Turismo, pero sé que es Semana Santa. Hay gente que va más allá, no es ni siquiera turismo, es la Semana de la Vuelta Ciclista, hay gente que es la Semana de la Fiesta de la Cerveza, hay caravanas de salteños que van para Paysandú, viven en la Fiesta de la Cerveza, cada filosofía es un mundo.
Todo esto forma parte de la uruguayes, porque nosotros separamos bien, pero se trata de una misma semana donde conviven varios mitos. Hay un cuento de Borges, El Aleph, que es un punto donde se concentra todo el universo, el personaje del cuento lo descubre debajo de una escalera en la casa de un amigo, y ahí ve todo, pasado, presente y futuro del mundo. La Semana Santa o Criolla o Turismo del Uruguay es un Aleph, porque conviven todas las cosmovisiones uruguayas en esa misma semana.
Estamos cargados de contradicciones. Por ejemplo, el Viernes Santo es el día que matan a Jesús, luego que lo crucifican los romanos. Ese día los cristianos hacían ayuno como penitencia, pero nosotros no hacemos ningún tipo de penitencia, ningún cristiano hace ayuno, eso sí, no come carne. Estaba prohibida la carne, pero eso era secundario, ¿para nosotros qué es lo central? Que el viernes no se come carne.
Pasemos a la Semana Criolla, otro mito, donde se revive un pasado que no existió, porque nunca existió eso que hacen en el Prado, si existieron los payadores, los domadores, pero todo lo que hay alrededor es un pasado romantizado, nunca existió eso. Son deudores de Javier de Viana, de Elías Regules, de toda la narrativa sobre cómo se fundó el mito del campo, todos blancos y todos de la Asociación Rural del Uruguay. Necesitaron fundar un mito de la ruralidad que nunca existió. El nene bien que se pone la bombacha y el gorrito de paisano, nunca existió. Recomiendo leer cualquiera de las noveles de Amorín, que hizo foco en el pasaje del gaucho al paisano. Ellos no hablan del gaucho, es el paisano. Esa gente que arma la Rural del Prado fue la que exterminó al gaucho, pero sin embargo se apropiaron de ese pasado, lo romantizaron, lo idealizaron de una manera que todos vamos hacia ahí. Walter Benjamin, filósofo alemán, tiene una tesis sobre filosofía de la historia donde dice que no hay documento de cultura que no sea a la vez documento de barbarie, porque la cultura se la quedan los vencedores. Casualmente en este caso, no está ni el gaucho ni el indígena presente. Es otro mito fundante, un pasado que no existió.
Entonces, los dos grandes temas del Uruguay son mitos, en el sentido que el mito es una explicación que da razones de algo, pero no suele tener un sustento racional. Por ejemplo, este mundo lo creó un Dios, eso es una razón, pero es un mito, no tiene sustento. Estas dos grandes visiones como son la Criolla y la Semana Santa son las que encuentro como mitos fundantes del Uruguay.
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PERFIL DE ALBERTO CHIRIFF
¿Estado civil? Acollarado.
Tiene dos hijos.
Es del signo de Tauro y Rata de agua.
De chiquito quería seguir siendo chiquito.
Es hincha de Chaná.
¿Alguna asignatura pendiente? Lo que me propongo lo hago.
¿Una comida? Cualquiera.
¿Un libro? “Los cantos de Maldoror” de Isidoro Ducasse, Conde de Lautreamont.
¿Una película? El lado oscuro del corazón.
¿Un hobby? Filosofar.
¿Qué música escucha? Toda.
¿Qué le gusta de la gente? Como cocina.
¿Qué no le gusta de la gente? La gente.