La ciudadanía ya habló, pero se sigue insistiendo,
¿por qué?

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Voto desde el exterior

Se nos ocurre empezar a pensar y a escribir estas líneas a partir de la siguiente frase, nada menos que de José Gervasio Artigas: “Para mí no hay nada más sagrado que la voluntad de los pueblos”. Veremos por qué…

Hace algunos días escuchamos, con evidente sorpresa, que volvía a ponerse sobre la mesa el tema del voto desde el exterior. Es decir, la reiterada polémica de habilitar constitucionalmente o no, que los uruguayos que viven en el exterior puedan participar, con su voto, de las Elecciones Nacionales en Uruguay (por ejemplo a través de los Consulados, de ahí que muchos le llaman «voto consular»).

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Quiero, en lo personal, ser muy sinceros en esto: yo no tengo todavía una opinión del todo clara, no tengo una opinión demasiado definida sobre ese punto. Si en este momento me preguntaran si estoy de acuerdo con que los uruguayos que viven en el exterior (esos que a veces llamamos “ el departamento 20”) puedan decidir en nuestra elección de autoridades de gobierno, yo respondería: necesito informarme un poco más sobre los argumentos que se dan de uno y otro lado.

Porque sin ninguna duda el asunto es muchísimo más amplio y más complejo que decir simplemente: “Está bien que voten porque son tan uruguayos como nosotros”, o contrariamente decir: “No tendrían que votar porque ellos eligieron irse y ya no están día a día en contacto directo con la realidad del país”. Es mucho más profundo que razonar: “Tienen que votar solo los que trabajan y aportan acá, no los que miran el país de lejos”, o que decir, por el contrario: “Si pudieran votar, con su visión ayudarían a mejorar la poítica de acá y hasta podrían volver”. Y así se oyen y se leen infinidad de comentarios y opiniones más.

Claro, quien esto escribe, es probable que no tenga clara la opinión porque no le toca ni le ha tocado vivirlo en carne propia… Sí sabemos que hay uruguayos leyéndonos desde el exterior, y quizás ellos sí tienen clara una postura, y es muy respetable por cierto.

Pero sobre todo, y aquí viene el punto en el que quiero detenerme hoy, creo que sería sumamente interesante preguntarle a los uruguayos a ver qué piensan, hacer una consulta popular amplia, un plebiscito, de modo que fuera una decisión democrática… Pero, ¿sabe lo que pasa, estimado lector? Que ya se hizo esa consulta, y en ella los uruguayos votaron por la negativa, no quisieron el voto desde el exterior. Entonces, ¿otra vez vamos a seguir insistiendo con algo que, de aprobarse, significaría desconocer un pronunciamiento popular? ¿Por qué?

Lo cierto es que el último plenario de la izquierda uruguaya, que se celebró el pasado sábado 4 de este mes, tuvo dentro de los puntos a discutir la idea de «impulsar todos los mecanismos» que estén a su alcance «para garantizar el derecho de las uruguayas y uruguayos en el exterior a ejercer plenamente su ciudadanía y participar en el acto electoral».

Entonces, está claro, no cabe ningún tipo de dudas ya, que desde hace varios años el Frente Amplio quiere instaurar el voto desde el exterior. Y seguramente seguirá persistiendo en su afán hasta que muy probablemente un día lo logre (¿modificando la Constitución mediante otros mecanismos? ¿Desconociendo la voluntad del pueblo?). Pero, lo que yo no logro entender, sinceramente, es justamente eso, por qué insistir en seguir yendo contra la voluntad del cuerpo electoral. Y contra la Constitución también, porque hay que recordar que contra la Constitución de la República en este mismo tema ya se quiso actuar, ¿se acuerda?, fue en el año 2020.

O sea: en los últimos años, es la tercera vez que se trae a colación el tema…
No está de más recordar un poco… En 2009, el Frente Amplio propuso reformar la Constitución con ese propósito y la propuesta fracasó. Es más, podría decirse que fue un fracaso rotundo: obtuvo su propuesta solo el 37% de respaldo del cuerpo electoral. (Digámoslo de otra forma: el 63 % de la población votó en contra de una modificación que hoy vuelven a proponerse).

Bien, el caso es que, como aquel resultado de 2009 no fue el esperado, el que se quería obtener, en 2018 únicamente con votos del Frente Amplio, se aprobó en el Parlamento una “ley interpretativa” para hacer los cambios que la ciudadanía -insistimos- ya había rechazado en las urnas nueve años antes. Pero tampoco prosperó esa reforma que se pretendía, porque la oposición de aquel momento (conformada por el Partido Colorado, el Partido Nacional y el Partido Indpendiente) denunció la inconstitucionalidad de la Ley, y la Suprema Corte de Justicia le dio la razón, por lo que quedó sin efecto.

En definitiva, volvemos a decirlo: en poco más de una década, se busca por tercera vez, imponer un tema que el pueblo uruguayo, libremente y mediante las urnas, ya rechazó.

Aunque… Siendo sinceros, no debería sorprendernos demasiado, pues ya hizo lo mismo con la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, cuya vigencia dos veces ratificó el cuerpo electoral uruguayo: primero en un referéndum del año 1989 y luego en un plebiscito de 2009 (elecciones en que también se votaba por sí o no al voto desde el exterior). Y a pesar de ello, gracias a las mayorías parlamentarias con que contaba, el Frente Amplio «interpretó» la norma y la incumplió.

La izquierda de nuestro país, ¿estará tan segura que los votos de los uruguayos que viven en otros países son todos a su favor? Creemos que el Frente Amplio tiene enormes chances de recuperar el Gobierno Nacional en las próximas elecciones, sin recurrir a esos otros votos que lleguen “de afuera”. ¿Por qué, entonces, insiste tanto…? ¿Por qué?

CONTRATAPA POR: JORGE PIGNATARO

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