LA CASA DEL MAGO

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Un nuevo relato aparece de la mano del Profesor José Buslón, en esta instancia algo que nos lleva a los últimos años del siglo XIX. Cada vez es mayor el asombro que sentimos cuando nos encontramos con estás historias de nuestro Salto, el que desconocemos. Son muchas las leyendas de aquellos tiempos, en esta aparece la magia y la curiosidad para descubrir un nuevo episodio del Salto Místico.

Zorrilla y Brasil; el hogar del mago

Liliana Castro Automóviles

Esta leyenda tiene como lugar, una vieja casa en el centro de Salto, donde hoy funciona una institución educativa.

A menudo las leyendas son referidas por terceros que remiten a otros terceros y dónde nunca se conoce de primera mano a los protagonistas. No es ese el caso de la historia de hoy, donde el relato en primera persona se manifiesta en dos oportunidades, protagonizando similares sucesos.

Las exigencias de la época; Magos y trucos

Corría el año 1986, cuando un grupo de jóvenes osados del barrio Cien Manzanas se dirigieron hacia la vieja casa de calle Brasil al 400, cuidándose de que nadie los viera, se metieron por la entrada al sótano a la cual se podía acceder por la calle, simplemente empujando la chapa de esa casa abandonada. De esta forma ingresaron al reducto, donde hacia más de 100 años el mago había protagonizado su segundo y último acto de desaparición.

En el último cuarto del siglo XIX, se dio un contexto de actos y presentaciones artísticas de gran importancia en nuestra ciudad, dónde sobresalían aquellos que protagonizaban las presentaciones más excéntricas y arriesgadas. Prestidigitadores y magos se llevaban todas las miradas y existía una puja entre ellos para ver quienes lograban sobresalir y así incrementar su prestigio.

Por esta razón los actos y presentaciones eran ensayados y preparados con mucho tiempo y esmero para que nada saliera mal.

El Mago, de quien nadie recuerda bien su nombre, si es que alguna vez lo hizo público ya que él creía, que su condición era su esencia y con eso bastaba, había estado preparando el más llamativo y arriesgado de sus actos, la desaparición. No le gustaba que hablaran de sus acciones como trucos, ya que era defensor de la magia en su sentido más amplio y no de la prestidigitación, el no era un engañador de los sentidos sino, el poseedor de la llave que abre sucesos inexplicables.

En el primer acto de desaparición, siguiendo los estrictos pasos que recomendaba el método todo salió bien, su esposa que estaba allí presente, se preocupó ya que demoró un tiempo en su regreso , pero detrás de la nube de humo, se hizo presente envuelto en su tradicional capa negra con bordes rojo sangre.

El sábado sería su actuación, la que contó con gran promoción en el boca a boca y en algún periódico de poco tiraje y dudosa reputación de la época. Es que estas noticias resultaban despreciada por la clase alta de la ciudad los que consideraban como acciones vulgares, más allá de que entre los concurrentes se encontraban autoridades departamentales, del espectro político pero también religioso, así como connotados miembros de la masonería, quedando la duda, si el Mago no era un hermano masón.

Repitió en su mente cada uno de los pasos para poner en práctica el rito que lo llevaría a la desaparición, aunque en realidad se trataba del pasaje a otro plano, a otra dimensión o por lo menos así lo explicaron un grupo de gnósticos en una charla que con la intención de explicar lo sucedido, unos años después en una casa cercana a la del Mago y para la cual se realizó una convocatoria que incluía solo a determinadas personas interesadas y seleccionadas para la instancia. Lo cierto es que recordó de memoria cada paso, lo había leído de las escrituras de Hermes Trimegisto, y nada podría fallar. Cuando realiza el ensayo por segunda vez y con la presencia nuevamente de su mujer, se dejó ganar por la soberbia, y entendió que podría prescindir de la invocación del guía, que al final no lo necesitaría, ya que su acción se parecía mucho a un viaje astral y no le sería tan difícil regresar. En este punto es dónde los gnósticos que presentaron la charla diferían en la interpretación del Mago, un viaje astral no es un acto de desaparición, decían enfáticamente, ya que de los viajes astrales se vuelve pero de las desapariciones no necesariamente y no se puede prescindir del guía.

Pasaron los minutos y las horas, pero el Mago nuca regresó, su esposa no pudo más que convivir con la angustia y aunque nunca perdió la esperanza de volver a verlo, algo conocía del ritual y suponía lo que había ocurrido. Después de un tiempo, no se supo de ella, se llamaba Etelvina y nadie la vio partir, pero tampoco la encontraron en su casa, la que quedó cerrada y amueblada, donde tiempo después se instala una logia brasileña, modificando su fachada la que se encuentra repleta de simbología masónica y que será motivo de otra entrega sobre Salto Místico. Algunos suponen que encontró la forma de desaparecer e irse con su compañero y que hoy deambulan por la inmensidad, buscando el camino de regreso, al que solo pueden acceder si alguien los invoca.

A esto lo sabían los jóvenes que esa noche, previa ambientación realizaron el juego de la copa.

Ojos aterrados

Víctor, el más valiente y atrevido de los siete, mientras estaban tomados de la mano y ante la aparente falta de respuesta desde el más allá, no paraba de gritar, “mago, mago, mago” y según dicen los demás participantes, el mago se hizo presente, apareció de la nada, envolviendo el lugar en brumas y en un olor pestilente insoportable, alguno que mientras disparaban tuvo el valor de mirar para atrás, recuerda los ojos aterrados del extraño ser, como si buscara alguna respuesta.

El mago presente

Varias de las maestras que allí trabajan y que pidieron no ser identificadas, manifiesta lo incomodas que se sienten, cuando están trabajando en el piso superior a dónde el mago realizo su acto de desaparición, “Una energía muy densa que te llena de angustia” han manifestado de forma coincidente.

Quizás alguna casa espiritista que se encuentra ubicada en las inmediaciones pueda dar testimonio de estos hechos, o quizás guarden silencio como tantos otros, porque de repente lo místico solo nos da seguridad, cuando vive en nuestras conciencias.

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