La realidad que se ignora

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Días atrás se armó un revuelo grande en el país debido a que trascendió que el Intendente de Artigas, admitió “campantemente” que había niños trabajando en las plantaciones de tabaco, en parte porque pretendían colaborar consciente o inconscientemente con el presupuesto familiar.

Ignorar esta situación es para nosotros, ignorar la realidad del interior. Antes que nada debemos decir que estamos de acuerdo en que lo niños no deben trabajar, porque están en edad de ocupar su tiempo fundamentalmente en jugar y aprender.

Liliana Castro Automóviles

Pero lamentablemente –tal como lo hemos dicho- la pobreza en el Uruguay tiene rostro infantil y lamentablemente también no vota. Por lo tanto esperar una salida a este problema es casi que utópico. Los niños y las mujeres en general son las primeras víctimas de la situación actual, sin que nadie se ocupe seria y responsablemente de la realidad. Estos niños abandonados a su suerte

No votan y por lo tanto “nadie se ocupa de su situación”.

Alguien puede argumentar que el Estado siempre se preocupó por este tema y bastaría con aconsejarle que se dé una vuelta la tardecita por los contenedores, de la ciudad. Los que subsisten en estas condiciones tiene una gran chance de ser consumidores o delincuentes o lamentablemente las dos cosas.

Allí la “solución” consistirá en sacarlos del medio. Aparecen los escuadrones que procuran escarmentarlos o sencillamente tenerlos encerrados casi que “de por vida”, cuando no quemarlos vivos, a hacer cárceles “se mayor seguridad”, para eliminarlos de la sociedad.

Las consecuencias están a la vista. Las cárceles se han convertido en verdaderas escuelas y lejos de resolverse el problema se agrava. Hay más detenidos, hay mas condenados y muchos de ellos lo que buscan es escapar a la dolorosa realidad, lo que es aprovechado por los “peces gordos” que trafican con esto.

Una solución de fondo requiere necesariamente sensibilidad social. Requiere saber que gran parte de los consumidores, que duermen en la calle o piden “algo”, son víctimas, y no victimarios y seguramente no vivirán más allá de los 20 años.

Una persona comprometida con la suerte de estas personas nos sostuvo siempre que los más“ despiertos”, roban o sencillamente les quitan al que tiene. Los otros terminan como enfermos mentales o se suicidan, verdadera carne de cañón y su vida, si es que así puede llamársele, suele ser corta y lamentablemente deprimente.

Esta es la realidad todo los demás son vergonzosos paliativos.

A.R.D.

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