Docente en la Facultad de Derecho preocupado por la formación de las próximas generaciones de abogados

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    – Considera su maestro en Derecho al
    jurista Jorge Gamarra, mientras que quien le
    enseñó a dar clases fue el extinto Eugenio Cafaro.

    El ingresar a su escritorio, pareció un refrescante remanso de tranquilidad ante tanto calor que se sufría en la calle. Un escritorio que apabulla con bibliotecas grandes plagadas de libros, con algunos cuadros donde se destaca la figura imponente de Artigas junto a la Mona Lisa. La agradable charla con el Dr. Carlos Bordoli se extendió por espacio de más de una hora, donde esencialmente hablamos de su visión sobre la abogacía, de cómo debió trabajar para poder culminar sus estudios, sobre el concepto de justicia y lo que ha significado la docencia en su vida, formando en la universidad a las siguientes generaciones de abogados.

    – ¿Por qué eligió ser abogado?.
    – Eso viene de lejos, desde que estaba en el liceo siempre sentí la vocación, no sabía muy bien en qué consistía y a medida que fui viendo qué era la abogacía, cuál era la función que cumplía el abogado, pensé que era lo que me gustaba y creo que acerté. Si tuviera que elegir de nuevo, volvería a estudiar abogacía.

    – ¿Qué encontró en la abogacía?.
    – Primeramente encontré algo que para mí es fundamental que es la independencia, no quería depender, estar en una relación de subordinación en el trabajo, porque cuando yo estudiaba abogacía era un muchacho jovencito y trabajaba…
    – ¿En qué trabajaba?.
    – Trabajaba en un escritorio, en la firma Barbieri y Leggire. Y no me gustaba eso para mi porvenir, yo quería otra cosa. La abogacía me daba independencia, primera cosa, por otra parte me daba posibilidad de realizarme. Cuando me percaté que tenía condiciones para eso en el liceo, opté por la carrera. Además hay muchos componentes que a veces es difícil decir, bueno, por qué concretamente abogacía, claro, tengo una inclinación natural hacia las letras y no hacia la física, la química o la ciencias duras.
    – Cuando se es joven se tiene una tendencia más bien romántica o principista de las cosas, ¿pasó en ese momento por su mente o por su corazón que a través de la abogacía podía alcanzar la justicia?.
    – Eso siempre estuvo, porque la función del abogado –después uno lo comprueba- es justamente defender a un ciudadano semejante, es una profesión de servicio, por la que se presta un servicio a un semejante y a través de la abogacía se busca obviamente la justicia, si se ejerce bien por lo menos, si se ejerce mal, a veces conduce a la injusticia.
    – Usted además como un estudioso del Derecho ha de recordar uno de los mandamientos del jurista uruguayo Eduardo Couture, “tu deber es luchar por el derecho; pero el día en que encuentres en conflicto el derecho con la justicia, lucha por la justicia”. Es decir, ¿el derecho positivo o leyes vigentes en nuestro país no necesariamente conducen a la justicia?.
    – No, pero allí hay un problema que debe ser seriamente considerado, que es una cosa que se discute mucho actualmente, sobre todo en la materia que soy cultor, Derecho Civil. En este momento hay dos corrientes a nivel de Facultad de Derecho entre dos de los profesores más prestigiosos, que son Jorge Gamarra por un lado y Juan Blengio por otro. Una corriente que sigue el Prof. Gamarra, que es el más autorizado civilista compatriota, que fue mi maestro en Derecho y que hoy está escribiendo el tomo XXVI de su Tratado de Derecho Civil, dice que el Código Civil nuestro se afilia a un sistema de origen liberal (“la nueva interpretación intenta reemplazar el principio liberal del artículo 1277 del Código Civil por otro de signo opuesto”, nos dice)  y que eso está vigente en nuestro Derecho, algo que se encuentra en casi todo el mundo, cita juristas italianos actuales que sustentan tal afirmación, por lo que sostiene que uno de los valores más importante es el de la seguridad y la autonomía privada. Ahora bien, el valor seguridad en el ejercicio de la profesión está vinculado con el asesoramiento que brindamos los abogados, por ejemplo, un cliente realiza una consulta y yo debo saber qué dice la ley y si el juez la va a aplicar.
    La otra tendencia dice que por la interpretación evolutiva aplicando el principio de igualdad ante la ley, habilita a los jueces a que puedan apartarse de la ley y solucionar un conflicto intersubjetivo, buscando la justicia, pero eso conspira contra el valor seguridad y contra la autonomía privada que informa el Código Civil. Esas son las dos corrientes que se puede decir que están un poco enfrentadas. Los tribunales en general siguen la posición del maestro Gamarra.
    – Por lo general, en los juicios, ¿gana el abogado que tiene razón?.
    – Se puede dar a veces que gane el que no tenga razón, incluso depende siempre del juez porque el que decide en definitiva es el juez. Porque al juez hay que convencerlo, lógicamente, si hay dos posiciones sobre un tema, o a veces más. Pero si hay por ejemplo, dos o tres posiciones sobre un tema y a mí me favorece en un juicio la posición A y el juez adhiere a la B y el Tribunal de alzada también adhiere a la B, yo perdí el juicio.
    – Estadísticamente, ¿los casos que se pierden en primera instancia luego se ganan en la apelación de segunda instancia?.
    – No siempre, eso es relativo. Siempre es bueno ganarlo en primera instancia, si se lo gana bien, en el sentido que se trate de una sentencia fundada, pesa mucho y por lo general el Tribunal de alzada lo confirma. Perder en primera instancia y después lograr en segunda instancia revertir la sentencia es mucho más difícil.
    – Perdone la comparación, entonces es como en el truco, “la primera siempre en casa”.
    – Sí, yo creo que es preferible ganar en primera instancia, sobre todo si se ha realizado una buena prueba y la sentencia del juez está bien fundada.
    – ¿Cómo surge la posibilidad de la docencia?.
