Empezó como una idea loca y la verdad que hoy es algo maravilloso de ver”

0
1
Enlace para compartir: https://elpueblodigital.uy/cgzs
¡Ayúdanos! ¿Qué te pareció este artículo?
+1
0
+1
0
+1
0
+1
0
+1
0

José Parentini, médico de Rodó Inclusivo

José “Pepe” Parentini es médico por una vocación que trae desde niño. Estudió y se recibió en la Escuela Latinoamericana de Medicina de Cuba y hoy, entre otros trabajos, es médico de los chiquilines de Rodó Inclusivo.

Liliana Castro Automóviles

1. ¿De dónde viene su vocación por la medicina?

– Desde que tengo uso de razón siempre quise ser médico o algo relacionado a la salud. ¿Viste la típica pregunta que te hace el maestro en la escuela? “¿Qué querés ser de grande?”, “quiero ser doctor”. No le encuentro una explicación de por qué siempre quise ser doctor, pero fue algo que siempre tuve claro desde niño, y hoy no me vería haciendo otra cosa.

2. ¿Podría explicarse por su agrado por las cuestiones biológicas o por una vocación de servicio?

– Quizás un poco de ambas, pero más lo primero. Siempre de chico me gustó mucho la biología, cómo funciona la naturaleza, los animales. No sé cómo será ahora, pero en mi época estaban las disecciones en el liceo de los anfibios, de los reptiles. Luego la biología del bachillerato, donde se habla más del funcionamiento y la fisiología del cuerpo humano. Eso me atrajo mucho.

3. ¿Estudió medicina en Cuba? ¿Cómo llegó esa oportunidad?

– Es así. Allá por el 99 o 2000, cuando yo arrancaba el liceo, un compañero de la familia se fue a estudiar a Cuba, fue de las primeras generaciones de Salto, y fue ahí donde escuché por primera vez el hecho de las becas de medicina a Cuba. Luego con el trajín de la vida y el liceo, por el 2004 cuando cursaba 5° año, fue que me puse a buscar cómo era para obtener la beca. Averigüé que la gente de la FEUU (Federación de Estudiantes Universitarios de Uruguay) a través de la Embajada de Cuba repartían las becas, las que estaban dirigidas hacia personas con una buena escolaridad y con un nivel económico que no le permitiera bancar una carrera en Montevideo. Cuando terminé en 2005, me empecé a mover para entregar toda la documentación. En ese momento tenía 17 años, era menor. En ese ínterin de si me iba o no, hablando con mi madre, me dice “¿y si no te sale la beca? ¿qué vas a hacer?”, nunca se me había cruzado por la cabeza. Mis padres hicieron un esfuerzo para conseguir una pensión en Montevideo, y me inscribí para empezar Medicina acá, en caso que no saliese la beca. Siempre la primera opción fue irme, porque sabía que bancar una carrera terciaria no estaba dentro de mis posibilidades. Pero para arrancar, me anoté, empecé 1° año y a finales de marzo, principios de abril de 2006, me llamaron de la FEUU porque había sido uno de los elegidos.

4. ¿Cómo fue la experiencia al llegar a Cuba?

– Realmente uno va con una expectativa que no tiene nada que ver con la realidad, al menos en mi caso. Llegamos de madrugada, la sede física de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) es enorme, porque antiguamente funcionó una escuela naval. Son muchos edificios. Al otro día cuando amaneció, como que recién caes en la idea de que estás lejos de tu casa, en otro país, con gente que no tenés idea de quiénes son, que te hace pensar qué hago acá. Hoy puedo decir que fue la experiencia más grande de mi vida, que yo con apenas 18 años tuve la valentía de irme, porque quizás hoy no lo haría (risas).

5. ¿Y se encontró con gente de todo el continente?

– Sí, en ese entonces había personas de 27 países cursando la carrera. Había de toda Latinoamérica, desde México hasta Argentina, todos. Además, había gente de Estados Unidos y de Canadá. Quedaron amigos de esa experiencia, tengo muchos contactos. Hoy gracias a las redes sociales uno va viendo la vida de los demás. Los que vivíamos juntos tenemos un grupo de WhatsApp, en su mayoría son uruguayos y mexicanos, pero también viví con nicaragüenses, hondureños.

6. Cuando se recibió y volvió a Uruguay, ¿debió revalidar las materias?

– Exacto. Empecé mi carrera en junio de 2006 y volví el 19 de agosto de 2012, que me quedé en Montevideo aprovechando que mi padre trabajaba allá para empezar el trámite de la revalidación, que no deja de ser un trámite administrativo.

7. Con esta experiencia, y llegada la pandemia, ¿tuvo la posibilidad de estar comunicado con sus compañeros de otros países para ver cómo avanzaba esta enfermedad?

