Distinto sería si se respetaran las normas

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Se trata de la pandemia existente desde hace muchísimos años en el Uruguay y que cuesta muchas vidas la mayoría de jóvenes y hasta de niños, cuando no de adultos que todavía tenían mucho para dar.

Más de un uruguayo muere por día en las carreteras o las calles del país. Se trata de las víctimas de los denominados “siniestros” de tránsito, hasta ahora llamado accidentes fatales. Si es que la denominación ha cambiado y quien piense de esta forma el tema se ha solucionado está en un error garrafal.

Recientemente hemos escuchado a una alta autoridad de la Policía de Tránsito sostener que el tema es que hay déficit de efectivos, se tienen pocos recursos, tanto de vehículos como de personal y que por lo tanto lo que se trata de hacer es una presencia “disuasiva”. Es otro error garrafal, propio de quien no exige lo que tiene que exigir y de quien confunde las cosas.

A riesgo de equivocarnos tenemos entendido que su función esencial no es desalentar a quien comete un delito, sino de aplicar leyes y normas y los infractores deben saberlo.

Basta una breve recorrida por nuestras carreteras para encontrarse con infractores de todo tipo, de los excesos de velocidad, hasta quienes conducen sin estar habilitados para ello, o quienes lo hacen alcoholizados.

Ni que hablar de las motos que circulan por las banquinas ante la vista de cualquier controlador. Siempre hemos sostenido que en este país lo que hace falta es quien controle a los controladores.

Hemos visto conductores de vehículos que se transforman en verdaderos delincuentes, en potenciales asesinos, y solo parece importarles llegar cuanto antes a su destino. Si se comete alguna infracción no interesa, si se pone en riesgo la vida de otra persona, menos aún.

Esto ha pasado, pasa y seguirá pasando mientras no aprendamos a respetar el derecho de los demás, también en el tránsito. Hemos repetido hasta el cansancio que no pretendemos que se los multe o sancione, sino que en primera instancia se les notifique de la infracción que cometen y luego sí, a los transgresores consuetudinarios debe caerles todo el peso de la ley.

Por estos días se han revelado las estadísticas, sosteniendo que un muerto más o un muerto menos, da igual. Pero para que quede claro aquí hay culpables, hay gente omisa y por lo tanto son los responsables en muchos de estos casos.

Alberto Rodríguez Díaz

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