La cuestión está en la transparencia

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    El Banco de Previsión Social se apresta a revisar y actualizar el tope de lo que paga la institución por seguro de enfermedad.
    Como se ha explicado hoy día un  trabajador en el seguro por enfermedad puede cobrar como máximo en efectivo, 4.800 pesos. Seguramente que ningún trabajador puede mantener a su familia y hacer frente al costo de los se4rvicios con esta suma.
    De allí que el directorio del BPS se aprestaría a elevar este monto hasta alcanzar los 16 mil pesos en forma escalonada.
    En principio esto no parece cuestionable. Es más, diríamos que parece justo que en todos los casos el seguro sea un porcentual del sueldo que se deja de percibir por la enfermedad.
    Pero la cuestión tiene un elemento esencial. Mientras la enfermedad no se verifique por parte de un médico certificador, ajeno al médico tratante, se estará quitando cristalinidad, corrompiendo un sistema que ha sido concebido para tratar de disminuir el impacto negativo que tiene la enfermedad en la economía del trabajador.
    Y entiéndase bien, a ningún trabajador honesto y responsable le sirve enfermarse, porque nunca ganará lo mismo que trabajando. Eso sí, hay quienes utilizan esta vía para dedicarse a un trabajo informal o sencillamente para vacacionar indebidamente.
    Conocemos casos de abusos, tanto a nivel público, como a nivel privado, donde hay trabajadores y trabajadoras que prácticamente “viven”, de licencia por enfermedad y en muchos casos tienen una salud inmejorable.
    Puede pensarse que si se trata de una empresa privada “allá ella”, no nos debe interesar. Pero el punto está en que aún en estos casos, el seguro por enfermedad, cuando excede los tres días, los pasa a pagar el Estado, es decir todos nosotros.
    Para que se entienda, quienes hacen esta “calesita” de corrupción, tanto el médico que firma el certificado, sabiendo que se está prestando a una “truchada”, de gente consuetudinaria en esta práctica, como quien la hace y hasta quien la admite sin más, ni más, nos está estafando.
    Nos estafa en el bolsillo, porque todos tenemos que aportar para pagarle a estos zánganos y nos estafa en la credibilidad de un sistema que se basa en la solidaridad con quien realmente lo necesita.
    Este es el punto. El BPS debería de ocuparse en chequear debidamente los casos de enfermos “crónicos”, que gozan de excelente salud. Esto permitirá no sólo corregir estas estafas, sino esencialmente, volcar los recursos a quienes realmente lo necesitan y quizás hoy hallan mucho más trabas que las razonables para poder probar su enfermedad, casos que también conocemos.
    En definitiva. Compartimos la elevación delos montos, pero entendemos que no debe hacerse sin exigir y fiscalizar como es debido que realmente la enfermedad sea verídica.

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    Liliana Castro Automóviles