    – Fui alumno de Gamarra, entonces cuando me recibí, intenté quedarme en Montevideo aunque después decidí venirme a Salto, tenía más posibilidades laborales aquí que en Montevideo, donde igualmente estuve un año luego de recibido. En ese año que estuve en la capital, estuve junto al profesor Gamarra en su cátedra, no oficialmente sino para ayudar, asistía a sus clases, ayudaba en algunas cosas junto a otros ayudantes que estábamos allí. En ese momento ya había escrito y Gamarra había escogido un trabajo realizado en clase por mí, como trabajo externo, y lo había publicado en el Anuario de Derecho Civil Uruguayo en el año 1973, es un trabajo de estudiante, se publicaron tres en aproximadamente cuarenta trabajos realizados por alumnos. Le cuento que ahora sigo publicando en los Anuarios, a partir del año 1997, sin perjuicio de otras publicaciones realizadas en otras revistas jurídicas. Y ese año que estuve con Gamarra fue cuando despertó en mí la vocación por la docencia, porque fue la primera experiencia que tuve de lo que era la docencia. Gamarra es un gran profesor y realmente influyó en mí.
    Luego cuando vine a Salto di clases en el liceo en preparatorio, ahí ya tenía la inclinación a la docencia. Y después, cuando finaliza la dictadura militar y que retoman las autoridades universitarias, viene a Salto el inolvidable Profesor Eugenio Cafaro y precisaba un ayudante. En ese momento, un abogado –que actualmente es también profesor en la Facultad- se acordó que yo había estado con Gamarra y de mi inclinación hacia el Derecho Civil y se lo informa a las autoridades universitarias de Salto, entonces me llaman de la universidad para preguntarme si no quería ser ayudante de Cafaro. Titubeé un poquito, pero como me atraía la docencia, acepté, y en 1985 empecé, me presenté a un llamado, me nombraron Grado 2 y hasta el año 90 fui ayudante de Cafaro.
    Puedo decir que si mi maestro en Derecho es Gamarra, quien me enseñó a dar clases fue Cafaro pues estuve 6 años junto a él, quien en el año 91 fallece. Después vino otra profesora, la ayudé dos años más o menos, después pido licencia y más tarde me presenté a un concurso de mérito en 1994 con un tribunal integrado por Jorge Gamarra, Santiago Carnelli y Teresa Gnazzo donde se presentaron varias personas y allí me asignaron la prelación de Grado 3, que es imprescindible para poder hacerse cargo de la cátedra. En el año 96 se pronunció el tribunal.
    – ¿Qué significa formar a sus próximos colegas abogados?.
    – Creo que lo que ellos tienen que aprender fundamentalmente, más que aprender todo ese contenido de tantos libros y leyes, tienen que aprender a aprender, eso es lo primero, la educación permanente. Aprender a aprender porque estamos aprendiendo todos los días, entonces, hay que enseñarles contenido, si, pero hay que enseñarles también cómo se aprende nuevas cosas, cómo se analizan los problemas, porque eso es lo que hacen en la vida práctica y, en la medida de lo posible, aunque ello no siempre tiene resultado, porque luego los ve actuando en el gremio, algunos salen bien y otros no, pero digo, en la medida de lo posible, uno les da una cierta línea de cómo debe ejercerse la abogacía, porque hay un concepto erróneo de que el mejor abogado es el más ligero o menos honesto y las cosas no son así.
    – Justamente, alguna vez un docente enseñó en Derecho Penal que por lo general las personas acusadas de cometer un delito son víctimas del sistema, por tanto todo vale para defenderlas, meter chicanas en los juicios por ejemplo. Eso parece ir medio a contrapelo de los valores como el de honestidad que usted recién refería, ¿no hay forma en la universidad de combatir estos aspectos negativos de su profesión?.
    – Eso pasa porque si partimos de la base que el sistema tiene falencias y se ataca al sistema, bueno, recordemos que parte del sistema es el Derecho. Las chicanas no deberían aceptarse, que un día sea necesario utilizarla en un caso extremo para alargar un lanzamiento porque una persona es dejada en la calle, eso es una cosa, pero yo he visto chicanas que han durado años y que ha destruido a familias. A veces he visto gente litigando diez o doce años por chicanas y han terminado en la calle, entonces me pregunto, ¿qué logra un abogado? ¿Vamos a aplaudir eso? Y en materia penal si vamos a decir que todo vale para sacar a un preso y entonces se hace cualquier cosa… bueno, el Derecho Penal para estudiarlo es precioso, ahora para ejercerlo a mí no me gusta. De todas formas, eso va en la concepción que se tenga de la vida, porque si uno para ganar va a venderle el alma al diablo, bueno, puede suceder cualquier cosa.
    – ¿Qué prefiere, ejercer la docencia o la abogacía?.
    – A mí me gusta más la abogacía, la docencia es muy linda, es algo distinto, pero yo soy abogado en ejercicio y realmente me gusta. La docencia es algo que luego termina sin aplicar nada, es decir, termina en un ejercicio de escribir o estudiar mucho, delibera y elabora mucho, mientras que la abogacía es una profesión de lucha, de enfrentamiento, de actividad, requiere pensar y actuar, las dos cosas, requiere tener conocimiento para razonar mientras que la docencia es mucho más pacífica, muy distinta. Por eso prefiero la abogacía.
    – Ingresemos en terrenos un tanto filosóficos, ¿existe la justicia?.
    – Si uno estudia teoría general del Derecho, por ejemplo, hay tantos conceptos de justicia como autores, entonces tenemos que saber a qué nos estamos refiriendo.
    – ¿Pero existe o es un ideal a alcanzar?.
    – Y si, hay casos que si, y a veces no, en cuanto a sentencias le digo, pueden haber sentencias que no realizan el valor justicia, o porque el juez se equivocó o porque el juez tiene una posición que entiende que eso es de otra manera y el que la vive realmente o la persona afectada que sabe cómo son las cosas o porque no se pudo hacer una prueba adecuada, se perdió un juicio y se perdió algo que le correspondía, un derecho que tenía pero no lo pudo probar y perdió. El juez ahí no tiene la culpa, pero ahí no se hizo justicia, y sin embargo, la sentencia en autoridad de cosa juzgada es la verdad legal.

