Duele el cuerpo pero también el alma

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El dolor es un indicador de que algo no va bien en nuestro cuerpo. Es una señal que nos envía nuestro organismo para que lo atendamos y pongamos una solución, para no poner en peligro nuestra vida.

El dolor es incómodo, porque tiene una función importante para la supervivencia y no parará hasta que hayamos resuelto la causa o buscado un remedio.

Liliana Castro Automóviles

La definición anterior explica bien lo que es dolor físico, pero existe otro tipo de dolor, que en ocasiones puede llegar a ser tan intenso e incluso más, que el dolor con causa orgánica: el “dolor emocional”.

Todos hemos sentido alguna vez ese dolor emocional, cuando sentimos que nos desgarramos por dentro, que la tierra tiembla bajo nuestros pies o que nuestras piernas no nos sostienen. También es un indicador de que algo no va bien.

No se trata de un problema orgánico, sino emocional y suele estar muy asociado al sentimiento de pérdida, bien sea por una traición, una ruptura… pero se hace especialmente intenso ante la pérdida de un ser queridom aunque hoy , la soledad, la incomprensión, juegan un papel preponderante también

Psic. Alejandro Pignataro: “Es importante considerar que no tenemos que habituarnos al dolor”

Cuando EL PUEBLO planteó el tema de este informe al Lic. en Psicología Alejandro Pignataro, además de aceptar la entrevista, enseguida respondió: “muchas personas llegan al consultorio con el planteo de diferentes dolores, algunos físicos, pero en su mayoría con los llamados dolores emocionales. Trabajando desde hace varios años en clínica he detectado que este dolor emocional es motivo de consulta frecuente”. Fue ese el punto de partida para esta conversación:

-¿Qué es el dolor emocional?

Nos referimos a una experiencia en la que las personas tienen alguna “herida” que nadie ve, porque es psíquica/emocional pero que genera sufrimiento y dolor. En muchos casos estos dolores son más intensos y frecuentes que los sufrimientos que pueden ser causados por una herida física. De todos modos, podemos decir que los dolores emocionales y físicos están muy relacionados, en tanto un dolor emocional muy fuerte o prolongado puede generar dolencias “físicas reales”…

-¿Es lo que le llaman “somatizar”?

Exacto, esto significa que pueden aparecer en nuestros cuerpos determinadas dolencias o sintomatologías, como por ejemplo, dolores musculares, dolor de garganta, erupciones en la piel, problemas gastrointestinales, cefaleas o mareos, solo por citar los más recurrentes a nivel de consulta clínica, que no tienen de origen una causa biológica/orgánica, sino que responden a causas emocionales y psíquicas. También se presentan en muchas ocasiones situaciones en el ámbito de la sexualidad, que las personas las vivencian como problemáticas en tanto afectan su calidad de vida, que tienen que ver con consecuencias de dolores emocionales, como por ejemplo disfunción eréctil, eyaculación precoz, vulvodinia, pérdida del deseo sexual, disfunción orgásmica…

-¿Cómo se podría definir lo que es el dolor?

Podría considerarse una “experiencia universal”, ya que todos y todas en algún momento lo padecemos, y en general tiene una finalidad beneficiosa para la integralidad del cuerpo: es una señal de alarma que nos avisa que algo no está funcionando bien en nuestro organismo y que algo tenemos que hacer con eso. Es importante considerar que no tenemos que habituarnos al dolor. Muchas personas “naturalizan” determinados dolores y parecería que “se acostumbran” a convivir con él. Claramente el estado natural del organismo no es el dolor sino todo lo contrario, es por eso que hay que estar atentos a lo que no es “lo esperable” para poder tomar medidas, prevenir o sanar. Si el dolor persiste claramente condicionará la vida de las personas y a veces también su entorno; es en estos casos cuando estamos frente a lo denominado “dolor crónico”.

-Ahora bien, ¿que se debería hacer frente al dolor emocional?

