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miércoles, agosto 27, 2025

«Federico Moreira: un legado sobre ruedas» 

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Federico Moreira es sinónimo de ciclismo en Uruguay. Comenzó a pedalear como un juego en las calles de su barrio y en la Plaza 33, hasta que dirigentes locales descubrieron en aquel niño condiciones que lo llevarían a escribir páginas doradas en la historia del deporte nacional. 

Campeón panamericano, participante olímpico, ganador de la Vuelta a Chile y referente indiscutido de varias generaciones, su trayectoria es la de un hombre que, sin emigrar definitivamente a Europa, logró poner el nombre del país en lo más alto. 

Hoy, alejado de las competencias y sin siquiera subirse a una bicicleta, recuerda con orgullo un camino lleno de sacrificios, logros y aprendizajes que marcaron para siempre al ciclismo uruguayo. Por tal motivo, el protagonista de la historia de vida de hoy es Federico Moreira. 

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¿Cómo fue su infancia y cuál fue su primer contacto con la bicicleta? 

“Por allá por el año 75, 76, en el cual en esos años siempre nos juntábamos los chicos del barrio a andar en bicicleta y, coincidentemente, un vecino, el Pocho Echeverry, era dirigente de una institución tradicional en aquellos años que era el Club Ciclista Piedra Alta. 

Él era dirigente junto con los hermanos Regueira y el papá Regueira, que eran toda gente de la bicicleta, y ahí empezamos en esas andanzas en bicicleta que la hacíamos como diversión en el barrio y en la Plaza 33. Ahí empezó un seguimiento, diríamos, de ellos como dirigentes, que veían que tenía condiciones como para poder correr. 

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Y así fue que empecé con una bicicleta común a competir en la Piedra Alta, donde era la vieja Bambola, ahí a la llegada, y se iba hasta el barrio San Martín y de ahí se volvía, se iba hasta el Cibarán, se daba vuelta, y así fue que empecé a competir de categoría libre. Después, mis primeras competencias como federado fueron en el Club Piedra Alta.” 

¿Qué lo motivó a dedicarse al ciclismo profesional? 

“Primero que nada, yo creo que tenemos los uruguayos —y cuando digo los uruguayos generalizo todos— hablamos del ciclismo profesional. Lo nuestro no es el ciclismo profesional, lo nuestro es un ciclismo amateur que muchos le dedicamos horas de nuestra vida como si fuéramos profesionales, pero en realidad el ciclismo profesional… hay una gran barrera, prácticamente abismal, la diferencia que hay entre el profesionalismo y el ciclismo que tenemos nosotros. 

En el Uruguay, para poder subsistir, para poder vivir del ciclismo, son contados con los dedos de la mano. Y tampoco es tan amparado por sus instituciones, a pesar de que cuando estuve al frente de la federación firmamos con el BPS y el Ministerio de Trabajo, en aquel entonces, un convenio donde el ciclista podía aportar para, justamente, la palabra que dice usted: profesional. 

Jubilarse como ciclista. En realidad, las instituciones modestas y todo no podían hacer esos aportes y el Estado no los exoneraba y, en definitiva, hoy yo creo que son contados con los dedos de la mano los ciclistas que pueden decir ‘bueno, tengo cuatro o cinco años de aporte a la caja como para poder jubilarme’. 

Eso por un lado. Por otro lado, también que el dinero que se gana es un dinero que es un trabajo como cualquier trabajo común y corriente, y tiene la contra de que al no estar afiliado en una caja no tiene la sanidad.

Le paga un seguro a través de la federación que le cubre cosas mínimas. Entonces digo, lo nuestro no es un ciclismo profesional, es un ciclismo muy amateur, donde sí tenemos muy buenas figuras y, como en la mayoría de los casos, tienen que emigrar a otros países donde sí el ciclismo es profesional y donde ahí realmente pueden tener un pasar mucho mejor con el ciclismo y todo el entorno. 

Pero a mí lo que me llevó fue correr en bicicleta. Tuve oportunidad de estar en el ciclismo profesional, correr en el ciclismo bueno de Europa, pero realmente no me llamó la atención porque desde muy joven trabajé acá en el Uruguay.

