Entre lo Importante, lo interesante y lo que corresponde

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    El manejo de la información tiene dos aspectos esenciales. Para el emisor, un desafío a hacerlo en los términos debidos, tratando de ser claro y preciso en lo que  quieren dar a conocer.
    Para los periodistas, que hacen de trasmisores de ese mensaje y median entre el emisor y el receptor final, el desafío radica en estar debidamente preparados y capacitados para recibir y trasmitir ese mensaje  con fidelidad.
    Tan importante es lo uno como lo otro y en cada caso puntual este aspecto está en juego. En el intermedio de estos factores hay muchos puntos que no siempre se tienen en cuenta.
    El emisor – muchas veces un jerarca público o privado ubicado circunstancialmente en una función de interés a la “masa” de la población – suele creer que los medios deben limitarse a informar lo que ellos deciden dar a conocer y de la forma que ellos lo emiten.
    Esto explica que a veces haya jerarcas que “apagan su celular” cuando no quieren ser “molestados” por el periodismo, pero bien que se comunican cuando tienen algo que pretenden sea difundido.
    En el caso de los funcionarios públicos, mal que les pese, deberían tener claro que tienen “el deber” de estar disponibles, aún cuando limiten el acceso o hagan saber su opinión cuando se los requiere por temas banales o sin urgencia alguna, fuera de horas “razonables”.
    Es de su responsabilidad atender debidamente a quienes consideren que cumplen su función con responsabilidad, aún cuando no siempre sea de nuestro agrado lo que digan o trasmitan.
    Además, sigue muy vigente el viejo vicio de considerar que el buen periodista es el que resulta “manejable” y sólo publica lo que nos satisface.
    A estas personas les resulta difícil entender que la información va o debería ir por otros carriles. Los medios que efectivamente aspiran a ser respetados por los lectores no deben prestarse para ser usados de ninguna forma, cuando se trata de campañas que esconden intereses políticos, comerciales o de cualquier otra índole.
    Dejarse usar, a sabiendas o no de fines explícitos o subrepticios, es contraproducente, el lector –en caso de los medios escritos – puede sentirse también usado o defraudado y es el público el bien sagrado de cualquier medio de comunicación masiva.
    Los medios tienen la responsabilidad de determinar, en primer lugar qué consideran noticia o información o sencillamente qué temas creen que son de interés público y luego qué lugar deberán darle.
    Entre otros aspectos deben saber distinguir claramente, entre lo importante y lo interesante¸ que no siempre es lo mismo.
    Nos explicamos. Los temas científicos, los temas académicos, los temas culturales, son muy importantes en cualquier comunidad. Sin embargo no resultan muy interesantes a la hora de atraer el público.
    Un medio que pretenda ofrecer un producto lo más completo posible, tiene necesariamente que manejar estos elementos con equilibrio y sabiduría, navegando entre lo importante y lo interesante, sin dejar de lado su responsabilidad social como formador de opinión.
    A nuestro entender esta es la cuestión.
    A.R.D.

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