La leyenda del puntasauceño que se perdió en el Titanic

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Jean Paul Rodríguez era tataranieto de uno de los más destacados hombres de comienzo del Siglo XX en Puntas del Sauce Verde.

Nos referimos a Clementino Rodríguez Ustra, gran cantor, payador, político y empleado público, de este pueblo bello, enjardinado y bastante lengua suelta del norte de nuestro país

En sus ratos de ocio en la Caja se ponía escribir rimas asonantes en los versos pares o a realizar trenzados con tientos, o cuando no, hablar mal de la gente, eso era lo que le salía mejor, porque si se ponía hablar de sus cuestiones, no tenía nada que decir.

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Unos decían que era un pavo real, pero era realmente un pavo a la hora de escribir cosas de los demás, y nada más.

El gran destaque de Clementino fue cuando dijo que se iba del pueblo, todos suspiraron aliviados, y muy pronto le perdieron el rastro, para suerte de la gran mayoría.

Se contaron muchas cosas de su alejamiento que se fue con un hombre de tez morena al que le decían “El Maestro” y que alguna vez gobernó alguna cantina o un lugar de esos.

Clementino, un segundón de aquellos, un partenaire muy aplicado que le daba el pie para que el Maestro se luciera, pero, todas eran habladurías, porque nadie pudo confirmar sus hazañas, ni las del Maestro.

Lo cierto es que a Clementino no se lo vio más, pasaron cien años, y ahora, por estos días, su tataranieto Jean Paul Rodríguez irrumpió en el pueblo contando que su tatarabuelo, subió y se perdió en el Titanic.

De acuerdo a los datos recabados por Jean Paul, el hombre nacido en Puntas del Sauce Verde se perdió en el Titanic y nadie pudo confirmar su desaparición física. Primero porque, según algunos datos, Clementino subió al Titanic en el día que lo botaron, al Titanic no a Clementino, y se puso a recorrer de proa a popa, y como era tan grande se perdió. No lo vieron bajar del buque unos dijeron que viajó como cocinero, hacia cada pucheros, eso era cierto.

Otros dijeron que se cayó al agua, ese día, antes que partiera el barco famoso y que después de vergüenza se refugió en un pueblito ingles casi sin nombre.

Otros, que mareado se subió a un barquito mas chico, de pescadores, se cambió el nombre y se hizo a la mar viviendo como una pescador más.

Jean Paul descubrió un viejo telegrama de su familiar que decía “hoy me subo al Titanic, sea como sea”.

Y fue así, como contamos antes, que subió, y se perdió, ¡y como se perdió!.

Jean Paul asegura que su tatarabuelo estuvo en el naufragio y que trepado en un madero llegó a una tribu de esquimales, y que vivió el resto de su vida con ellos, pero..

El hombre no se resigna, y afirma, que hace unos años anduvo por esas zonas fría y se encontró con un esquimal que era igualito al retrato de Clementino y se llamaba Rodríguez, y para que un esquimal se llamara Rodríguez, tenía que ser pariente suyo, porque Rodríguez, por más que abundan en el mundo, ninguno había rumbeado por su propia voluntad a tan lejano y frío lugar.

Por eso, alrededor del personaje se ha creado una historia que aún ahora, cien años después de la tragedia, causa polémica.

Jean Paul señala que su tatarabuelo al momento del naufragio, cedió su lugar en el bote salvavidas a una mujer francesa llamada Juana Paulinec, que su abuelo lo sabía y su padre también y es por eso que le pusieron el nombre de Jean Paul.

Jean Paul lo que pretende es que en Puntas del Sauce Verde se lo considere un héroe o por lo menos se lo recuerde simplemente como que estuvo allí, ese barco.

Lo que no está probado es si viajó de polizón, de cocinero o como pasajero de primera, de segunda o de tercera, porque no se sabía si el hombre tenía plata.

Un edil, que cree en la historia elevó una nota para que una calle, una plaza o un barrio de Puntas del Sauce Verde lleve su nombre.

Otro edil, opositor, el tipo, dijo que podrían ponerle el nombre de Clementino a la sala de objetos perdidos de la comuna local o a una chalana del puerto, por ser lo mas cercano a las aguas que se le ocurría.

Lo cierto es que podemos tener la historia de un héroe entre nosotros, de un hombre que estuvo en el barco más famoso después del Arca de Noé, y que la casa en que vivió (hoy tapera), puede transformarse en un Museo del Héroe, si el Ministro de Cultura colabora por lo menos para refaccionarla, pintarla y colocar un Titanic en miniatura en el frente.

Jean Paul quiere cobrar la entrada a la casa, y que el producto de las mismas que engrosen las arcas municipales, y sus bolsillos, porque para algo él es descendiente directo de don Clementino, las cosas justas, no cualquiera desciende de un héroe que a su vez descendió del barco más nombrado, y que se podría hacer una película con su historia, adaptada al rìo Arapey o Daymán, para no ir tan lejos a filmarla, porque uno nunca sabe, si se hundió una vez, capaz que se hunde de nuevo en medio de la filmación.

La idea está tirada si Hollywood la agarra o no es problemas de ellos…

Sino pedimos un apoyo a los Fondos concursables del MEC, porque lo del viejo Clementino es como apoyar al arte….

Camaca

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