¡El “Chirlo” del “fobal”! Del barrio…y de ese abajo,con la vida siempre…

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Cuentan que después de haber dejado el fútbol y cuando se convirtió en director técnico de Cerro, era durísimo con los jugadores. Les cantaba las cuarenta, «para que vayan sabiendo».
Por eso los citaba como tres horas antes en la sede.
Les decía lo que le tenían que hacer.
Cuenta que «no volaba una mosca» y había quienes desde la ventana sumaban el oído para escuchar lo que exponía. Con él no había «tu tía». Era a «calzón quitado».
Hablaba él.
Imponía él.
Era su receta.


Arrancó jugando en Barcelona, después se fue a Cerro entre los últimos años de la década de los 60 y la década siguiente. Carlos Cayetano Sagradini, al enterarse del fallecimiento, no menciona al «Chilo». Tan solo dice: «mi hermano»
Otro tanto pasa con Sergio González, la palabra «hermano» es la que domina y surge a partir de los afectos.
El «Chirlo», Carlos y Sergio, fueron campeones salteños con River Plate.
El equipo de Baslicio Da Silva. El «Negro» Manuel Alejandro Álvez y el «Chirlo» fueron aviones por las puntas. Mientras Pedro Quiñones producía por el medio, el dictado del gol: fueron 15 gritos como volante.
El «Chirlo» metía coraje, potencia y decisión. Una estampida con forma humana.

«AQUÍ NADIE ES DUEÑO DE NADA»
Cuando fue DT de Cerro, en un diario local ya desaparecido, se incluyó en la semana una información: «Juan Frugoni, el dueño del «4» en Cerro».
Cuando se reunió con el plantel, puso «los puntos sobre las íes».
Y entonces les dijo: «Aclaro que aquí nadie es dueño de nada. Y ya me sacan el «4» de la camiseta. No se usa más».
El «Chirlo» era así. Cortante. Radical. Hasta autoritario. Es que defendía su verdad.
No le faltaba pasión. Sabía bien «cómo bajar el copete, para que a nadie se le suba».
El hecho es que Frugoni no se adjudicó el «4». Fue tan solo cosa del diario.

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«YO Y LOS DE ABAJO»
Unos tres años atrás, en la puerta de acceso a EL PUEBLO, el «Chirlo» se convirtió en una catarata de anécdotas. Pero tampoco relegó el mensaje, casi sin proponérselo.
«No soy de los de arriba. Soy uno más de los abajo. Por eso Cerro es parte de mi vida, aunque aquel River que jugué…me sigue moviendo la sangre. Que nadie diga que fui buen jugador, pero que nadie olvide que nunca me faltó entrega. El que no tiene entrega, traiciona»
Pero también, la convicción que no le faltaba «porque al jugador hay que hablarle fuerte. A algunos si no le reventas los oídos, no entienden. O se hacen que no entienden. Conmigo entendían o entendían. Y el que no entraba para dar todo en una cancha, jugaría de repente medio tiempo. Pero después se iba, no para el vestuario ni para la tribuna: para la casa».


A la edad de 73 años, el miércoles a la noche se murió LUIS GÓMEZ.
El «Chirlo» Gómez. El de Barcelona. El de River Plate. El de Cerro.
El «Chirlo» al que llaman hermano. Al que fue hermano. ¡Y seguro que sí!
Porque, además, los sentimientos son porfiados. Se prolongan vitales, generosos.
Nada como los sentimientos para que aquellas barras perduren. Inalterables. Bien de ellos.
El «Boca» Sagrardini, Sergio González, el «Mono» Izaguirre, «Pichirica» Fagúndez, Pedrito Quiñones, el «Diablo» Aguirrezábal, el «Piojo» Ariel Arralde, el «Lobizón» Monchetti, el «Chita» Hugo Luis Benítez, el «Diablo» Larrosa, Jorge «Lagarto» Silveira, el Indio» Dalmao, Carlitos Fraga, Oscar Aranda, el «Cabeza» Fabricio Reyes, el «Charo» Galbarini, el «Chata» Benítez, el «Tanque» Lleme, Hugo «Cabeza» Rodríguez…y tantos más. Tantos.
Las barras del «Chirlo».
El jugador, el DT, el que por años supo de un carro tirado por un caballo que él conducía y con «parada obligada» en calle Asencio casi Uruguay….
¡Un personaje cómo él!
A veces duro.
Radical porque era así. ¡Pero de corazón bien puesto»!


Sergio Barreto fue jugador de Salto Uruguay, por aquellos años también. Como hincha y como jugador. A la distancia, en estas últimas horas, refrescó un hecho y lo transformó, en síntesis.
«Ponete en la barrera, ¿quién patea? El «Chirlo»… no, mejor pido cambio. Mejor me voy»
Y no habrá caso con el «Chirlo». Así nomás como él sentía que debía ser.
Uno más en la barra de los viejos afectos.
Uno más «en los de abajo» y del brazo con la vida.
Como en la cancha. Para darlo todo. Y sin traiciones.
No las habrá.

-ELEAZAR JOSÉ SILVA-

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