El peor error que podemos cometer

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Cuando escuchamos a una ciudadanía encolerizada sostener “que se vayan todos”, porque “todos son iguales”, consideramos que es este uno de los peores errores que se pueden cometer.

Ya sabemos qué pasa en estos casos. Ya sabemos quienes llegan para “salvar a la patria” de los políticos corruptos y deshonestos y poner orden.

Cuando alguien “se lava las manos” sosteniendo que es mejor que se vayan todos creemos que comete un error muy grave. En primer lugar porque no todos son iguales. Todavía quedan políticos sanos y honestos, (aunque haya

qué buscarlos con lupa), y no todos son iguales.

Así sea para votar al que consideramos menos malo, tenemos la obligación de hacerlo para defender nuestra democracia e impedir que otros se tomen las atribuciones que no les corresponden.

No importa que ninguno de los candidatos al gobierno nacional nos convenza, pero no debemos cometer el error de meter a todos en la misma bolsa. Comencemos por cambiar nosotros, cosa nada fácil por supuesto (porque también somos hijos de este sistema) y proclamar bien claro que es lo que queremos, porque es aquí donde todo comienza.

Para eso debemos comenzar por saber distinguir entre las promesas y la realidad. Conocer en primer lugar quien lo dice y que ha hecho este en su vida. La posibilidad de equivocarse siempre existe, porque no es una ciencia exacta, pero tenemos que saber que podemos disminuir al máximo las posibilidades de equivocarnos.

Luego vendrá la etapa de observarlos en acción y aquí veremos porque “los pingos se ven la cancha” que la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace es lo que manda.

Aquello de que hay muchos que “como el hornero hace mucho con el pico” y nada de lo que promete, vale siempre y cuando demuestra que se desempeña diferente a lo que prometió.

Siempre hemos escuchado decir que estos sistemas no son capaces de dar otra cosa que gobernantes mejoradores de plazas, de calles, y de otros lugares públicos pero los verdaderos problemas de la gente, como vivienda, salud, trabajo y demás, trascienden a todos.

Inmiscuirse en política para aspirar a un cargo no es lo más honesto, ni lo más justo precisamente.

Trabajemos para cerciorarnos de que estamos cometiendo los menores errores posibles y para ello lo primero es comenzar por ser honestos con nosotros mismos.

A.R.D.

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