Esta es una de las grandes preguntas que surgen en el espacio terapéutico. Las respuestas son tan diversas como personas hay en el mundo, pero sin embargo hay aspectos clave que se pueden tener en cuenta. En primer lugar, para poder gestionar el dolor emocional hay que identificarlo, reconocer que existe, que está presente, considerando que cada experiencia dolorosa es única e irrepetible y que requiere un proceso más o menos prolongado para asimilarse y sanarse. Al dolor emocional hay que habilitarse a “sentirlo” y no reprimirlo, pues eso podría aumentar el sufrimiento. En un proceso terapéutico, ya sea personal o acompañado por un Psicólogo por ejemplo, es necesario poder identificar el o los hechos que pudieron generar ese dolor, poder expresarlo, mediante la utilización de diversas técnicas, y que las emociones asociadas puedan expresarse.

-¿Cómo podemos llevar esto a un ejemplo concreto?

En el caso de una situación de duelo por la pérdida de un ser querido, por citar un ejemplo, una de las principales resistencias a transitar por el camino del “dolor” es el miedo; miedo a sufrir más de lo que ya se está sufriendo, miedo a no poder soportar la impotencia de lo que sucede, a vivir situaciones de mayor angustia…De acuerdo a esto es necesario entender la importancia de transitar las etapas de un duelo de forma sana y poco a poco ir reconstruyéndonos en nuestros proyectos de vida. Como planteo siempre a mis pacientes, duelar es “integrar” y es también aprender muchas veces a convivir con el dolor, pero como un “aliado” y no como un “enemigo”.

¿Y se puede salir del “dolor emocional”?

Esa es otra de las preguntas recurrentes en el espacio terapéutico. Y la respuesta es Sí. Muchas veces las personas nos encontramos transitando situaciones en las que nos parece que nada tiene solución. Desde el enfoque psicoterapéutico, se busca acompañarlas en sus procesos con el entendimiento de que todo tiene solución, siempre y cuando se le dé a las diversas situaciones una perspectiva diferente, se haga algo con eso que sucede, se implemente un cambio, y ante todo tener una aptitud y actitud positiva. En varias ocasiones es de gran ayuda apoyarse en aquellas personas de confianza, que a uno lo hagan sentirse bien, y buscar ayuda de un técnico que acompañe el proceso, como por ejemplo un Psicólogo. Somos seres humanos y, como tales, tenemos que considerarnos como seres sociales, necesitamos de otros y otras para sobrevivir; y seres con limitaciones, en tanto en muchas ocasiones no vamos a poder solos con todo y necesitamos de alguien más para poder continuar en el camino. El dolor emocional es algo que sí se puede eliminar, siempre y cuando además de lo anterior las personas puedan reestablecer un equilibrio emocional en sus vidas. Este tipo de dolores son tan silenciosos que se van instalando en la vida de las personas poco a poco hasta invadirlas por completo. Por eso en un proceso terapéutico no solo se deberían identificar y trabajar en los síntomas superficiales, sino atender otras cuestiones de raíz.

-Ustedes hablan generalmente de la importancia de “decir” de lo que nos pasa para poder mejorar…

Sí, para poder salir del dolor emocional, muchas veces suele ser un buen recurso el poder poner en palabras lo que nos pasa o sentimos. Hay temas que nos inquietan y por diversos motivos callamos, lo que hace que el dolor emocional aumente. Este tipo de dolores suelen ser difíciles de describir, de darles forma mediante palabras y además también en ocasiones son complicados de entender por otras personas. Sin embargo, hablar sobre lo que nos pasa o lo que sentimos es necesario y si estas palabras van acompañadas por llanto puede generarse también sensaciones de alivio.

-¿Es bueno llorar para aliviar el dolor?

Es importante recordar que el hecho de llorar no es síntoma de debilidad, sino todo lo contrario, implica poder identificar emociones y poder ponerlas en práctica para sanar.

Testimonio de Sandra Aguiñagalde: “Es una experiencia que contiene casi todos los sentimientos: dolor, libertad, valentía, fragilidad, vulnerabilidad, confianza, fortaleza y más”

Mi hijo murió físicamente pero no espiritualmente”

Santiago Mori Aguiñagalde, el hijo de Sandra, falleció en un siniestro de tránsito hace algunos años (2008), siendo muy jovencito. Uno de los motivos fundamentales por los que esta mamá aceptó conversar con EL PUEBLO y dar su testimonio para el presente informe, es que entiende que a pesar del mayor dolor, “hay que dejar un mensaje y ese mensaje es que se puede vivir”.