Cosa que la gente mucha no la sabe: me miran a mí como bien me dice usted ‘al ciclismo profesional’, pero trabajé cinco años, desde el año 79, o cuatro años en la policía, después estuve tres años sin trabajar y después trabajé durante 30 y tantos años, 33, 34 años en la Comisión Mixta de Salto Grande. 

Y si bien es cierto tenía facilidades para poder entrenarme, tenía que cumplir con mis días, con mi horario, con mi licencia. Tenía nada más que, cuando representaba a Uruguay, la facilidad de poder representar y que esos días no se me descontaran como licencia.

Entonces eso me llevó a adaptarme a eso. No me adapté a la vida de Europa cuando tuve para correr. No me adapté, tenía un proceso de adaptación que era demasiado largo y decidí quedarme aquí en el Uruguay y competir de esta manera, que no me arrepiento de la manera que competí. 

Podía haber mejorado muchísimo más como ciclista en Europa, pero mi forma de ser y el destino quiso que me quedara aquí en el Uruguay. Realmente me siento contento de haber hecho lo que hice, de haber llegado hasta donde llegué, pero con los medios que cuenta Uruguay para hoy. Pero no como ciclismo profesional, es mentira que en el Uruguay existe el ciclismo profesional.” 

¿Cuál considera que fue su mayor logro sobre la bicicleta? 

“Han sido algunos logros, que para mí no es uno solo. O sea, haber ganado una vuelta a algún país, porque el ciclismo se divide en diferentes categorías de pruebas: tenemos las pruebas olímpicas, los campeonatos del mundo, los campeonatos regionales o campeonatos Panamericanos donde participan todas las Américas. Después tenemos las vueltas a cada país para el ciclismo de ruta. 

Tuve la oportunidad de haber ganado la vuelta a un país, como la Vuelta a Chile, que el único que anterior a mí había ganado una vuelta a un país había sido Saúl Alcántara. Y posterior a mí, me cabe decirlo, fue mi hijo Mauricio que ganó nada más ni nada menos que una Vuelta a Portugal en el ciclismo profesional. Eso fue un logro importante para mí, haber ganado la Vuelta a Chile. 

Hace muy pocos días me pasaron unos vídeos que salieron a la luz, que nunca los había visto en mi vida, y ahora con los medios que hay tecnológicos pude ver incluso hasta el lugar donde llegué a ganar la Vuelta a Chile, que nunca lo había visto, que se llama la famosa Cuesta Barriga, que es una subida de 12 kilómetros llegando a Santiago. 

Después, en Juegos Panamericanos tuve la oportunidad —esto lo organiza el Comité Olímpico— de ser campeón panamericano en Indianápolis. Después, en campeonatos Panamericanos, siendo juvenil, tuve tres medallas de oro, dos de plata y tres de bronce. En eso también tuve la satisfacción.

En Juegos Olímpicos participé en dos, tuve la oportunidad de llegar en el grupo principal a los cincuenta. Pude haber estado mucho mejor pero por esas cosas de competencia no se dio y llegué en esa posición. Tuve un segundo puesto también en una vuelta a Venezuela. 

Y a nivel nacional, el haber ganado una cantidad de vueltas y rutas. Entonces creo que esos son todos logros que de alguna manera, en diferentes aspectos, son triunfos en definitiva.” 

¿Extraña la competencia? 

“No, no. Soy de las personas que cuando dice basta, basta. Incursioné en el ciclismo y fue una de las cosas que me propuse: que el día que dejara la carrera como ciclista no iba a subir más encima de una bicicleta. 

Me han invitado varios amigos que tengo en todo el país, me han llamado por teléfono muchas veces a participar en pruebas de gran fondo, en pruebas que son una nueva modalidad que existe hoy en el ciclismo, que corre montaña, donde se mezclan ciclistas federados, de clubes, de instituciones grandes de nuestro país con todo el mundo. Y no, no me llama la atención, honestamente no me llama. 

