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jueves, 3 de abril de 2025
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Textos de Alice Zunini, del libro «Mujer de Hogar a la Guerra»

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Diario EL PUEBLO digital
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Por: Jorge Pignataro

Pasó «La Semana de Amorim» como suele denominarse cada año a la última de Julio, atendiendo a que Enrique Amorim nació y murió en Julio: 25 de Julio de 1900 – 28 de Julio de 1960.
Una vez más, su casa, el Chalet Las Nubes, reunió a un muy buen marco de público para actividades conmemorativas.
Tres fueron los eventos este año: la conferencia del arquitecto Ferreirá Quirós sobre Gaudi, la presentación del libro «Mujer de Hogar a la Guerra», entre cuyos autores está la psicóloga salteña Alice Zunini Cesio, y un concierto del grupo Deja Vú.
Como esta página de Cultura de EL PUEBLO de los días lunes busca habitualmente mostrar textos de creación literaria, esta vez ofrece algunos textos de Alice que podrían ubicarse en esa clasificación (en el libro hay otros de corte más psicológico-académico).

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El jardín
La mora dio sus frutos, al igual que la pitanga.
Es verano.
Las temperaturas van subiendo y llegan a ser agobiantes.
La cercanía del río permite acceder a una pequeña brisa, pero no es suficiente.
Los espíritus se cansan, entran el aburrimiento, la desazón.
El deseo de estar solamente en actitud de reposo, agota.
Estamos en Pandemia.
Me preocupo del riego diario, dado que el jardín parece ser una vía de salvación.
Las plantas y flores reciben agua y regalan colores y perfumes diversos.
Eso es la vida, dar y recibir en forma permanente.
El jardín es pequeño, pero disfrutable, me hace bien hacer un recorrido matutino, dado que el follaje de los árboles me brinda paz, junto al trino de las aves.
El agua del pozo de sesenta metros de profundidad es pura y cristalina, todos los días vienen pájaros a beber, en especial un benteveo. Me place verlos.
Como telón de fondo veo los ibirapitá en flor, generando un marco forestal espectacular, combinando el verde intenso y el amarillo, floración de verano.
El viejo ceibo, que creció quizás por una semilla fortuita, hoy da cobijo y sombra a las orquídeas de octubre. El espectáculo es hermoso, diferentes colores y olores se entremezclan generando una mixtura bella. Las glicinas lilas caen como racimos sobre la guía de hortensias rosadas. Dicen que, si hay hortensias, no se casa la niña, pero acá ya no hay niñas para casar, sólo juegan niños pequeños en el jardín. Los agapantos, también llamados flor del amor o lirios africanos, florecen permanentemente y bordean los canteros de piedra laja, al igual que los diferentes tipos de helechos. Las violetas africanas siempre están presentes con sus divertidas tonalidades. Detrás lucen las enredaderas de bignonias entrecruzadas con las campsis, o trompas de fuego, muy visitadas por los picaflores y mariposas. También florecen las hemerocallis, o azucenas de color naranja, que genera alegría y en especial las strelitzias, llamadas también aves del paraíso, con bellas tonalidades rojas y amarillas.
Valoradas ellas, para el uso en arreglos florales.
Las palmeras y el limonero dan un toque interesante al jardín al igual que los ficus y el jazmín paraguayo.
El espinillo, con su aspecto tan particular, nos deleita con su aroma. Los crotones, con sus hojas multicolores, dan vida a un rincón donde lucen el hibisco amarillo y la schefflera. Las azaleas de diversos colores traen alegría.
Los anturios rosa y rojo, originales de las zonas tropicales, visitan poco el jardín porque prefieren la luminosidad de los ventanales del interior de la vivienda.
Todo parece estar en armonía, pero no viene gente, no hay visitas. Sólo naturaleza, mil verdes y flores, todo crece divinamente y es tiempo de Pandemia.

Aparecida
¨Aparecida¨ vive en la glorieta del Parque Solari. Por las noches recorre los senderos junto al inmenso follaje cautivador. Ella recoge las risas de los niños, que han quedado suspendidas entre las flores, y arma collares. A las lágrimas de los enamorados las transforma en pequeños cristales que iluminan en la noche.
Los visitantes nocturnos disfrutan de ese juego de luces y piden sus deseos. Se dice que Aparecida cuida de los enamorados del parque y difunde entre los duendes sus bellas historias de ardientes pasiones y crueles desengaños.
A su paso va prendiendo velas en el sendero para que su sombra elimine a los malos espíritus de la zona. Éstos, a veces, habitan en las copas de los árboles o entre el tupido follaje.
Las flores son testigos de la ternura de los niños y de los juegos que llenan sus almas. Esas flores también inspiran a las novias y las colman de ilusiones en sus vidas.
Aparecida lleva un registro de todos los compromisos amorosos celebrados en el parque, donde las parejas se han jurado amor eterno. Ella genera campos de posibilidad creadora y liberadora. Aparecida abre el espíritu de los hombres para que logren ser seres más felices y solidarios.
Ella da señales y brinda condiciones de posibilidad de logros. Facilita la experiencia creadora en los hombres y mujeres del planeta generando bienestar colectivo en la atmósfera del parque. Ella emana plasticidad creadora. Valora la experiencia y afirma que: ¨ La experiencia de vivir en el Parque me forma y me transforma¨…
Aparecida deja huellas en el intercambio con los humanos que la conocen…
Ella emana paz y calidez en sus palabras. Siempre vivencia experiencias y se mantiene en su alteridad constitutiva.

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ALBISU Intendente - Lista 7001 - COALICIÓN SALTO