Mirando la foto que acompaña esta nota, dice Sandra: “En mayo de 2007 fui diagnosticada con cáncer; esa foto es del día de mi cumpleaños, 8 de setiembre de 2008, él me organizó una reunión, era muy fiestero. Mi cabello estaba creciendo con rulos después de las quimios. Recuerdo que ese día le dije: Santi, Santi, pará, beso, beso hijo. Era tal su dedicación… Recuerdo todo. La gran sorpresa fue que Sofía un día encuentra esa foto en su celular, era su hermana con más afinidad. Ellas (Sofía y Ma. Pía, mellizas) tenían 11 años; realmente es un tesoro esa foto el día de mi cumpleaños 42. A los dos meses Santi nos dejaría físicamente, el 8 de noviembre de 2008, día de la advocación a la Virgen de los Treinta y Tres”.

Luego narra: “Hay muchos tipos de dolor. Todo dolor, como tal duele. En esta oportunidad los clasificaría en dos grandes tipos según mis vivencias. Uno, el que es como la gota en la roca, lento, sumiso, en cierto modo pasivo, pero de ese no voy a hablar…El otro, es el dolor por la muerte de un hijo. Muchas veces me pregunto si la tragedia se podría haber evitado. En los grupos Renacer, creado por el matrimonio Berti Schneider (de Córdoba, Argentina) me encontré con padres de todos lados en un congreso hace unos años en Nueva Helvecia; ahí entendí que el hecho de la muerte es algo tan absoluto, que poco importa el cómo… La muerte es la muerte”.

Te mueres con tu hijo o sigues viviendo”

En determinado momento, ella mismo plantea la pregunta que seguramente vendría más adelante: “¿Como se comienza a seguir viviendo después de esto?”. Y responde: “Hay dos opciones: te “mueres” con tu hijo o sigues viviendo…Cada actitud, cada cosa que hacemos es un mensaje a la humanidad, a nuestros otros hijos y a otras madres”.

Luego nos retrotraemos en el tiempo: “En aquellas madrugadas del 2008, 2009, rocé la locura, perdí varios conceptos que uno cree que los tiene integrados a su esencia. Era comenzar a vivir un mundo desafiante. Tenía mis otros tres hijos adolescentes, sus abuelos, amigos, y otras madres que eventualmente podrían pasar por el mismo dolor. Solo Dios podía entender mi desesperación. Papel y lápiz en mano, comencé a transitar un día a la vez. Santi no tenía por qué ser el motivo de destrucción de mi vida y mi familia. La responsabilidad era y es mía. Encontrar cada día un motivo para seguir, un gesto para continuar, un mensaje “sin palabras” para vivir…A veces lo logro y hay ocasiones en que quedo en cero, como por ejemplo el Día de la Madre, a la noche, es como si en ese momento hubiera sido el accidente, las noticias, todo…Pero hay veces que le he llegado a decir a una amiga: qué lindo que es tener un hijo en el cielo. Y pensaba: estoy loca. Entonces, es un camino, un camino pedregoso…”.

Lo que significa ese hijo hoy

Aquí parte de la reflexión de la entrevistada, con la que cerrábamos la conversación: “Todo duelo debe tener su fin, pero en estos casos entiendo que esto no tiene fin, aunque no por eso es más sufriente. Santi fue un canto a la vida, yo también quisiera serlo. Seguiré buscando todos los días un motivo para honrar su vida. Hoy, en este momento, es mi gran compinche, ahora me está ayudando a expresarme. Todos formamos un todo, las piedras, las plantas, la humanidad, los animales, el sol y la luna, el agua. Todo es creación, pertenecemos al mismo espíritu. Contemplar un atardecer, mis plantas, un niño, un anciano…Somos hijos de Dios. El tiempo lo creó el hombre, tengo una idea de futuro, pero vivo solo por hoy. He comprobado que las madres que vivimos estos procesos tenemos un lenguaje propio, un abrazo, una mirada, un parpadeo…Es una experiencia que contiene casi todos los sentimientos: dolor, libertad, valentía, fragilidad, vulnerabilidad, confianza, fortaleza y más. Mi hijo murió físicamente pero no espiritualmente. Veo en sus sobrinos, gestos, actitudes, que me sorprenden. No me interesa saber de teorías de reencarnación, solo vivo mi aquí ahora. Santi vive en nosotros, en la creación. Amar quiere decir “Tú no morirás”. Necesariamente debe ser un camino de transformación. He pasado varios procesos y sé que así será hasta el día que él me reciba con aquel abrazo y beso eterno. María como mamá de Jesús y mi abuela materna fueron mis grandes maestras. Gracias a todos quienes me ayudaron a transitar tramos de este camino que no sé cuándo tendrá fin…Pienso que si muchos gobernantes pasaran por este dolor, el mundo sería más humano”.