– Sí, y la verdad que en Uruguay se manejó muy bien la pandemia, si bien tuvimos épocas que apretó, que el sistema de salud se había desbordado, pero comparado con otros países se distribuyeron muy bien los recursos, no llegamos al extremo como pasó en Brasil, Argentina o Chile, de tener que clasificar a los pacientes para ver quién ingresaba y quién no tenía acceso a un respirador, acá no pasó eso. Si bien la televisión nunca mostró dónde realmente se luchaba que eran las Emergencias, siempre mostraba el CTI, eso es algo que no me gustó, porque quienes poníamos el escudo y el cuerpo, eso no lo mostró nunca la televisión, nunca mostró la sala de Emergencias, ni mostró cómo había gente en los pasillos con un balón de oxígeno, o la gente afuera sentada esperando el oxígeno. Pasó acá en Salto, pasó en todos lados, pero eso no se vio. Me hubiera gustado que se mostrase, para que el uruguayo tomase conciencia de la gravedad de la situación. Y algo que pasó aquí en Salto, que fue lo que casi llevó al colapso del sistema fue la falta de recursos humanos cuando gran parte nos enfermamos. A finales de febrero, marzo de 2021 hubo un foco dentro de la salud que nos contagiamos cerca de 40 médicos y otro tanto de enfermeros. Entonces, eran menos manos para trabajar. Pero dentro de todo, en general, se respondió bien y la gente ayudó mucho.

8. En medio de la gravedad de la situación sanitaria que se vivía, su señora queda embarazada, y fueron padres. Por ahí la alegría, pero me imagino la preocupación, ¿cómo fue vivir ese momento?

– Nos enteramos que estábamos embarazados a principios de mayo de 2020. Fue un embarazo en aislamiento, era un estrés porque yo trabajaba. Afuera de la casa tenía un balde lleno de productos químicos, llegaba y me sacaba el uniforme, entraba casi desnudo a casa derecho al baño, era toda una psicosis por la incertidumbre en la que se vivía. Además, fue un embarazo bastante complejo porque mi señora tiene problemas de columna cervical, entonces sufrió mucho de vértigo y el tratamiento habitual no lo podía hacer por tener medicamentos que no se pueden usar en el embarazo, y las alternativas no eran efectivas. Piero vino en el 20 y llegó en el 20, porque teníamos fecha para el 3 de enero de 2021 pero llegó el 28 de diciembre de 2020, el año del COVID.

9. ¿Cómo llega su vinculación con Rodó Inclusivo?

– Fue a través de Gabriel Rosconi, que es el presidente de la institución. Lo conocí a Gabriel trabajando en la Emergencia Móvil. Un día él me llama a finales del 2020, porque soy del Barrio Rodó Este, me crie en calle Charrúa al 30, así que Rodó es el cuadro del barrio, y me dijo que tenía ganas de armar algo con los chicos con síndrome de Down, después se fueron uniendo muchachos con otras patologías, sobre todo del TEA (Trastorno del Espectro Autista). Había algunos chicos que ya tenían contacto con Rodó, por ejemplo, Víctor Asencio que es nuestro capitán. Empezó como una idea loca y la verdad que hoy en día es algo maravilloso de ver. Tenemos casi 50 gurises, y la gente con la que nos hemos ido rodeando se han unido al trabajo. Y como le digo a Gabriel, gracias también a él que tiene la voluntad. Uno puede tener los recursos, pero si no tenés voluntad, las cosas no salen. Entonces quedé como médico de Rodó Inclusivo, hemos logrado la cobertura de la Unidad Cardio en las prácticas, cuando tenemos partido. Si hay algún niño o muchacho que se enferma, yo estoy a las órdenes.

10. Se los ha podido ver en algunas instancias, cuando vino el Presidente o cuando fueron reconocidos por APC en los Faustos de este año, y se veía esa capacidad de amor que tienen para dar que emociona al más duro.

– Cada uno de esos chicos tienen su historia de marginación, lamentablemente, casi todos tienen una mala experiencia en otras instituciones por el hecho de ser lo que son. Discriminación, maltrato, porque por su condición física o mental los lleva a no comportarse como los demás, y eso los fue marginando. Ellos son como todos nosotros, incluso sus sentimientos afloran mucho más. Y cuando vieron que estaban entre sus iguales, que todos son tratados de la misma forma, tanto para ellos como para la familia, eso ha llevado a que la familia se involucre tanto con la institución por ese trato hacia los chicos. Y nosotros a veces pensamos que le damos una medallita, pero para ellos es ser campeones del mundo, y ver eso, no sabés cómo te alegra el alma.

¡Ayúdanos! ¿Qué te pareció este artículo?
+1
0
+1
0
+1
0
+1
0
+1
0
Enlace para compartir: https://elpueblodigital.uy/cgzs