    – Hace algunos años se habló de cerrar los cursos de abogacía en Salto porque la plaza de abogados estaba saturada. Usted que está en los dos lados del mostrador, como docente y como abogado, ¿cómo vive esa situación?.
    – No creo que eso se dé, esa duda un día se la plantee al Prof. Arturo Iglesias que viene a Salto a dar Privado I, y él me dijo, “mirá, esto pasó en una ciudad de España donde también en la Facultad estudiaba todo el mundo abogacía y escribanía, pero ocurre que quedan los mejores”. El que no está bien preparado, termina en otro lado, termina trabajando en otra cosa, hay una selección natural, se reciben todos, si, pero los que son realmente abogados y escribanos son los mejores y yo creo que eso se da acá.
    – Una teoría darwinista, la sobreviviencia del más apto.
    – Y en cierta medida es así, porque uno ve que trabaja el que está más preparado o el que hace las cosas mejor, o si no como el vuelo de la perdiz, empieza con mucho brío y enseguida cae. Así que no creo que eso sea un problema.

    Entrevista de
    Leonardo Silva

    ……………

    PERFIL DE
    CARLOS BORDOLI

    Su familia la integra su esposa, un hijo que está en la Facultad estudiando Derecho, su madre una hermana y dos sobrinos. Su padre falleció hace muchos años pero sigue considerando que fue “el mejor amigo que tuvo, un apoyo, un referente que quise mucho”.

    Es del signo de Tauro, no cree en el horóscopo, es católico, le gusta leer libros de historia y escuchar música clásica y los cantos gregorianos. Dice tener “inclinación hacia Peñarol”. Su comida preferida es el asado. Gusta del deporte, suele ser visto por la costanera caminando, además, practica artes marciales.

    Tuvo una beca para poder estudiar en la universidad, pero cuando se produce el golpe de Estado en 1973 se retiran todas las becas, por lo que debió trabajar en una oficina medio turno para poder terminar sus estudios.

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