Hablar de dolor en la asistencia médica es inevitablemente hablar de analgésicos”

Para Informe José Parentini

Quien trabaja en la emergencia, tiene un encuentro casi permanente con el dolor de las personas, como ocurre en el caso del médico José Parentini, quien trabaja en esa área en la Unidad de Emergencia Móvil a domicilio.

– ¿Cómo se define al dolor desde el punto de vista médico?

– El dolor desde el punto de vista médico se considera un síntoma. ¿Por qué se considera un síntoma y no un signo? Porque un síntoma está ligado a la parte subjetiva, o sea, que el dolor depende de la percepción de la persona como dolor. Es decir que no es igual el mismo dolor para distintos pacientes, de ahí va la intensidad del dolor. Por tanto, todo depende de lo que se considera el umbral del dolor, que varía de paciente en paciente. Hay pacientes que tienen alta tolerancia al dolor, o sea, un umbral alto del dolor, por tanto toleran mejor el dolor. Eso ocurre cuando son expuestos al dolor, como por ejemplo con los pacientes oncológicos, que tienen dolores generalizados óseos o dolores específicos de acuerdo a su patología, y generalmente son más tolerantes al dolor que quizás una persona que no tiene una patología crónica.

Es decir que el dolor desde el punto de vista médico es un síntoma que va a variar según la tolerancia de la persona, el tipo de dolor que sea, ya sea un dolor osteoarticular o un dolor de causa visceral, o sea, relacionado con los órganos, donde entran todos los tipos de dolores abdominales, cardíacos, los dolores por los trastornos neurológicos. Luego existen los distintos tipos de dolores, como los somáticos que están relacionados a la parte osteomioarticular, están los dolores viscerales que recién explicaba, el dolor neurálgico, que está relacionado a la parte nerviosa periférica.

– ¿Cuáles son los distintos síntomas del dolor físico y cuáles son las dolencias más comunes?

– En los pacientes mayores el dolor causado por el deterioro óseo y articular, como artritis, artrosis, es el motivo de consulta más común en el ámbito donde me desempeño, que es en la consulta de emergencias en la Unidad de Emergencia Móvil en domicilio. Generalmente desgaste de cadera, de rodilla, dolores de columna. También se ve en pacientes un poco más jóvenes las lumbalgias y las lumbociatalgias, o los trastornos a nivel cervical, como las contracturas cervicales, los vértigos periféricos causados por el deterioro también de la columna cervical. Digamos que esto es el pan de cada día.

Después hay otras causas menos frecuentes, como son las cefaleas. El tema del trastorno cervical puede dar una cefalea tensional, que es un dolor de cabeza que responde a la contractura, pero la hipertensión también puede dar lugar a un dolor de cabeza. Muchas veces el dolor es el causante de la hipertensión, entonces como que van de la mano. Se ve mucho en los pacientes mayores, que están con dolor y a su vez se constata hipertensión.

Y luego, una serie de dolores de otra índole, como por ejemplo, los dolores abdominales. Ahora en esta época se está viendo un brote importante de gastroenterocolitis virales, que por tanto dan lugar a dolor abdominal, tipo cólico. Después tenemos otras causas, como los cólicos nefríticos que pueden ser el punto de partida de la constatación de un cálculo en los riñones. Dolores abdominales por otro tipo de patologías, como las apendicitis, pero claro, son dolores mucho menos frecuentes. Pero como causa de dolores en sí, lo más común es el dolor osteoarticular, por el deterioro en los pacientes mayores, y después las lumbalgias, las lumbociatalgias y los trastornos cervicales en la gente un poco más joven.