Y correr en la categoría Máster tampoco me llama la atención. Yo creo que fue una etapa que la cumplí, que di todo lo mejor de mí, y esa etapa ya fue. Entonces por eso, hoy por hoy, ni siquiera me subo más encima de una bicicleta, más con los problemas de salud que tuve justamente por andar en bicicleta. Entonces dije basta y ya está. Ni siquiera bicicleta tengo.” 

¿Qué le diría a un joven que sueña con llegar a donde usted llegó? 

“Primero que nada, que el ciclismo es un deporte donde tiene mucho sacrificio, que hay que luchar para llegar a estar metido adentro de un pelotón del mejor nivel, o por lo menos ser figura dentro de nuestro país. 

Lamentablemente la historia así lo marca y eso lo puedo hablar con propiedad tanto como ciclista y también como dirigente. Para llegar a los mejores niveles del mundo hay que emigrar, hay que emigrar a Europa, a otros países. En Sudamérica puede ser Colombia o puede ser Estados Unidos. Ellos mismos, a pesar de tener un mejor ciclismo, ellos mismos han emigrado a Europa y por eso han tenido filiales de equipos en Europa, que es donde tenemos el mejor ciclismo. 

Entonces, esos jóvenes que comienzan con ilusión, con ganas, que tengan la fortaleza como para decir ‘bueno, me voy a abrir nuevos caminos’, como esos jóvenes que se van hoy de nuestro país porque saben que van a tener un mejor futuro… Bueno, esto es exactamente lo mismo. Soy buen ciclista en el Uruguay, pero si quiero mejorar y llegar a lo mejor del mundo tengo que emigrar. 

Salvo algunas excepciones esporádicas como hemos tenido, bueno, el caso mío, el caso de Milton Wynants, que obtuvimos algunos triunfos a nivel internacional, pero no tuvimos la continuidad en el tiempo ni siquiera logramos estar en ese ciclismo que en definitiva hoy, como decimos con la tecnología, vemos todos los días.

Ahora nomás, mientras usted me está haciendo esta nota, se está corriendo una Vuelta a España donde tenemos dos uruguayos que hace seis, siete años que se fueron y han mejorado su nivel de ciclismo, están en un ciclismo profesional, pero lleva un proceso de adaptación. 

Entonces esos jóvenes que empiezan con ganas, primero hay que ir quemando etapas, pasito a pasito, empezar en un ciclismo como el nuestro, donde todo es sacrificio, donde todo cuesta, donde cada vez las cosas se hacen más difíciles. Para luego, aquellos que tengan la suerte de poder emigrar, llegar a un nivel donde realmente todo el mundo los pueda ver.” 

¿Cómo le gustaría que lo recuerden dentro del ciclismo? 

“Eso depende de cada uno. Cuando uno es figura, como en todos los ámbitos, va a haber mucha gente que lo idolatra y mucha gente que lo destruye. Lamentablemente esas son las reglas de juego y creo que son lógicas. Para muchos, uno fue el mejor ciclista, para otros fue un ciclista más del montón, para otros le tiran un camión de tierra encima y buscan cualquier argumento. 

Yo creo que el ciclista, ayer justamente mirando la Vuelta a España, hablaban de las presiones que debe soportar un deportista, que muchas veces la gente no las conoce. Y más en países donde el periodismo juega un papel muy importante. Y a eso tenemos que agregarle hoy las redes sociales, donde todo el mundo opina, donde todo el mundo dice sus verdades y algunas que no son verdades, donde se puede instalar un relato de una persona que en realidad no es así. 

Entonces ese ciclista o ese deportista tiene una carga muy importante sobre sus hombros, donde realmente hay que saber sobrellevarla. Simplemente, lo que digo es —y parte de mi forma de ser— hablar poco o hablar lo menos posible de lo que uno realmente hizo como ciclista. 

Creo que hay una historia marcada. En mi caso particular, se hizo una película donde se habla de un montón de temas que trataron de destruirme, pero las imágenes, el periodismo de aquella época —que era diferente al de ahora porque teníamos otra tecnología, otros medios— está todo documentado y han quedado muchísimas cosas que no se pudieron conseguir. Las imágenes, los comentarios, hablan por sí solos de lo que uno realmente representó en una época. Agregarle algo más a eso sería algo que no aportaría nada.”

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