– ¿Qué tipo de medicación suele darse a los pacientes para calmar el dolor?

– Bueno, justamente, aquí es donde surge la escala de la analgesia. Se dice que los analgésicos se indican según el escalón del dolor. En el primer escalón, generalmente están los analgésicos comunes, que son de bajo poder analgésico, como por ejemplo, la novemina, la dipirona y el paracetamol, que ahí también están los analgésicos de uso tópicos, por ejemplo, las cremas antiinflamatorias, las cremas revulsivas, como el diclofenac, el ketofen y el perifar en crema. Ya después un segundo escalón, que también pertenece a los antiinflamatorios no esteroideos, que ahí es ya cuando no responden a este primer escalón, se pasa al segundo, donde ya entrarían el diclofenal, el ketofen, el meloxicam, el ketorolac. Y ya después pasaríamos a los opiáceos, que son los derivados de la amapola, donde entraría el tramadol como el primer punto, la codeína, y ya después se pasaría a la morfina. Que un paciente reciba morfina, es porque padece un dolor muy intenso.

Después existen otros analgésicos mucho más potentes, que también se asocian a corticoides, que tiene un gran poder antiinflamatorio. Eso se ve, por ejemplo, en la lumbalgias muy intensas, que por ejemplo se asocian a la prednisona, o se asocia un opiáceo con un antiinflamatorio no esteroideo, por ejemplo, el perifar con codeína. A veces se asocia tramadol con diclofenac, y a veces se asocian relajantes musculares cuando el problema es la contractura. O sea que hay una gama de posibilidades que uno puede usar respecto al dolor y a la respuesta del paciente.

Es decir, hablar de dolor en la asistencia médica, es inevitablemente hablar de analgésicos, porque el paciente solicita la asistencia para eso, para ser calmado. Van de la mano.

¿Cómo transitar por el dolor emocional?

Ana Claudia Acosta, es Profesora e Instructora de Yoga, Terapeuta Holística, Maestra en Registros Akáshicos y Alquimia, Herboristera.

Desde ese lugar nos habla de la importancia de transitar el dolor emocional desde el entendido que somos cuerpo, mente y espíritu, y el ser humano necesita ser tratado desde esa integralidad, por lo tanto si existe dolor a nivel emocional, nuestro cuerpo tarde o temprano responderá a esa condición, y nuestro espíritu no es ajeno a ello, por lo que lo primero que debemos entender es que no existe salud si hay “dolor emocional” o desequilibrio en el cuerpo, la mente o el espíritu.

¿El dolor emocional realmente duele?

Ya lo dicen las canciones y los poemas: el amor duele. Pero ahora, gracias a la nueva tecnología, los científicos están confirmando que el sufrimiento emocional realmente puede doler físicamente.

El cerebro procesa el dolor físico en la corteza cingular anterior, y también el dolor emocional.

Las nuevas investigaciones cerebrales revelan que la misma parte del cerebro que procesa el dolor físico también se encarga de procesar el dolor emocional.

Y esto explica, afirman los expertos, que de la misma forma como una lesión física puede causar dolor crónico, mucha gente nunca se recupera de una herida emocional.

El dolor emocional, sabemos, puede adquirir muchas formas. Puede ser el rompimiento de una relación, la exclusión social, o la forma más extrema que es la pérdida de un ser querido.

Muchas personas que han experimentado este tipo de dolor extremo a menudo hablan de “un dolor en el pecho”, “un vacío debajo del esternón”, o de pensar que se están volviendo locos por tanto dolor.

“La gente que ha sufrido daños emocionales a menudo traduce ese dolor en algo físico”, afirma el profesor David Alexander, director del Centro de Investigación de Trauma en Aberdeen, Escocia y quien ha ayudado a sobrevivientes de desastres, incluidos en tsunami en Asia y la guerra de Irak.

“Hablan, por ejemplo, de que les explota la cabeza o de un dolor en el estómago. Es un paralelo muy fuerte”, agrega.

Y sin embargo, afirma el experto, las investigaciones médicas tienden a concentrarse en el dolor físico pero no en el dolor emocional.

En relación a las emociones, según la Universidad de California en Berkeley, existen 27 emociones, todas ellas interconectadas, por lo tanto tenemos veintisiete emociones que debemos transitar.

¿Cómo canalizar el dolor emocional?

Algunas sugerencias: practica la escritura creativa , practica el autocuidado, permítete llorar, procura no alterar los ritmos de sueño y vigilia, cuida tu alimentación, practica la autocompasión, háblate como si fueses tu mejor amigo/a, empatiza con el dolor de los demás, para “sanar” tu cuerpo realiza chequeos médicos, para trabajar en tu mente asiste a Psicólogo y o Psiquiatra, y a nivel del espíritu, puedes acudir a terapias complementarias o alternativas, cada área deberá ser atendida.

Desde lo emocional: permitir el apoyo de personas significativas, bajar la autoexigencia, realizar rituales de acuerdo a las propias creencias y no apurarse, son algunas de las recomendaciones para avanzar en procesar la situación que ha causado dolor emocional.

Desde lo físico pueden aparecer somatizaciones múltiples o mayor vulnerabilidad para enfermar; emocional, con sentimientos de tristeza, rabia y desconexión; cognitiva, con pensamientos recurrentes sobre lo sucedido, dificultades para concentrarse y funcionar; conductual-social, aislándose o disminuyendo la actividad o, por el contrario, aumentándola significativamente; y también, espiritual.

Desde lo espiritual la terapia de armonización de chakras puede favorece a “aliviar el dolor emocional”, así como también está comprobado que el creer en Dios, asistir a una iglesia, creer en “algo” o “alguien” ayuda mucho a aliviar el dolor emocional, está comprobado científicamente que las personas que creen logran superar el dolor emocional con mayor facilidad, y activan mayores áreas cerebrales, y funciones psicofísicas que quienes no creen, ejemplo se activa la glándula pineal .

Terapias que pueden ayudar

Trabajar con la llamada conciencia trascendental; es el poder creativo de Dios, y por ende, el potencial creativo en el ser humano. El yoga nos invita a despertar nuestro potencial divino y revelar el secreto mismo de la creación oculto en lo más fundamental de la naturaleza humana. La práctica de yoga enseña que, en las profundidades de cada instante, se esconde lo eterno; en el interior de todo lugar, se encuentra el infinito; y dentro de cada ser humano, yace Dios. También el yoga laico incide favorablemente en el desarrollo de la integralidad: cuerpo, mente y espíritu y es una excelente técnica de alivio del dolor emocional.

Otro complemento para el afrontamiento del mismo son los tratamientos con Las Flores de Bach: “tomar conciencia para poder sanar”

Las flores de Bach, conocidas y utilizadas en casi todo el mundo como remedios efectivos e inocuos, constituyen un sistema de tratamiento natural, basado en elixires florales, que se emplea para armonizar de manera holística (integral) los desequilibrios físicos, emocionales, mentales y espirituales de todos los seres vivos (sean humanos, animales o vegetales).

Además de trastornos como la depresión, el estrés, la ansiedad, la dificultad de concentración….las Flores de Bach ayudan a corregir patrones mentales y emocionales como la culpa, la rabia, los celos, la impaciencia, los diferentes tipos de miedos, la falta de confianza en uno mismo, el pesimismo, la rigidez mental, la intolerancia, etc.

¿Cómo podemos entonces “curar el dolor emocional”?

Entendiendo que somos seres integrales y tomando contacto con nuestra conciencia divina, tenemos en la naturaleza y en nuestro ser interno las potencialidades para la “cura” tanto del dolor emocional como de cualquier padecimiento físico, en tanto nos demos la oportunidad de vernos desde nuestra esencia y generemos el autoconocimiento de por qué ha llegado a mi esa enfermedad, ese padecimiento ese dolor, qué me está queriendo enseñar, escuchar nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestro espíritu es la “curación para el dolor emocional”. Acudir a espacios de autocuidado con terapeutas capacitados para guiarnos en nuestro autodescubrimiento es uno de los caminos.

“En la fe cristiana el sufrimiento no tiene la última palabra”

Arturo Fajardo, Obispo de la Diócesis de Salto

Conocer la posición de la Iglesia Católica Apostólica Romana sobre el dolor y el sufrimiento, cuando se intenta explicar la pérdida de un ser querido, como la de un hijo, Monseñor Fajardo reconoce que no es tarea fácil, que fue justamente sobre lo que versó la charla con EL PUEBLO..

  • ¿Cómo maneja la Iglesia el tema del dolor?
  • El mundo del dolor como el del mal siempre trae la pregunta por el sentido de la vida y el sentido de Dios, si Dios es bueno, ¿por qué existe el mal, el su-frimiento de los inocentes, la guerra, las catástrofes?
    En el fondo, lo que la fe cristina indica es no la pasividad frente al sufrimiento y frente al mal sino vencer el mal a fuer-za del bien. O sea que de alguna manera esa es la clave, pero que siempre suscita la pregunta por el sentido de la vida, del dolor, de la muerte de los inocentes. Es una gran pregunta que está en el fondo de muchos cuestionamientos a la bon-dad de Dios. De alguna manera creemos que el mal tiene un límite que se lo puso Jesús que venció el mal a fuerza del bien. Pero de todas maneras, esa pre-gunta está siempre presente en nuestra vida respecto al sentido del sufrimien-to. De alguna manera el Evangelio es el evangelio del sufrimiento pero en el sentido de que también nos invita a ser buenos samaritanos.

Quizás la imagen más linda sea la del samaritano que el evangelio narra que pasó el sacerdote, pasó el levita, a ver a aquel que habían asaltado y roto la vida en el camino, y pasa el buen samarita-no, lo cura, lo lleva a la posada. Frente al sufrimiento, la solidaridad aparece en la búsqueda de aliviarlo.
En ese sentido, la Iglesia ha estado en el origen de los hospitales, por ejemplo, y de tantas obras de caridad que han estado en el principio de tratar de paliar el sufri-miento justamente. Y de creer que en la fe cristiana el sufrimiento no tiene la última palabra sino que la tiene la vida y la tiene el bien que vence al mal, porque el mal no tiene la última palabra.

  • Y cuando el sufrimiento y el dolor llegan por cuestiones aleatorias, como en los accidentes de tránsito que se lleva la vida de personas, ¿cómo se les explica a los padres cómo llevar ese dolor?
  • No es fácil. Me ha tocado acompañar tan-tas situaciones donde muchas veces digo que no tengo palabras, que creo que la vida vence sobre la muerte y que la muer-te no tiene la última palabra. Pero intentar explicaciones a veces resulta como un do-lor sobre el dolor, en eso soy muy parco. Siempre cito una frase de aquel psiquia-tra vienés que inició la Logoterapia, Viktor Frankl, que decía que no podemos elegir lo que nos toca, pero siempre vamos a poder elegir cómo vamos a vivir lo que nos toca. Esa libertad última frente al dolor y al su-frimiento no la perdemos nunca, uno pue-de enfrentar una muerte, una enfermedad grave rezongando o resentido o puede in
  • tentar sacar un sentido a esa realidad que es lo que supone la fe cristiana.
  • Frankl vivía esto desde su propia expe-riencia, su familia había sido muerta en el campo de concentración, y cuando él sale, tiene que buscar motivos para vivir. Hay un libro muy lindo de alguien que ha trabajado mucho con el mundo del dolor que decía que no te mueras con tus muertos. Siem-pre he dicho, incluso cuando murieron mis padres o gente que uno quería mucho, qué es lo que nos dirían en ese momento, y es que siguiéramos viviendo y luchando por lo que creemos que es bueno, justo y bello.
  • Hay una carta en ese sentido, que escri-bió el Papa Juan Pablo II hace muchísimos años, sobre el sentido cristiano del sufri-miento humano, que es muy linda y que además escribió cuando se encontraba internado tras sufrir el atentado contra su vida en la Plaza de San Pedro, donde habla desde su propia experiencia de sufrimien-to y dolor, donde refiere al sentido salva-dor del dolor, donde dice que completa en su carro lo que falta la pasión de Jesucris-to, o el dolor unido al dolor de Jesús que también tiene un sentido redentor y salva-dor, cuando uno ofrece las contrariedades y dificultades al servicio de los demás y la búsqueda de la solidaridad. Ser solidario frente al dolor.

Callejeras:

Mayoría de los salteños consultados coinciden en que se sobrevive al dolor con ayuda de otras personas

Para redactar este informe, una vez más EL PUEBLO salió a la calle a conversar con los salteños trasladándole una pregunta concreta a diferentes personas elegidas al azar: ¿Cómo se vive el dolor?

Se verá seguidamente que las respuestas fueron variadas pero, salvo una persona (Eduardo) que respondió que es importante la soledad, hay una gran coincidencia en que se necesita de la ayuda de otra u otras personas.

-Elba (63 años):

“Sentir dolor es una cosa humana, nos pasa a todos, algunos poca cosa y otros algo más grave, no sé, pero también a cada uno le duele de distinta forma. Capaz lo que para mí es un chiste, una pavada, a usted le causa sufrimiento…Pero siempre hay que apoyarse en cosas positivas, como una creencia…La esperanza de que todo pasará, no sé, pero ver siempre lo bueno que va a venir, pensar que el dolor es de ahora y se va a terminar”.

-Claudia (48 años):

“Yo pienso que el dolor se supera haciendo caso a la gente que sabe. Si te duele algo del cuerpo, andá al doctor; si estás con depresión que hoy está tan de moda o algo así, andá a un psicólogo. Para mí hay que recurrir a gente que va a saber curarlo a uno, que lo puede tratar, y una cosa bien importante es consultar a tiempo, yo lo veo así”.

-Juan Pablo (29 años):

“Y…hay que sobrellevar las cosas que la vida nos pone en el camino (piensa)…Capaz que la mejor forma de vivir el dolor es disfrutar de cuando no tenemos dolor y punto (risas)…Hay que disfrutar cuando estás bien y saber que algún día te puede tocar algo malo, mejor dicho, que te va a tocar seguro algo malo, porque nadie se escapa, pero todo pasa…”.

-Eduardo (72 años):

“Si habré pasado por momentos de dolor, la pérdida de familiares…Yo perdí toda mi familia y bastante de golpe. Hay que concentrarse en lo que uno hace, en el trabajo, en la actividad que sea distraer la mente, a mí me sirvió, y no escuchar tantas cosas que dice la gente. Yo me fui quedando solo y le digo que estar solo para mí es, a la vez, la ayuda para salir de eso, uno está solo y razona mejor, piensa en lo malo sí pero también se acuerda de otras cosas…Yo soy de pensar mucho, siempre solo, y como le digo sin descuidar el trabajo que te mantiene entretenido y te controla esto (se señala las sienes)…”.

-Franco (34 años):

“Se vive el dolor haciéndole frente, no hay otra. Si querés escaparte de las situaciones dolorosas es peor. Ya sabemos cómo se escapa mucha gente, ¿no?, con el alcohol, drogas, hay gente que cree que irse a otro lugar es mejor…Yo creo que hay que enfrentar las cosas nomás tratando de ser fuerte, aunque reconozco que hay que estar en la piel de cada uno, a veces uno critica y capaz haría lo mismo. Lo importante me parece que es no aislarse, siempre alguien te puede dar una mano para salir adelante, y no precisa que sea un psiquiatra o un psicólogo, un amigo de repente te ayuda, o tu familia…” .

-Lourdes (56 años):

“Hablar es lo más importante, hablar, hablar y hablar con quien la persona tenga confianza, contar los problema. Además es lo que te recomiendan si consultás (a un profesional), te recomiendan ese desahogo, si te guardás los problemas te afectan más, es más doloroso. Para mí algo muy feo que está pasando es que hay mucha gente que no tiene con quién hablar”.

-Esther (67 años):

“El dolor va a existir siempre, si no es por una cosa es por otra, y se vive con el dolor tratando de hacer vida social, no alejándose, no encerrándose, si no, es mucho peor. Hay que levantarse y decir: ¡Yo puedo!. Y salir, cuesta pero se puede, salir, abrirse a charlar, a hacer actividades, no importa la edad, antes si eras una persona mayor parecía que tenías que estar encerrado, hoy no, y eso para mí es algo bueno, ayuda mucho”.

-Carlos (82 años):

“Lo principal es pensar que no hay mal que dure cien años (risas)…Mire que esa es una gran verdad”.

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